Un paseo farmacéutico

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La expansión de la covid-19, la enfermedad causada por el nuevo coronavirus, nos obliga por ahora a permanecer en nuestra vivienda, paralizando en gran medida la actividad social y económica de nuestro país (y de otros muchos) con el objetivo de poder frenar la pandemia.

A pesar de ello, o precisamente por ello, hay quienes no pueden permitirse retirarse a su casa y siguen al pie del cañón para garantizar que sigamos funcionando como sociedad, aportando además, en determinados ámbitos, su granito de arena para poder terminar con la amenaza.

De entre estos últimos queremos reconocer hoy aquí el papel desempeñado por un colectivo —el que más próximo se encuentra a nosotros de entre todos los que forman el contingente sanitario, además— al que en ocasiones, tal vez por esa misma cercanía que nos impide a veces contemplar la realidad con una cierta perspectiva, olvidamos incluir en nuestro reconocimiento.

Un grupo de personas que cotidianamente, cuando la vida discurre por sus cauces normales, ofrece a todos los que en un momento u otro tenemos que recurrir a ellos mucho más de lo que burocráticamente les prescriben la ley de regulación de servicios de las oficinas de farmacia y el resto de la normativa aplicable. Lo hacen sin importar la hora o el día, pues el servicio está garantizado en todo momento y, por descontado, continúan haciéndolo en estos momentos de zozobra general.

Por ello, recorreremos hoy cinco palabras relacionadas con estos hombres y mujeres, convirtiendo este paseo en un pequeño homenaje y un aplauso a unos profesionales de los que se puede afirmar, parafraseando lo que se dice del servicio postal estadounidense, que ni la nieve, ni la lluvia, ni el calor, ni la oscuridad de la noche —ni el coronavirus, añadiríamos ahora— les impedirán cumplir con su cometido. Gracias a todos ellos.

farmacia.- Término que hace referencia tanto el conjunto de conocimientos relativos a la preparación y combinación de productos para prevenir, remediar o aliviar las enfermedades, o para preservar la salud, como a su profesión o al local, despacho o laboratorio, en que esta se lleva a cabo.

Del francés antiguo farmacie, tomado del bajo latín pharmacia y este del griego pharmakeía ‘empleo de los medicamentos’, de phármakon ‘medicamento’.

En el Diccionario de autoridades (1737) y en las ediciones de 1783 y 1791 de la obra académica aparecía también la forma pharmacia.

La farmacia que está abierta al público durante la noche, los domingos o los días festivos es llamada en España farmacia de guardia y farmacia piloto en Cuba. En la mayor parte del resto de países hispanohablantes se la conoce como farmacia de turno.

En algunos países centroamericanos y en Ecuador se utiliza la locución verbal llevar o tener la farmacia abierta y el doctor dormido para señalar festivamente que alguien lleva la bragueta abierta.

A su vez la última edición del DLE incorporó el término parafarmacia, con el significado de establecimiento o parte de uno en que se venden productos que, aunque no son medicamentos, suelen comercializarse en las farmacias.

farmacéutico.-. Como sustantivo, es la persona legalmente autorizada para ejercer la farmacia como profesión.

Además de boticario, recibía también el nombre de farmacopola, que aunque el propio Diccionario de autoridades (1737) señalaba que ya entonces era voz de poco uso, se ha mantenido en el diccionario hasta nuestros días. En algunos países americanos encontramos además el acortamiento farmaceuta.

En España descubrimos también el rastro de la palabra farmacéutico en el ámbito castrense, pues según la ley de la carrera militar (2007) el sustantivo farmacéutico se usa para acompañar a todos los empleos –cabo, teniente, comandante…− de la especialidad fundamental de Farmacia en el Cuerpo Militar de Sanidad. Por su parte, la sección auxiliar del antiguo Cuerpo de Sanidad de la Armada contemplaba los empleos de farmacéutico mayor, farmacéutico primero y farmacéutico segundo.

Como adjetivo, farmacéutico designa lo perteneciente o relativo a la farmacia. De manera similar a lo que sucedió con farmacia, entre 1737 y 1791 la Academia incluyó para este la forma pharmacéutico, mientras que farmacético, asimismo como adjetivo, se mantuvo hasta la edición de 1992.

Como forma farmacéutica se conoce el modo en que se presenta preparado un medicamento para su administración.

triaca.- Del árabe andalusí attiryáq, este del árabe clásico tiryāq, a su vez del latín theriăca, y este del gr. thēriak [antídotos] ‘remedio contra la mordedura de animales venenosos’, derivado de thēríon ‘fiera’.

También lo podemos leer con las formas, desusadas, atriaca, atríaca, teriaca y la ya desaparecida thriaca.

Es una preparación farmacéutica usada de antiguo, compuesta de muchos ingredientes, entre los que ocupa un lugar preeminente el opio. Se ha empleado para las mordeduras de animales venenosos. El Diccionario de autoridades (1739) indicaba al respecto que el ingrediente principal lo constituían «los trociscos de la vívora» (sic), animal que se consideraba antídoto contra cualquier veneno.

Aunque en su definición el DLE solo explicita la presencia del opio entre sus componentes sí hace referencia expresa en las respectivas entradas del diccionario a que en su elaboración participan también el helenio, una planta vivaz de la familia de las compuestas; el cálamo aromático, raíz medicinal del ácoro, planta de la familia de las aráceas y la zamarrilla, de la familia de las aráceas.

De este vocablo derivan triacal y teriacal, para referirse a lo que es de triaca o tiene alguna de sus propiedades; atriaquero, un sinónimo de boticario hoy en desuso; triaquero, la persona que hace o vende triaca y otros ungüentos o drogas y triaquera, una caja o bote para guardar triaca u otra droga medicinal.

botica.- Otra nombre que recibe la farmacia, el local donde se elaboran y despachan medicamentos. También se denomina así al conjunto de medicinas suministradas o gastadas −«Me gasto un dineral en botica», por ejemplo− o, directamente, a un medicamento, droga o mejunje.

Procede del griego bizantino apothkē ‘depósito, ‘almacén’, que también se encuentra en el origen de apoteca, sinónimo de botica, y de bodega.

En relación con esta última debemos recordar que la incorporación de botica al ámbito sanitario se produce en la primera mitad del siglo xv; antes tenía el significado, que aún se mantiene en Aragón, de tienda, lugar de venta.

Tiene, además, otra acepción ya en desuso: la de vivienda o aposento amueblado y dispuesto para ser habitado –antiguamente hacía referencia también a la habitación o dependencia de que disponían las prostitutas en los burdeles−.

El Diccionario académico recoge además dos locuciones coloquiales en las que es protagonista: haber de todo como en botica, que se emplea para indicar que en un lugar existe un surtido muy variado de cosas o que allí no falta nada de lo que es necesario para llevar algo a cabo, y recetar de buena botica, haciendo referencia al hecho de gastar mucho por tener padres u otras personas que facilitan los medios.

boticario.- Farmacéutico, persona encargada de una botica, que ha cursado los estudios de la carrera de farmacia, que está legalmente autorizada para ejercer la farmacia. El Diccionario de la lengua española incluye todavía, remarcando su carácter coloquial y su poco uso, que en femenino tiene también la acepción de mujer del boticario.

Son sinónimos suyos apotecario, apoticario y, como ya hemos visto, atriaquero.

Voz documentada en nuestro idioma desde 1134, Covarrubias sostenía en el Tesoro de la lengua castellana (1611) que «es el que vende las drogas y medicinas, y por razón de tenerlas en botes le llamamos boticario». El Diccionario de autoridades (1726) ya estableció que emana de botica, a la que se añadió –ario, sufijo que forma sustantivos que significan, entre otras cosas, profesión.

Como ojo de boticario se conocía al mueble, también denominado cordialera, en que se guardaban los remedios más preciados y costosos –la Academia habla de lugar seguro para guardar estupefacientes y ciertos medicamentos−. De ahí que por antífrasis se emplee, en sentido irónico, la locución como pedrada en ojo de boticario para indicar que, cuando no se espera, sucede algo muy apropiado y además en el momento oportuno.

Hasta la edición de 1984 el DLE recogía que en germanía, el argot de la gente del hampa, se llamaba boticario al mercero, el que comerciaba con cosas menudas y de poco valor.

 

El refrán de hoy

«A letra de médico, ojo de boticario»

 En este caso «ojo» se refiere al propio farmacéutico, pues si proverbial resulta la mala caligrafía de los médicos, que en numerosas ocasiones resulta ininteligible para el común de los mortales, no lo es menos la capacidad de los boticarios para descifrarla y poder así dispensar los medicamentos prescritos. Por ello se dice también, con clara intención irónica, aquello de que «era tan clara la letra de aquel médico que el farmacéutico no la entendía».

 

El reto de la semana

¿Qué palabra, que podemos encontrar cada día en la farmacia, tendrían en común este paseo y el piscolabis con el que nos regalamos cada vez que terminamos uno?

 

(La respuesta, como siempre, en la página ‘Los retos’)

Paseando por el Madrid bohemio

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El propio nombre de este blog deja ya claro que tiene como uno de sus principales referentes la flânerie, ese deambular sin rumbo fijo, sin prisas ni objetivo concreto por las ciudades. En nuestro caso, por la lengua, esa ciudad, como dejó dicho R. W. Emerson, en cuya construcción cada ser humano ha aportado un ladrillo.

Y en ese discurrir solemos contar con el acompañamiento y la guía de @La_Felguera, la editorial que ha propiciado varios de estos paseos bien de manera literal, como los que nos llevaron a recorrer el Madrid de los bajos fondos, el del Fandemonium, alguno de los varios posibles valleinclanescos o el de las calles siniestras barojianas, bien a través de alguno de los libros que llevan su factura, siguiendo los pasos de la Horda o de la fantasmagoría.

Volvemos hoy, obligados por un aislamiento impuesto por la pandemia del coronavirus, a pasear virtualmente. Lo haremos por el Madrid bohemio merced a un nuevo ejemplar -que, simbólicamente, inaugura época además- de la revista Agente provocador, que nos propone un viaje a un pasado no tan remoto pero sí bastante desconocido, a una realidad y unos barrios que desaparecieron sepultados por la modernidad pero cuyo rastro aún puede seguirse.

Repasaremos hoy cinco palabras encontradas entre las páginas de lo que son en realidad unas gafas que nos permitirán ver con mirada de rayos x esas calles la próxima vez que pasemos por ellas, siendo capaces así de descifrar lo que oculta este palimpsesto matritense.

P. D. Este paseo está dedicado de manera especial a Marta, que hoy celebra su cumpleaños, con el deseo y la esperanza de que nunca pierda esa curiosidad por la vida que le caracteriza, marca distintiva de toda buena flâneuse. ¡Muchas felicidades!

chambergo.- El DLE lo define como un sombrero de copa más o menos acampanada y de ala ancha levantada por un lado y sujeta con presilla, que solía adornarse con plumas y cintillos y también con una cinta que, rodeando la base de la copa, caía por detrás.

En Andalucía se llama así a un sombrero blando de fieltro de ala ancha y en la Argentina, donde también recibe el nombre de chamberguito, es uno flexible, sin armadura, no siempre de ala ancha. Moliner señala que es asimismo una manera informal de referirse a cualquier sombrero. De uno que se parece al que aquí nos ocupa se dice que es achambergado.

El origen de este vocablo lo encontramos en Charles Schömberg (1601-1656), mariscal y par de Francia, quien introdujo la moda en el uniforme durante la guerra de Cataluña hacia 1650.

Ese modo de vestir, denominado a la chamberga, en boga a finales del siglo xviii y en el xviii, hacía referencia a las prendas, especialmente la casaca, semejantes a las que llevaban los integrantes, llamados también chambergos, de la Guardia Chamberga, instituida en Madrid por la regente Mariana de Austria en 1669 durante la minoría de edad de Carlos II para su protección.

cachimba.- Del quimbundo —lengua bantú que se habla en Angola— kišima ‘hoyo, poza’, quizá a través del portugués brasileño cacimba ‘poza’, ‘hoyo que se hace para buscar agua y cachimbo ‘pipa’. El historiador y lingüista Leo Wiener sostenía en su obra Africa and the discovery of America (1922) que el origen último de esta palabra se encontraba en el árabe, desde donde llegó al África negra.

Su significado más usual es el de pipa, instrumento para fumar, pero si cruzamos el charco —y no debemos olvidar que hasta la edición de 1956 mantuvo la marca de americanismo en el diccionario académico— encontramos, entre otras y según los países, las siguientes acepciones: cacimba, hoyo que se hace para buscar agua potable; colilla de un puro; vulva de la mujer o de un animal hembra; borrachera; cápsula vacía de arma de fuego; semblante adusto; calabaza alargada; marihuana; mentón prominente del prognato; instrumento de percusión de origen africano…

En cuanto a locuciones, llenársele la cachimba de tierra a uno significa enojarse o no soportar más una situación; mandar a la cachimba es rechazar a alguien bruscamente por algo que hace o dice y ponerse una cachimba es sinónimo de emborracharse.

dandi.- Adaptación al castellano del inglés dandy, aunque en esta forma podemos encontrarlo en la obra de escritores de la talla de Valle-Inclán, Baroja, Clarín, Torrente Ballester o Cela.

Es voz que ha corrido alguna peripecia en el diccionario académico, que actualmente lo define como un hombre que se distingue por su extremada elegancia y buenos modales. Sin embargo, cuando la RAE la incorporó en 1936 la consideró sinónimo de petimetre, palabra que encierra un matiz despectivo. Esto se mantuvo hasta la edición de 1947. Después desapareció del DLE para reaparecer en 1984 prácticamente con la acepción que mantiene hoy en día.

Su origen no está claro. Una teoría lo hace proceder de dandyprat ‘enano, paje, persona insignificante’, una palabra de la época isabelina; otra sostiene que lo hace del francés Dandin, apellido de un personaje ridículo, Pierre Dandin, empleado por autores como Rabelais y Molière, derivado de dandiner ‘caminar torpemente’. Desde el inglés dandy regresó al francés.

El venezolano Rafael María Baralt, primer hispanoamericano elegido académico de número, sostenía en su Diccionario de galicismos (1855) que a nuestro idioma llegó precisamente desde el país vecino.

A la cualidad de ser un dandi se la denomina dandismo.

horcas caudinas.- Pasar alguien por —o bajo— las horcas caudinas es una locución verbal que define el hecho de tener que doblegarse, hacer por obligación algo que no se desea, en ocasiones teniendo que soportar condiciones humillantes, sufriendo la natural vergüenza que ello conlleva. Es equivalente a otras como pasar por el aro o tener que hacer algo por el artículo 33.

Para encontrar sus orígenes debemos remontarnos a la antigua Roma, a la conocida como segunda guerra samnita —pueblo de la Italia central—. Según cuenta el historiador Tito Livio en su Historia de Roma, conocida también como Décadas, en el año 321 a. C. los samnitas consiguieron engañar al ejército romano y bloquearlo en el desfiladero conocido como Horcas Caudinas —Furculae Caudinae en latín— por su cercanía a la ciudad de Caudio.

Cuando, acuciados por el hambre, los romanos se rindieron tuvieron que pasar por la humillación de pasar, despojados de sus armas y casi toda su vestimenta, por debajo de un yugo que los samnitas formaron con dos lanzas clavadas verticalmente en el suelo y unidas por otra por arriba, lo que obligaba a los prisioneros, desde los dos cónsules que dirigían la campaña hasta al último de los legionarios, a bajar la cabeza en señal de sumisión para atravesarlo.

mamarracho.- Se dice coloquialmente de una persona ridícula o estrafalaria o de una cosa muy mal hecha o que mueve a risa. Es utilizado asimismo como insulto.

Del árabe andalusí *muharráğg o *muharríğ, y este del árabe muharriğ ‘bufón’. La forma masculina se emplea también para el femenino.

Corominas sostiene que es una alteración de momarracho, que a su vez lo es de moharrache o moharracho —persona sin valor ni mérito o aquella que se disfraza ridículamente en una función para entretener a los demás, haciendo gestos ridículos, según el DLE— por influjo de momo ‘gesto, mofa’, por alusión a Momo, figura mitológica griega relacionada con el escarnio y las burlas.

Relacionadas con ella encontramos también en la obra académica las palabras homarrache, persona disfrazada grotescamente; mamarrachada, conjunto de mamarrachos o acción desconcertada o ridícula, y mamarrachista, persona que hace mamarrachos.

Además, en Bolivia y en Cuba se emplea el término mamarrachero con ese mismo sentido de persona estrafalaria y descuidada en el vestir y en Uruguay mamarrachento es quien hace mamarrachos o quien viste ostentosamente, pero sin elegancia.

 

La cita de hoy 

«Esa es la bohemia, la que consiste en derrochar la vida y el ingenio y el oro, sin fijarse en el mañana: pero cuidándose del hoy y combatiendo a diario por algo que siempre es grandioso, aunque muchas veces sea irrealizable: la conquista del porvenir. […] La otra podrá ser bohemia también, pero no es la bohemia del artista; es la bohemia del tahúr, del mendigo y del miserable. En una palabra: la bohemia de la impotencia».

Joaquín Dicenta

 

El reto de la semana

Teniendo en cuenta la situación de precariedad que caracterizaba la vida de los bohemios, ¿qué ataque –del que, a pesar de su nombre, no tendríamos que salir necesariamente heridos- habría sido de lo más lógico que hubiéramos sufrido en nuestro paseo de hoy?

(La respuesta, como siempre, en la página ‘Los retos’)

Paseando con Andrea y Javi

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La última vez en la que el paseante se acercó a Valencia lo hizo para asistir a un espectáculo de magia. En unos días tendrá la ocasión de regresar por otro motivo que en cierta medida podemos igualmente considerar mágico y más en los tiempos que corren: la celebración de una boda.

Porque si, como decía Oscar Wilde, amarse a sí mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida, amar a otra persona hasta el extremo de casarse con ella resulta, sin duda, el inicio de una ventura llamada a colmar dos vidas.

Sabemos que el matrimonio consiste en construir y consolidar un proyecto de vida común; y que un matrimonio dichoso es además un edificio que debe rehacerse cada día, componiendo sus huesos y tejidos. Y estamos convencidos también de que Andrea y Javi se dejarán la piel a diario para que en este proceso que ahora inician la sorpresa, el miedo, la duda o la confusión nunca encuentren sitio.

Pasaremos hoy la carda por las páginas del Diccionario de la lengua española (DLE) —y las de algunos otros— para seguir el rastro que han dejado en ellos cinco palabras relacionadas con los contrayentes, con la vista puesta ya en compartir con ellos un momento que, parafraseando a Clint Eastwood, seguro que nos alegrará el día.

García.- El apellido más difundido en España, aunque curiosamente no en León, donde se hallaría ya como nombre de pila hacia el año 870 y donde llegó a ser nombre propio de la realeza: García I fue, entre 910 y 914, el primer monarca del reino de León.

De origen prerromano, algunas hipótesis sostienen que puede provenir del euskera: bien de gaztea ‘joven’, bien de hartz ‘oso’.

Como apellido patronímico figuró en el Diccionario de la lengua española desde 1803 hasta 1869. Hoy lo podemos encontrar en la definición de lorquiano: lo perteneciente o relativo a Federico García Lorca, poeta y dramaturgo español, o a su obra, o aquello que tiene rasgos característicos de ella, y como ejemplo de uso de siglo en su significado de 《mundo de la vida civil, en oposición al de la vida religiosa》: Sor María del Tránsito se llamó en el siglo Teresa García. En este último caso se trata de un nombre aleatorio

A su vez, la ventura de García es una expresión irónica utilizada para dar a entender que a alguien le sucedió algo al contrario de lo que deseaba.

Como derivada encontramos la voz garcía, que en Andalucía y en La Rioja es una manera coloquial de referirse al zorro macho, mientras que el Diccionario de americanismos nos dice que en Bolivia se denomina garcía a un hombre que tiene por oficio servir bebidas y comidas en un restaurante o en una recepción oficial.

javiereño.- Gentilicio de los naturales de San Javier, localidad del departamento del Beni, en Bolivia. Se aplica también a lo perteneciente o relativo a ella o a los javiereños.

Este municipio, la primera de las misiones jesuíticas fundadas en la región, debe su nombre a san Francisco Javier (1506-1552). Nacido Francisco de Jaso y Azpilicueta, fue más conocido por el nombre de su lugar de nacimiento: Javier (Navarra), topónimo procedente del vasco que vendría a significar primordialmente «casa nueva».

Aunque javiereño no se incorporó al DLE hasta la edición de 2001, nuestro santo lo había hecho ya en la de 1884 como ejemplo de uso de apóstol en su acepción de «predicador, evangelizador»: San Francisco Javier es el apóstol de las Indias.

Además de estas referencias a quien desempeñó un papel destacado en la fundación de la Compañía de Jesús, el nombre propio que él popularizó aparece también en la obra académica como ejemplo de uso de suyo: No he traído mi coche, Javier prefiere que llevemos el suyo; de tiro, en su acepción, poco usada, de «hurto»: A Javier le hicieron un tiro de mil pesetas, y de grado superlativo absoluto, el grado superlativo en que la cualidad del adjetivo o del adverbio no se restringe a un grupo de seres: El adjetivo guapo está en grado superlativo absoluto en Javier es guapísimo.

Se muestra asimismo como uno de los ejemplos de la definición de nombre propio: Javier, Toledo.

nieve.- Del latín nix, nivis, con el mismo significado, es el agua helada que se desprende de las nubes en cristales sumamente pequeños que llegan al suelo en forma de copos blancos tras agruparse al caer. Esta palabra tiene además otras acepciones, como nevada; la poética suma blancura de alguna cosa; helado en algunos países iberoamericanos o la jergal cocaína.

En su primer sentido es, junto con el hielo y tanto en condiciones naturales como reproducidas artificialmente, la base de los denominados deportes de invierno, que cuentan con sus propios Juegos Olímpicos, que comenzaron a celebrarse en 1924 en la ciudad francesa de Chamonix.

El esquí probablemente sea la más popular de estas disciplinas. El DLE lo define como un deporte practicado con esquís, patines muy largos de madera o de otro material ligero y elástico, que se usan para deslizarse sobre la nieve, el agua u otra superficie. Llegó a nuestro idioma desde el francés ski, que lo tomó a su vez del término homógrafo noruego ski.

Otra de las modalidades deportivas invernales es el snowboard, en el que se utiliza una tabla para deslizarse por una pendiente cubierta de nieve. Este extranjerismo —que, por lo tanto, debe escribirse siempre en cursiva— no está recogido por la Academia. La Fundación del Español Urgente (Fundéu) nos recuerda que se usan en ocasiones las alternativas en castellano surf sobre nieve y tabla de nieve o tablanieve para referirse a él.

zurriaga.- Voz común con el catalán (xurriaca) y el portugués (azorrague) y no ajena al vasco (azorri ‘azote’), el DLE sitúa su origen en el árabe andalusí surriyáqa, que se encuentra en España, en mozárabe, desde el siglo XI. En castellano la encontramos ya, en la forma çurriaga, hacia 1280, en la General estoria de Alfonso X el Sabio.

Es otro nombre que recibe el zurriago, un látigo, una tira de cuero, cuerda o cosa semejante, generalmente sujeta en una vara, que se emplea para golpear; por ejemplo, a las caballerías para estimularlas. En esta línea, en el lenguaje jergal se llamaba zurriaga a la tira de cuero con la que el verdugo administraba los golpes de castigo a los condenados.

En Andalucía se conoce también como zurriaga a la alondra —la única que cita el lexicón académico— y a otras aves de su familia: la vejeta o cogujada y la calandria.

En la otra orilla del español, en Colombia da nombre a una vara de madera dura, que tiene una correa delgada sujeta a uno de sus extremos a través de un agujero hecho con un hierro —fierro dicen allí— candente.

El Diccionario de autoridades (1739) ofrecía como primer significado de zurriaga el de correa larga y flexible que usaban los muchachos para hacer andar los trompos. Esta acepción dejó de aparecer en femenino a partir de la edición de 1822 del diccionario de la RAE y se ha mantenido hasta nuestros días en la definición de zurriago.

allende.- Vocablo documentado ya en 1056, como señala Menéndez Pidal en Orígenes del Español (1926), procede del latín illinc ‘de allí’. A lo largo de la historia podemos encontrarlo además en diversas formas: allén, allend, allent, alende, alend, alen, alliende o aillent, entre otras, además de aliende, que todavía permanece en la obra académica.

Su entrada correspondiente en el DLE da cuenta de su empleo en cinco sentidos, todos ellos con la marca lexicográfica de «culto»:

Como preposición, tiene los significados de «más allá de» y de «además de, fuera de».

Como adverbio, los de «de la parte de allá, al otro lado»; «la parte de allá, el otro lado», y «además», utilizado en este caso con un complemento introducido por la preposición de.

La locución adjetiva de puertos allende se aplica a un territorio situado más allá de una sierra o cordillera.

Entre 1700 y 1803 el Diccionario de la lengua española albergó además el refrán Allende y aquende, con quien te acompaña siempre, que advierte de que tanto en las circunstancias favorables como en las que resultan adversas debe seguir uno a quienes siempre han estado a su lado.

Fuera del reconocimiento académico, aunque sí figura en el Diccionario del español actual (1999) de Seco, Andrés y Ramos, está el sentido de el allende como sinónimo de el más allá, de la vida de ultratumba.

 

La cita de hoy

«En último extremo, el vínculo de cualquier compañerismo, ya sea en el matrimonio o en la amistad, es la conversación».

De Profundis

Oscar Wilde

 

El reto de la semana

¿Con qué cóctel —cuyo nombre no está recogido, aún, en el Diccionario de la lengua española— sería lógico brindar, al finalizar nuestro paseo de hoy, por la felicidad de Andrea y Javi?

 

(La respuesta, como siempre, en la página ‘Los retos’)

Un paseo con “Comunicación para ganar”

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Acabamos de iniciar un nuevo año y con él han llegado, inevitablemente, las listas de buenos propósitos para llevar a cabo durante los próximos meses. Da igual que de forma casi indefectible queden arrumbados una y otra vez a las primeras de cambio: ir al gimnasio; estudiar un idioma; realizar aquel viaje siempre pendiente o… retomar el blog son buenas intenciones que se presentan sin falta en nuestro ánimo al llegar estas fechas.

Sin embargo, resulta difícil encontrar en esas listas de objetivos uno que resulta esencial si nos proponemos en serio que nuestra vida mejore y resulte más gratificante, sea en el entorno personal, en el social o en el profesional: comunicarnos mejor. Una «asignatura» en la que, por más que creamos dominarla, siempre siempre podemos optar a subir nota.

Una de las maneras de conseguirlo es compartir lo que vamos aprendiendo al respecto y eso es justamente lo que hace el profesor de «piragüismo» —como él llama a sus clases de periodismo en la UCM— Arturo Gómez Quijano con Comuncación para ganar, libro en el que nos ofrece 99+1 claves de comunicación《para ganar amigos, clientes y seguidores.

Esta semana compartiremos nosotros la experiencia —y, por supuesto, la recomendación— de su lectura paseando por cinco palabras encontradas entre estos consejos que, sin lugar a dudas, a todos nos vendría bien comenzar a poner en práctica a lo largo de este 2020 recién estrenado.

marketing.- El diccionario académico remite esta voz inglesa —por lo que hay que escribirla en cursiva— a mercadotecnia, que define como palabra usada en economía para referirse al conjunto de principios y prácticas que buscan el aumento del comercio, especialmente de la demanda.

El Diccionario panhispánico de dudas (2005), que recomienda usar con preferencia la voz española, propone a su vez la adaptación gráfica márquetin. Asegura, además, que en muchos países americanos se emplea, con este sentido, el término mercadeo.

Este no está recogido en el Diccionario de americanismos (2010), aunque sí aparecen marketeo, marqueteo o marketineo, con el sentido de campaña o promoción de mercadotecnia; marketear, marquetear o marketinear, con la doble acepción de promover un producto o promocionar a alguien, y marketero, marquetero, marketinero o marquetinero para referirse a la persona que realiza el marqueteo de algo o de alguien.

A su vez, el Diccionario del español jurídico(2016), que también reenvía marketing a mercadotecnia, esta vez ubicándola en el campo del derecho mercantil, incluye los sublemas «marketing agresivo» y «marketing molesto» con el significado de práctica agresiva, un acto de competencia desleal con el que se acosa o coacciona al consumidor.

 

óscar.- El diccionario académico incorporó en 2014, en la llamada edición del Tricentenario, este término que da nombre tanto al premio que la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos de América (AMPAS en sus siglas en inglés) otorga anualmente desde 1929 a los profesionales del cine como  a la propia estatuilla que lo representa. En la primera acepción deberá escribirse con mayúscula inicial.

La figura dorada, que mide 34 cm de altura y tiene un peso de 3,85 kg, representa a un caballero que sostiene una espada de cruzado. Está de pie sobre un rollo de película con cinco radios en representación de los cinco sectores originales de la AMPAS: actores; directores; productores; técnicos y guionistas.

Su nombre oficial es 《Premio de la Academia al Mérito》, pero desde 1939 tiene reconocido oficialmente su sobrenombre. Circulan varias versiones sobre el origen de este, en las que llegan a aparecer el primer marido de Bette Davis o al rey Oscar II de Suecia, pero la más extendida asegura que fue la bibliotecaria de la institución, Margaret Herrick, la que la《 bautizó》cuando al verla por vez primera exclamó que le recordaba a su 《 tío Óscar》.

Por su parte, el nombre Óscar procede del inglés antiguo Osgar ‘lanza de dios’, de gar ‘lanza’ y os ‘dios’ (solo en nombres personales), ambos provenientes en última instancia del proto-germánico. Xiste también otra teoría que lo hace proceder de la mitología irlandesa.

El Diccionario del español actual de Seco, Andrés y Ramos, indica que también reciben el nombre de óscar algunos premios concedidos por un jurado [en una actividad determinada].

 

troyano.- Procede del latín Troiānus y originalmente se aplicaba al natural de Troya, ciudad del Asia antigua y a lo perteneciente o relativo a dicha ciudad o a sus habitantes.

Sin embargo, desde la última edición el DLE incluye una nueva acepción que encontramos en el campo de la informática: un virus capaz de alojarse en una computadora u otro dispositivo electrónico que permite su administración remota para captar información por parte de un usuario no autorizado sin que este sea advertido.

Toma su nombre de la estratagema que emplearon los griegos para poner fin a la guerra de Troya y que encontramos narrada en la Odisea de Homero y en la Eneida de Virgilio: un enorme caballo de madera en cuyo interior se ocultaron varios de sus guerreros, consiguiendo así entrar ocultos en la ciudad. De hecho, el diccionario incluye también caballo de Troya con el mismo significado y, además, con el de persona o cosa que se introduce en una colectividad o en un proceso con la intención oculta de causar algún perjuicio.

En el mundo de la informática el término troyano apareció por vez primera en 1974, en un informe de la Fuerza Aérea estadounidense sobre el análisis de vulnerabilidad de sistemas de computadoras. Más tarde sería popularizado por el pionero de la ciencia computacional Ken Thompson, quien utilizó este concepto en su conferencia de aceptación del Premio Turing, que recibió en 1983.

La citada guerra de troya ha dejado también otros rastros en nuestra lengua: Ser [algo] Troya se emplea coloquialmente para indicar un acontecimiento desgraciado o ruinoso o para señalar el momento en que comienza el conflicto o la dificultad de un asunto; arder Troya denota que algo se hace sin reparar en las posibles consecuencias, mientras que armarse la de Troya es lo mismo que organizarse un gran jaleo.

 

fariseo.- Del latín tardío Pharisaeus, este del griego Pharisaîos, este del arameo pĕrīšayyā, y este del hebreo pĕrūšīm ‘separados [de los demás].

Entre los antiguos judíos se llamaba así al miembro o al seguidor de una secta que aparentaba austeridad y rigor al observar la ley, pero que en realidad eludía cumplir sus preceptos y, principalmente, su espíritu. De ahí que este vocablo terminara por tener el significado por el que es más conocido en nuestros días: hipócrita, aquella persona que finge cualidades o sentimientos contrarios a los que en realidad tiene.

Antiguamente se denominaba también fariseo a una persona alta, seca y de mala intención o catadura; a un hombre injusto, cruel, inhumano, y asimismo, como recoge Moliner, a alguien que llevaba vestidos demasiado largos, que no le ajustaban.

Relacionadas con ella, en el diccionario encontramos las palabras farisaísmo, con el significado de secta de los fariseos; fariseísmo, que además de hacer referencia al grupo religioso tiene el sentido de actitud hipócrita, y farisaicamente, sinónimo de hipócritamente.

A su vez, el adjetivo farisaico se aplica a lo propio o característico de los fariseos y al hipócrita. De él deriva escándalo farisaico, que es aquel que se recibe o se aparenta recibir sin causa, considerando reprensible algo que no lo es.

 

cicerone.- Persona que muestra y explica a los visitantes las curiosidades y lo más notable de un lugar, un edificio, un museo, etc.

Del italiano ciceróne, y este de Cicerone ‘[Marco Tulio] Cicerón’ (106-43 a. C.), célebre orador, escritor y político romano, por alusión a la desenvoltura y facilidad en el hablar de estos guías.

La RAE incorporó este vocablo a su diccionario en 1869 y curiosamente no se encuentra en las dos ediciones siguientes, las de 1884 y 1899: se reincorporó a la obra académica en 1914.

No es esta, sin embargo, la única presencia en nuestra lengua del estadista romano. Su nombre se encuentra también en el origen de:cicerón, que se aplica a una persona muy elocuente; de ciceroniano, que se predica de lo perteneciente o relativo a él o a su obra, o de lo que tiene rasgos característicos de esta, y de cícero, que da nombre a un tipo de letra de imprenta y a una unidad de medida tipográfica que tiene 12 puntos, pues los tipos de una de las primeras ediciones de sus escritos eran del tipo 12.

Aparece además en la etimología de catilinaria —un escrito o discurso vehemente dirigido contra alguien—, por alusión a los cuatro alegatos que pronunció contra L. S. Catilina tras la conspiración que este protagonizó, y en la de la locución latina pro domo sua, literalmente ‘por su casa’, es decir, ‘por sus intereses’, que era el título de la diatriba que Cicerón pronunció, a la vuelta del destierro, contra Clodio, que había hecho que embargasen sus bienes.

Indirectamente lo encontramos también en el germen de tironiano, pues el signo tironianiano o la nota tironiana hacen referencia a un tipo de signos taquigráficos que se emplearon en la antigüedad, cuya invención se atribuyó a Tirón, liberto de Cicerón que actuó como secretario suyo.

 

 

La cita de hoy

«La comunicación es el otro y el talento para conectar con él»

 Arturo Gómez Quijano

 

 

El reto de la semana

¿Qué palabra, que en un principio hacía referencia a unidades fundamentales de los organismos vivos, ha terminado por dar también nombre −usado más en América− a un instrumento que ha llegado a resultar fundamental en nuestra comunicación hoy en día?

 

(La respuesta, como siempre, en la página ‘Los retos’)

Un paseo que tiene tela

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Como saben bien quienes suelen asomarse a estos paseos, la página de Bienvenida de este blog deja claro que el objetivo último de emprenderlos no es otro que el de disfrutar de las palabras. Y para ello paseamos cada vez por cinco de ellas conectadas por un nexo que las reúne.

Ese vínculo puede ser un libro en el que las hemos encontrado; la carta o el menú de un restaurante en el que nos hemos deleitado; la figura de alguien a quien queremos rendir homenaje; una efeméride… Los motivos para adentrarnos en las páginas del diccionario pueden ser tan variados como prácticamente inagotables.

El de esta semana lo ha originado una afición: la que siente Carmen por la costura y que le llevó a sugerir al paseante —envío de más de cien nombres de tejidos y telas mediante—que estuviera por la labor, nunca mejor dicho, y se sumergiera entre agujas, dedales, pespuntes e hilvanes para tramar estas líneas.

Aceptada la propuesta y confiando en no meternos en ningún telar —en uno de los sentidos con que se emplea en tierras leonesas esta palabra que allí alcanza categoría de comodín: asunto complicado o enredado— pasearemos hoy por cinco tejidos que nos han llegado de allende nuestras fronteras y que se unen a otras que ya vimos en su momento, como bernia, crinolina, dril, felpa, fililí, milánmuselina o sinabafa, en la seguridad de que en este tema del cosido aún queda mucha tela por cortar.

anascote.- Tela delgada de lana, asargada por ambos lados y empleada generalmente para mantos de mujeres. Asimismo, la usaban para sus vestidos las mujeres del pueblo en algunas provincias de España y diversas órdenes religiosas para confeccionar sus hábitos o monjiles; de ahí que en Moliner aparezca definida como tela de hábito. Además, antiguamente se llamaba también así a una tela de seda, parecida igualmente a la sarga.

Palabra documentada en español por vez primera en las Ordenanzas de Sevilla (ed. 1527), deriva del francés antiguo anascot, y este de Hondschoote, ciudad de Flandes (departamento del Norte) que en el siglo xvi tenía fábricas de hilados y no, como bien señala Corominas, de Aarschot, villa de Brabante, como se había supuesto en su momento—.

En un viaje de vuelta el castellano anascote regresó a Francia y se instaló en su idioma, metátesis por medio, como anacoste. En esta misma lengua existe la palabra escot, un tejido cruzado de lana que se utilizaba para confeccionar ropa religiosa, vestidos de luto y delantales, cuyo origen etimológico se atribuye a la misma población flamenca.

damasco.- El diccionario académico lo define hoy como una tela fuerte de seda o lana y con dibujos formados por el tejido.

El Diccionario de autoridades (1732), en cambio, nos brindaba una definición mucho más colorida: «tela de seda entre tafetán y raso, labrado siempre con dibuxo. Haile doble y simple, y de distintos colores. Es tela noble, y la usan las Señoras, y Caballeros» para vestidos y colgadúras. Latín. Damaescenum sericum».

Damasco es también otro nombre por el que se conoce al albaricoquero y a su fruto.

Procede de del nombre de la ciudad siria de Damasco, «de donde se importaron estos artículos» según reza el DLE.

Entre 1925 y 1992 también podíamos encontrar en él la forma adamasco, que fue en la que se documentó por vez primera esta palabra en castellano, en el siglo xv.

De la acepción textil de esta voz derivan adamascado y damascado —tela parecida al damasco—; adamascar —dar a las telas aspecto parecido a él—; damasquino —ropa u otro objeto hecho con esta tela— y damasquillo —un tejido de seda o lana parecido al damasco en la labor, pero con menos cuerpo—.

cambray.- Volvemos a tierras galas para encontrarnos con esta especie de lienzo blanco y fino, del que el Diccionario de autoridades (1729) añadía que servía para hacer sobrepellices, pañuelos, corbatas, puños y otras cosas.

Recibe su nombre de la localidad francesa de Cambray, donde en 1529 España y Francia firmaron la que sería conocida como Paz de las damas, que ponía fin a la guerra de la Liga de Cognac.

Aunque su uso es minoritario también se emplea en castellano la grafía Cambrai y como cambrai aparece recogido en Covarrubias el nombre de este textil.

El diccionario incluye algunos términos directamente relacionados con esta voz: acambrayado o cambrayado, que se predican de lo que es parecido a él; cambrayón, un lienzo parecido, pero menos fino; estopilla, un lienzo o tela muy delgada, como el cambray, pero muy rala y clara, semejante en lo transparente a la gasa o estopilla de Suiza, un cambray ordinario.

A su vez, las contramangas eran un adorno antiguo hecho de cambray o tafetán que usaban hombres y mujeres para cubrir las mangas de la camisa.

nailon.- Resina sintética del grupo de las poliamidas de la que se hacen filamentos muy resistentes y elásticos, empleados especialmente en la fabricación de distintos tipos de tejidos.

Cuando en la edición de 1970 incorporó esta voz el diccionario de la RAE aseguraba que procedía del inglés nylon, que calificaba como nombre facticio, es decir, artificial. Ahora señala que lo hace de Nylon®, marca registrada.

Respecto al origen de esta palabra circula la versión, sin base real, de que es un acrónimo formado por las iniciales de Nueva York (NY) y las tres primeras letras de Londres, representando las dos ciudades involucradas en el lanzamiento del nailon. Sin embargo, la capital británica no tuvo nada que ver en ese desarrollo, que se efectuó por completo al otro lado del Atlántico.

La realidad, sin duda más prosaica, es que el nombre fue creado por la compañía química estadounidense DuPont, inventora de este polímero en los años 30 del siglo pasado, a partir de una sílaba genérica aleatoria nyl- y –on, una terminación habitual en nombres de fibras (como en cotton ‘algodón’, rayon ‘rayón’, dacron ‘dacrón’…).

El DLE ha incorporado también la forma nilón.

organdí.- Tejido muy ligero, fino y transparente —el propio DLE lo pone, junto con la gasa, como ejemplo del término vaporoso— hecho de algodón. Generalmente es de color blanco y con bastante apresto, lo que le confiere una textura rígida.

Procede del francés organdi, documentado ya en 1723 en ese idioma con la forma organdy, que puede corresponder a una alteración de Organzi, nombre medieval de Urgenc, ciudad del Turquestán ruso u occidental, que era conocida en la Edad Media por ser un importante centro textil con un destacado mercado de la seda.

La RAE sí cita esta población, que hoy forma parte de Uzbekistán, al describir la etimología de la organza, tejido de seda o algodón semejante al organdí, más blando que este y más fino que la muselina, de colores o estampado y empleado especialmente para la confección de ropa femenina.

En este caso el nombre proviene del italiano orgànza, que lo tomó prestado del francés organsin —lo que no refleja el diccionario académico—, que tiene también su origen en la localidad ya mencionada.

 

El dicho de hoy

Poner/estar en tela de juicio.

Poner en duda, desconfiar acerca de la certeza de algo o de alguien, y también estar algo o alguien sujeto a maduro examen

El dicho de hoy se trata en realidad de un trampantojo, pues aquí tela no es la palabra que nos remite a un material textil, sino otra homógrafa que daba nombre en la Edad Media al recinto en que se llevaban a cabo justas y torneos y que servía también muchas veces para dirimir pleitos, convirtiéndose en lugar de juicio.

Ese espacio dispuesto para que lidiaran dos o más personas recibía asimismo el nombre de liza, de donde proviene la expresión estar en liza, estar en disputa dos o más personas.

 

El reto de la semana

¿Con qué tela, cuyo nombre, que parece una apócope, nos lleva a pensar en un imperio que duró hasta comienzos del siglo xx podían estar hechas nuestras ropas para este paseo?

 

(La respuesta, como siempre, en la página ‘Los retos’)

 

Paseando por ‘Las calles siniestras’ con Pío Baroja

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Para el paseante se ha convertido en una costumbre —todavía no inveterada, pero todo se andará, y nunca mejor dicho—celebrar su cumpleaños con algún recorrido por las calles de Madrid organizado por la editorial La Felguera en fechas aledañas.

En esta ocasión el motivo para ponernos en marcha fue la presentación de Las calles siniestras, una selección de los textos en los que el escritor Pío Baroja reflejó el resultado de sus andanzas por las calles de Madrid, de París, de Londres buscando el envés de esas ciudades, la «cara oculta de la Luna» urbana que todos saben dónde se encuentra, pero a la que la mayoría pretende ignorar.

En esta antología del eterno paseante, como se subtitula un libro que es en realidad una invitación al paseo extendida desde su página inicial, encontramos las impresiones sobre esas zonas oscuras de quien se consideraba «paseante per se y escritor per accidens». Un mundo del que era consciente de estar asistiendo a su agonía, habitado por esas gentes que siempre le parecieron más interesantes que los oficinistas o los comerciantes, y para quienes siglo tras siglo se ha cumplido aquello que expresaba con otras palabras Jacinto Benavente al comienzo de Los intereses creados: «para los pobres todos los pueblos son malos».

Saldremos hoy al encuentro de cinco palabras encontradas entre los recovecos de estos callejeos barojianos —adjetivo, por cierto, incorporado al diccionario académico en la edición de 2001— en los que hemos podido saludar de nuevo a un puñado de viejas amigas de nuestros paseos: golfería, apache, jacobino, simón, rocambolesco, zarzuela, zuavo, levita, donjuán, estrambótico, cacique, dril, charol, gavilán

metoposcopia o metoposcopía.- Método de adivinación del carácter, el porvenir o el destino de una persona basado en las líneas del rostro.

Deriva del griego metōposkópos ‘fisonomista’, compuesto por métopon ‘frente’ y skópeo ‘observar’, y el sufijo -ia

En ocasiones también recibe el nombre de metopomancia, voz que no está recogida en el diccionario de la RAE, pero que sí podemos encontrar en obras como el Diccionario enciclopédico Gaspar y Roig (1855) o el Vocabulario tecnológico de medicina, cirujía [sic] y ciencias auxiliares (1878) de J. Cuesta y Ckerner.

Conocida desde la antigüedad, fue desarrollada en la época renacentista por el médico y matemático Girolamo Cardano (1501-1576), que le dedicó una obra compuesta en trece libros, que incluían ochocientos dibujos de la cara humana. Este autor sostenía que la metoposcopia, uno de los tres aspectos, junto a la quiromancia y la fisiognómica, de la adivinación natural, consta de tres partes: la forma de la cara, las rayas y los lunares y las manchas del rostro entero.

hampa.- Conjunto de la gente maleante, en especial aquellos que están organizados en algún tipo de sociedad con normas de conducta particulares. Antiguamente utilizaban una jerga propia, llamada germanía, en la cual el hampa, la picaresca, reciben el nombre de mandilandinga.

Su origen es incierto: tal vez provenga del francés hampe ‘fuste —el palo o vara en que va fijado el hierro— de lanza y de otras armas’, cuya variante antigua hante nos lleva, mediante el cruce con el antiguo franco bajo *hant ‘mano’, al latín hasta ‘lanza, pica’.

De ella derivan términos como hampo —desusado—y hampesco, para referirse a lo perteneciente o relativo a ella; hampón, como se denomina a un valentón o maleante; y dos utilizados en Venezuela: hamponil, con el mismo significado que hampesco, y hampoducto, que es una forma festiva para referirse a la circulación de hampones entre localidades o cárceles.

Hampa es también el nombre que recibe en grafología el trazo vertical superior de algunas letras.

esnob.- El DLE asegura que es aquella persona que imita con afectación a quienes considera distinguidos. El diccionario de Seco, Andrés y Ramos añade que se trata también de alguien que expresa una exagerada preocupación por todo lo que está de moda.

Llegó a nuestra lengua desde el inglés snob, palabra de origen desconocido que a finales del siglo XVIII servía para designar a un zapatero o a su aprendiz. En este idioma tiene también el sentido de alguien que desprecia a quienes considera inferiores en rango, logros, gustos…

A pesar de ignorarse el origen de este vocablo es frecuente encontrar la versión de que se originó como forma abreviada del latín sine nobilitate ‘sin nobleza’, y así se habría empleado en determinadas circunstancias:  en los registros de estudiantes de las universidades de Oxford y Cambridge —esta explicación fue atribuida en nuestro país al filósofo Ortega y Gasset—; en las listas de los pasajeros de barcos, para asegurarse de que solo los más distinguidos accedieran a cenar en la mesa del capitán o en las de invitados a algún acto, con el fin de señalar quiénes no debían ser presentados con título nobiliario. A pesar de hallarse ampliamente extendida, esta teoría carece de fundamento real.

papanatas.- Forma coloquial de referirse a una persona simple, cándida y crédula en exceso, fácil de engañar y que se pasma con cualquier cosa. Movida por el interés en aparecer como alguien que está a la última suele prestar atención y valorar de manera acrítica cualquier cosa que resulte novedosa. En este sentido podemos considerarlo emparentado en cierta manera con el esnob.

Está compuesto de papar, comer cosas blandas, que no requieren ser masticadas, y nata, referida a la crema de la leche que se ingiere con facilidad. La combinación de ambos términos refleja el uso metafórico de lo que hace el papanatas: tragarse figuradamente cualquier asunto sin análisis ni cuestionamiento alguno.

De ella derivan papanatismo, la cualidad o actitud de papanatas y papanatería, con el mismo significado, voz esta no incluida en el diccionario de la lengua española, pero que sí encontramos en el de Moliner y en el de Seco, Andrés y Ramos. Este incluye además papanatez, con el sentido de tontería o idiotez.

El DLE recoge, igualmente con la marca de coloquial, los sinónimos papamoscas, papahuevos y paparote —estos últimos además con la de poco usados—.

martingala.- Vocablo con varios significados. El más extendido es el de artimaña, astucia o artificio para engañar a alguien. También tiene el sentido de tontería o cosa sin importancia. Asimismo, es el nombre que recibe un lance del juego de cartas conocido como monte, y antaño designaba además a una pieza que cubría una abertura practicada en la parte trasera de las calzas.

Si nos trasladamos a la otra orilla del castellano vemos que en Argentina y en Uruguay se emplea para referirse tanto a una tira de tela que se coloca en la parte posterior de chaquetas o abrigos a la altura de la cintura, para entallarlos o como adorno, como a una correa con dos argollas por la que se pasan las riendas para evitar que las caballerías cabeceen.

Procede del francés martingale, probablemente resultante de la inserción de una n en el provenzal martegalo, femenino de martegal ‘habitante de Martigues’. Debido a la posición aislada de esta ciudad, a orillas del Étang de Berre —que es, tras el Mar Menor, la laguna costera de agua salada más grande de Europa—, sus habitantes alcanzaron fama de ingenuos, raros, extravagantes y de conservar antiguas vestiduras y costumbres.

 

 La cita de hoy

«Es muy posible que así como ahora se tiran las calles siniestras, con el tiempo se construyan para atracción de forasteros».

 Pío Baroja

 

El reto de la semana

¿Con qué fiesta, propia de algunos días festivos del año y que resulta un falso aumentativo podíamos haber culminado el paseo de hoy?

 

(La respuesta, como siempre, en la página ‘Los retos’)

Paseando con ‘Cartas con Nicasio’

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Si en nuestro último paseo celebrábamos la posibilidad de trabar nuevas amistades como algo, afortunadamente, sin fecha de caducidad en nuestras vidas, el de hoy viene a confirmar ese extremo en toda su extensión. Porque en él nos encontraremos con una amistad que nació hace siete años y que ha forjado ya lazos indestructibles.

Una relación, a priori improbable, motivada por un encuentro casual — las carambolas del destino de nuevo, al igual que al pasear por Trasierra—, «un momento mágico», como lo califica ella, entre Teresa y Nicasio. Dos personajes con trayectorias vitales bien distintas, separados por casi cincuenta años de edad, pero que supieron avivar la chispa de cariño que surgió entre ellos y que, pese a vivir a casi cuatrocientos kilómetros de distancia, han logrado hacer cierto aquello que escribió el poeta Juvenal: «nunca es largo el camino que conduce a la casa de un amigo».

Fruto de esa amistad es el libro con el que hoy paseamos. Un volumen en el que, a través de la relación epistolar entre ambos, iremos conociendo la vida y peripecias de su protagonista, «la pura realidad», «todo auténtico», como a él le gusta resaltar, y cuyas páginas nos llevarán, como si estuviéramos en el filandón, a viajar con nuestras mentes por otros tiempos y otras tierras: Salamanca, Ciudad Rodrigo, Génova, Alemania, Brasil, Venezuela…

Como bien dice el refrán al afirmar aquello de «dime con quién andas, y te diré quién eres», nos acompañaremos hoy de Teresa y de Nicasio para dirigir nuestros pasos hacia cinco palabras que encontramos en estos mensajes escritos a cuatro manos y dos corazones. Palabras que, no podía ser de otra manera teniendo en cuenta la vida de Nicasio, nos llevarán a cruzar una y otra vez el Atlántico para caminar por las dos orillas de nuestro idioma.

porcelana.- Material cerámico fino cuyo principal componente es el caolín. Tras ser cocido resulta traslúcido, blanco y brillante.

Otros significados de este término: un objeto, generalmente artístico, hecho de este material; un metal esmaltado empleado en objetos de menaje; un color blanco mezclado de azul; un esmalte de ese color con el que los orfebres adornan joyas y piezas de oro.

En México es sinónimo de ‘orinal’ y la encontramos también con la grafía borcelana.

La pintura de porcelana, por su parte, es una hecha de esmalte, usando colores minerales y uniéndolos y endureciéndolos con el fuego.

Deriva del italiano porcellana ‘cauri, molusco de concha blanca y brillante’, según Corominas aplicado a la porcelana por el parecido y por haberse creído que se hacía con esta concha pulverizada. Como porcellana significa también ‘verdolaga’, considera probable, al igual que Moliner, que en sus distintas acepciones venga del latín vulgar porcellagĭne, deformación de portulaca, nombre latino de esa planta, derivado de portula ‘puertecilla’, por la abertura característica tanto de su semilla como del ‘cauri’.

vermú.- Licor compuesto de vino, ajenjo y otras sustancias tónicas y amargas. La locución tomar el vermú —no recogida en el DLE— se ha convertido en sinónimo de tomar el aperitivo, la bebida que se toma antes de la comida principal y que suele ir acompañada de pequeñas porciones de algún alimento apetitoso.

El diccionario académico añade una segunda acepción —también escrita vermut—: una función vespertina de cine o teatro celebrada con horario anterior al de las sesiones normales. El Diccionario de Americanismos especifica que en algunos países esa función —también denominada vermouth— comienza tras la hora del crepúsculo, mientras que en Ecuador es una de cine, dominical y con inicio a las diez de la mañana.

Procede del alemán Wermut ‘ajenjo’, vocablo de origen incierto. La última edición del DLE incorporó la voz martini, tomada de la marca italiana del mismo nombre, como sinónimo de vermú, así como nombre de un cóctel preparado con ginebra y vermú blanco seco.

En León se encontraba muy arraigada la costumbre del baile vermut, que se celebraba en días de fiesta a la hora del aperitivo.

laúd.- Desde la edición 2001 el DLE nos dice que es el nombre de un «instrumento musical de cuerda parecido a la bandurria, pero de caja más grande y sonido menos agudo que ella», lo que nos obliga a consultar la definición de esta. Antes de esa fecha lo definía de forma más precisa: «instrumento musical que se toca punteando o hiriendo las cuerdas; su parte inferior es cóncava y prominente, compuesta de muchas tablillas como costillas». Covarrubias señala que por alusión a su forma en su época se llamaba laúd a la corcova.

También reciben este nombre, y así lo recoge la Academia, un tipo de embarcación pequeña del Mediterráneo, de casco largo y estrecho y un solo palo con vela latina, y una tortuga marina, la más grande del mundo, con cuerpo en forma de barril y siete crestas longitudinales a lo largo del caparazón que se asemejan a las cuerdas del instrumento. Es también llamada tortuga de cuero.

Antiguamente se pensó que provenía del griego halieut, que se corrompió en leúd, y de allí laúd. Hoy se considera que tiene su origen en el árabe andalusí al‘úd, y este en el árabe clásico ‘ūd.

barniz.- Disolución transparente de ciertas resinas en una sustancia volátil que se extiende sobre maderas, pinturas y otros objetos con el fin de abrillantarlos y protegerlos de la acción del sol, la atmósfera y oros agentes externos. Por extensión se denomina así a una capa superficial de algo inmaterial, como una cualidad o un conocimiento.

Se aplica asimismo a un baño que se da en crudo a la porcelana, a la loza y al barro, y que se vitrifica en la cocción, así como al baño o afeite con el que se componían el rostro las mujeres.

Del dialectal berniz, y este del bajo latín veronix, -icis ‘sandáraca’, procedente de Beronice, ciudad de Egipto de donde se traía esta resina amarillenta extraída del enebro y de otras coníferas. Está documentada por vez primera en castellano en el siglo XIII, en la forma verniz.

Si nos trasladamos a América, vemos que en Guatemala barniz y barnizada son sinónimos de regaño; que en la jerga delincuencial de El Salvador darse barniz significa procurar alguien que sea conocido por los demás y que en Argentina pasar el barniz es adular o halagar a alguien, generalmente por conveniencia.

foxtrot.- Baile de pareja enlazada, de ritmo binario, cortado y alegre, originario de los Estados Unidos, o su música.

Del inglés fox-trot ‘paso del zorro’, que en el siglo XIX hacía referencia a un trote equino lento, de pasos cortos. Los primeros escritos sobre el baile no parecían al tanto de la existencia de ese paso ecuestre de igual nombre y lo relacionaban más bien con otro baile: el turkey-trot ‘paso del pavo’, popularizado a principios del siglo XX también en norteamérica.

Cuando el diccionario de la RAE incluyó en 2001 este vocablo lo hizo también con la grafía fox-trot, que hoy ha desaparecido de sus páginas. El diccionario de Seco, Andrés y Ramos recoge a su vez la forma fox.

En Venezuela y en Puerto Rico se emplea con los significados de desorganización, alboroto, desorden… En este último país se utiliza igualmente la forma fostró. Además, en el primero se emplea la locución verbal coloquial armarle a alguien un foxtrot como sinónimo de echarle a alguien una reprimenda.

 

La cita de hoy

«Existe un placer en la amistad pura que no pueden alcanzar aquellos que han nacido mediocres»

Jean de la Bruyère

 

El reto de la semana

¿Con qué apelativo se refiere a sí mismo Nicasio que nos lleva a acordarnos de cangrejos, naipes, diamantes o pájaros?

 

(La respuesta, como siempre, en la página ‘Los retos’)

Paseando con nuevos amigos por Trasierra

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La amistad es uno de los temas recurrentes en el siempre fértil mundo de los refranes, adagios y sentencias. Por no hablar del inagotable filón de las citas de personajes célebres, para quienes opinar sobre este «afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato» resulta asimismo especialmente atractivo. En este mismo ámbito encontramos también con frecuencia el encomio de las antiguas amistades comparándolas con los libros, la leña, el vino…

Tomando este último ejemplo, y dejando al margen el hecho de que no todo caldo —como en ocasiones ocurre también con la amistad— envejece bien, el caminante aprendió hace ya tiempo que, al igual que hay vinos jóvenes que merece la pena descubrir, la vida no deja tampoco de ofrecer ocasiones para conocer nuevos amigos que enriquezcan «la bodega de nuestros afectos» (por seguir con el símil enológico). Tan solo se trata de ser capaces de abrir paladar y corazón; de salir de nuestra zona de confort; de ampliar horizontes que hagan nuestra vida más feliz. Al fin y al cabo, todo amigo fue nuevo en algún momento.

El paseante tuvo hace unos días —en torno a una mesa, claro. ¿Cabe mejor forma?— la ocasión de comprobarlo. De disfrutar de la compañía de personas que, por una carambola del destino, llegaron hace poco a su vida y que se han hecho ya acreedores por derecho propio de su cariño.

Pasearemos hoy de la mano de Carmen —nuestra invitadora— con Ángela, Fede y Rule por cinco palabras surgidas al calor de uno de esos pequeños momentos que al quedar guardados en nuestra memoria se van convirtiendo en los materiales con los que vamos construyendo nuestro propio camino.

anfitrión.- Cuando el diccionario de la RAE incorporó este vocablo en 1869 lo definía como «el que tiene invitados a su mesa y los regala con esplendidez». En la última edición comprobamos cómo este significado ha pasado a un segundo término —además de haber perdido en el camino el matiz valorativo, pues ahora es «la persona que tiene invitados a su mesa o a su casa»—. La primera acepción es ahora la de persona o entidad que recibe en su sede habitual o en su país a visitantes o invitados.

Para encontrar su origen debemos remontarnos a la mitología griega, donde encontramos a Anfitrión, rey de Tebas, casado con Alcmena, cuya figura y aspecto fueron suplantados por Zeus para yacer con ella, que de esa forma creía estar con su marido. De esa unión nacería Hércules.

Fue la adaptación del mito —que ya había sido llevado al teatro por Plauto en el siglo II a. C.— realizada por Moliére en su obra homónima estrenada en 1668 la que confirió a esta palabra el significado por el que la conocemos.

merino.- Del latín maiorīnus ‘de mayor tamaño o extensión’, ‘perteneciente a la especie mayor (en cualquier materia)’. Referido aquí a su sentido legal —otras acepciones nos llevan a una raza ovina, a un cuidador del ganado o a un tejido—, el Diccionario del español jurídico nos dice que se trataba de un oficial que ayudaba a la Administración de Justicia en actividades relacionadas tanto con temas gubernativos como de orden público y de policía judicial.

En lugares de realengo —aquellos que no eran de señorío ni de las órdenes— podían ser propuestos por los alcaldes o jueces, pero fue eminentemente una figura de nombramiento real.

El merino mayor era nombrado directamente por el rey y gozaba de una amplia jurisdicción. Solían ser nombrados para el cargo altos personajes de la nobleza, aunque con frecuencia era un lugarteniente o adelantado el que asumía las competencias. El merino menor, a su vez, ejercía sus funciones en un ámbito local o territorial.

a la federica.- Según el diccionario académico esta locución adverbial —que recoge así, en minúsculas, pese a lo cual no es raro encontrarla como a la Federica— hace referencia a la moda imperante en los tiempos de Federico el Grande de Prusia (1712-1786). Esta se caracterizaba por un gran lujo y boato.

Aún hoy los rejoneadores portugueses visten a la federica, con casaca, chaleco bordado, camisa de encaje con chorreras, calzón corto, medias blancas, botas altas de charol y tricornio. Las llamadas botas federicas son un tipo de bota larga de piel cuyo alto está ensanchado en la boca a la altura de la rodilla. Se emplean en equitación y también las calzan algunos motoristas.

Por su parte, un entierro a la federica es uno con gran boato en el que se transporta el ataúd del fallecido en un carruaje de caballos. En un artículo publicado en 1962 el escritor vallisoletano Miguel Delibes lo describía «con carrozas barrocas, caballos empenachados y aurigas con peluca».

rulemán.- Palabra del español de América que se emplea en Argentina, Paraguay y Uruguay —en estos dos últimos países también en la forma rúleman— para referirse al rodamiento, nombre que recibe en mecánica un cojinete formado por dos cilindros concéntricos entre los que se intercala na corona de bolas o de rodillos que pueden girar libremente.

Es un calco fonético —adaptación de un préstamo lingüístico adaptándolo fonéticamente a la lengua que lo recibe— del francés roulement, con el mismo significado, derivado de rouler ‘rodar’, que encuentra su origen etimológico en el francés antiguo ruele, roele, ‘rueda pequeña’.

La Academia Argentina de las Letras, mediante carta de fecha 16 de agosto de 1983, sugirió su incorporación al Diccionario de la Real Academia Española, lo que se produjo en la edición de 1992.

El también argentino Julio Cortázar emplea esta palabra casi una veintena de veces en Rayuela (1963), probablemente su novela más conocida y una de las obras clave del conocido como boom de la literatura hispanoamericana.

sollastre.- Tiene dos acepciones: pinche de cocina y pícaro redomado. Como ocurre en otras ocasiones, el Diccionario de autoridades (1739) resulta mucho más gráfico en su definición: «El criado dedicado à las cosas más baxas, y sucias de la cocina, à quien tambien llaman pícaro de cocina» y «Por alusión se llama al pícaro redomado».

Su oficio o actividad recibe el nombre de sollastría. Hasta la edición de 1869 el DLE incluía también la voz sollastrón, como aumentativo de sollastre —‘muy pícaro y redomado’ en las ediciones del siglo XVIII—.

Procede de sollar, verbo desusado que significa tanto «despedir aire con violencia por la boca» como «arrojar aire por medio de fuelles u otros artificios» y que procede a su vez del latín sufflāre ‘soplar’.

Es voz que encontramos en autores clásicos de nuestro idioma (Quevedo, Alemán, Torres Villarroel…) pero también en otros más contemporáneos: Gabriel Miró, Azorín, Bartolomé Soler, Cotarelo y Valledor o Eugenio Noel.

 

La cita de hoy

«Vinum novum amicus novus; veterascet, et cum suavitate bibes illud»

«Como vino nuevo es el amigo nuevo; envejecerá y lo beberás con agrado».

 Eclesiastés 9,10.

 

El reto de la semana

Jugando con las palabras, sus usos y sus diferentes sentidos, que eso se proponen también estos paseos, ¿con qué plato tradicional habría sido lógico regalarnos al terminar este paseo?

(La respuesta, como siempre, en la página ‘Los retos’)

 

Un paseo con Eduardo Pardo de Santayana de la Hidalga. In memoriam.

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Con ocasión del paseo que dedicamos en su día a la figura de Adolfo Suárez recordábamos aquella frase de Julio Camba en la que señalaba cómo en España normalmente hay que esperar a fallecer para que uno vea sus méritos y virtudes reconocidos por un consenso general.

Como toda regla esta tiene sus excepciones. Y una de ellas es el protagonista de nuestro paseo de hoy, un hombre machadianamente bueno que nos dejó hace unos días y que sí pudo sentir en vida todo el afecto y reconocimiento que concitaba a su alrededor. Una de esas (muy) escasas personas de las que nunca has oído hablar mal a nadie y en las que la palabra bonhomía encuentra todo el significado que le atribuye el diccionario de la RAE.

Y es que a este doctor ingeniero de Minas, cuya vida estuvo enmarcada por una pasión —su familia— y una vocación —la enseñanza, que comenzó a practicar siendo aún estudiante y que con el tiempo le llevaría a ser durante «quince años, mes arriba, mes abajo», como diría él, director de la Escuela Técnica de Minas de Torrelavega—, bien podría aplicársele aquella máxima de Gustav Mahler: «Solo hay una educación y es el ejemplo».

El paseo «diccionaril» de hoy quiere rendirle un modesto homenaje de gratitud y cariño —el paseante tuvo la fortuna de pertenecer durante algún tiempo a su entorno— y nada mejor para ello que recorrer cinco palabras relacionadas con algunas de las aficiones con las que tanto disfrutó a lo largo de los años.

filatelia.- El DLE la define como el estudio y coleccionismo, por afición, de sellos de correros. También se llama así al establecimiento dedicado a la compraventa de esos sellos cuando tienen algún valor y de otros artículos de filatelia (pinzas, catálogos, lupas, álbumes…). Llegó al español desde el francés philatélie, de philo- ‘filo-‘ (‘amigo’, ‘amante de’) y el griego atéleia ‘exención de impuestos’, pues el sello indicaba que el envío debía realizarse sin más cobros, lo que eximía al destinatario de tener que pagar al recibirlo, como ocurría antes. Es una de esas palabras de las que conocemos su origen de manera fidedigna: fue acuñada por Gustave Herpin, uno de los primeros coleccionistas franceses de sellos, en un artículo publicado en el número de noviembre de 1864 de la revista Le collectioneur des timbres-postes. En algunos diccionarios de uso encontramos también la voz filatelismo, con el mismo significado que filatelia. La persona que la practica recibe los nombres de filatélico o filatelista.

saboneta.- Reloj de bolsillo cuya esfera, protegida por bisel y cristal, está cubierta por  una tapa metálica que los preserva del polvo, arañazos y otros posibles daños. Esa tapa se abre mediante un mecanismo de resorte que se activa con un botón, generalmente situado en la corona. Esta, al igual que la anilla de suspensión pueden encontrarse tanto en la posición de las 3 como en la de las 12, mientras que la bisagra de la tapa estará colocada a las 9 o a las 6 respectivamente. El DLE indica que el nombre procede del francés savonnette ‘jaboncillo’, lo que encuentra explicación en la similitud de la forma de este tipo de reloj con la de una cajita redonda de jabón. A pesar de que la RAE ya hacía referencia a ese origen en la edición de 1884, desde 1899 hasta 1992 el diccionario académico lo situaba en la voz italiana savonnetta; de Savona, ciudad de Italia donde se habrían fabricado por vez primera relojes con tapa sobre la esfera, lo que luego descartó.

colombofilia.- Del latín columba ‘paloma’ y el elemento compositivo —filia ‘afición, simpatía, o tendencia´. Se llama así tanto a la cría y el adiestramiento de palomas mensajeras como al conjunto de técnicas y conocimientos relativos a ello. Cuando el Diccionario de la lengua española incorporó este término en la edición de 1984 añadió a la definición de esta actividad un matiz deportivo que ya no recoge. La persona que se dedica a ello recibe el nombre de colombófilo, vocablo que alcanzó el reconocimiento académico ya en 1925 como sinónimo de palomero en su acepción de persona aficionada a la cría de estas aves. El paseante, como seguramente muchos miembros de su generación, descubrió esta palabra en su infancia gracias a los tebeos, pues el padre de los gemelos Zipi y Zape, protagonistas de una de las historietas más populares de la época en España, don Pantuflo Zapatilla, era catedrático de Numismática, Filatelia y Colombofilia.

vitola.- Su acepción más extendida hoy es la de un anillo de papel, usualmente de colores y dibujos vistosos, que rodea a un cigarro puro. Pero no es la única. Sirve asimismo para denominar el modelo de esos mismos cigarros puros según su longitud, configuración o grosor (en Honduras también a un anillo metálico que sirve para calibrar ese grosor); a una plantilla para calibrar balas de cañón o de fusil; a una regla de hierro para medir las vasijas en las bodegas o a una que se emplea en marina en la que se señalan las medidas de los herrajes necesarios para construir un barco. También hace referencia a la traza o el aspecto de una persona o una cosa y además, en algunos lugares, a la distinción o clase de alguna persona. En el periodismo deportivo es corriente encontrarse con la locución «vitola de favorito». La etimología de este término es incierta. Corominas considera verosímil que se incorporara a nuestro idioma desde el portugués, donde, con la forma bitola, se registra mucho antes. La afición a coleccionar vitolas de puros se conoce como vitolfilia (palabra que no cuenta con el aval de la RAE).

escopeta.- Arma de fuego portátil de uno o dos cañones largos que dispara cartuchos o perdigones. Destinada especialmente a la caza, se emplea también en competiciones de tiro al plato y al pichón. Se llama igualmente así a quien caza o tira con ella —aquel que tiene la caza como oficio es una escopeta negra—. Deriva del italiano schioppetto, diminutivo de schiòppo, con el mismo significado, propiamente ‘explosión, estallido’, procedente del latín scloppus ‘estallido que se produce con un dedo dentro de la boca’, de origen onomatopéyico. Forma parte de diversas locuciones, como estar con la escopeta cargada, es decir, en actitud hostil o verbalmente agresiva –por lo que cargarle a alguien la escopeta es indisponerle contra algo o alguien— ; aquí te quiero, o aquí te quiero ver, escopeta, que hace referencia a una situación en la que hay que superar una dificultad o salir de una situación complicada; tirar los pájaros a las escopetas, que da a entender que no es conveniente tratar de dirigir a otros de mayor saber y experiencia o fallar más que una escopeta de feria, con el sentido de fallar mucho o de no funcionar correctamente un aparato.

 

La cita de hoy

«Nobilitas morum plus ornat quam genitorum»

«La nobleza de carácter honra más que la de los padres».

Aforismo medieval.

 

El reto de la semana

¿En qué parte de un barco habría sido lógico leer nuestro paseo de hoy teniendo en cuenta quién es su protagonista?

(La respuesta, como siempre, en la página ‘Los retos’)

De paseo por Le Babachris

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Quienes tienen la costumbre de seguir estos paseos han podido comprobar en más de una ocasión que tanto Portugal como la comida se encuentran entre las predilecciones del paseante. Apegos estos dos que, además, le resultan muy fáciles de combinar, siendo un firme convencido de que es imposible no disfrutar del segundo estando en el primero.

Y como no todo allí van a ser bacalaos, tripas à moda de Porto, caldos verdes u otras preparaciones tradicionales, el destino, que en ocasiones decide hacernos un guiño por persona interpuesta, le llevó esta vez a descubrir, Le Babachris, un acogedor y sorprendente restaurante en Guimarães. Un concepto realmente innovador en el ambiente gastronómico vimarense resultado de una historia casi de película en la que el amor es el principal protagonista: el que sienten el uno por el otro sus dueños, Bárbara y Chris, portuguesa y balear que se conocieron en Francia; el amor por la ciudad; por la cocina; por la improvisación… Amor, en definitiva, que impregna la calidez que transmite un proyecto aún joven pero ya consolidado; en constante renovación, pero ya asentado.

Tres son las ideas fundamentales que inspiran y conforman esta apuesta, un buen ejemplo de que la vanguardia culinaria también puede arraigar y florecer en entornos tan históricos y tradicionales como el propio lugar que, no lo olvidemos, es la cuna de Portugal. Tres ideas que la magnífica cena que disfrutamos nos hizo interpretar de esta manera: Esencia, materializada en unos ingredientes sencillos, de mercado y de temporada, que trabajados con pasión y una creatividad respaldada por la experiencia —Simbiosis—  dan como resultado —Inspiración— unos bocados exquisitos cuya ejecución bien merece el calificativo de primorosa.

Pasearemos hoy por cinco vocablos sugeridos por la experiencia vivida —degustada más bien— en un local con cierto aire moderno que posee además la virtud de ser un lugar en el que la ausencia de distracciones sonoras permite potenciar con el de la conversación el placer de la comida.

santabárbara.- Término de marina que designa en una embarcación el compartimento destinado a guardar la pólvora, o la cámara por donde se comunica o se baja a él. En antiguos diccionarios náuticos se llamaba así también a una separación que en los buques de guerra de algún porte se hacía a popa, en la primera cubierta, para el juego de la caña del timón y como alojamiento de los oficiales mayores que ahora aparece como rancho de santa Bárbara en el DLE. Recibió este nombre por la costumbre de colocar en ese lugar una imagen de santa Bárbara, patrona de los artilleros. Virgen y mártir en Nicomedia, la tradición afirma que murió en el año 235 decapitada por su propio padre por haberse convertido al cristianismo. Él sería fulminado en el mismo sitio por un rayo poco tiempo después. Las locuciones verbales volar, o quemar, la santabárbara hacen referencia al hecho de adoptar una decisión extrema, sin tomar en consideración el daño que puedan causar los medios empleados.

carpacho.- La última edición del DLE ha incorporado esta adaptación a nuestro idioma de la voz italiana carpaccio —forma elegida cuando incluyó este vocablo por vez primera en 2001 y que sigue manteniendo—. Es un plato consistente en lonchas crudas de carne o pescado cortadas muy finas, maceradas en limón y aderezadas con aceite y parmesano o un poco de la salsa llamada «universale». (Nota al margen.- El paseante disfrutó en Le Babachris de uno delicioso de cerdo con crema de dicho queso). El nombre se debe a Giuseppe Cipriani, propietario del Harry’s Bar de Venecia, que en 1950 preparó esta comida para la condesa Amalia Nani Mocenigo, a quien el médico había prescrito una estricta dieta que excluía la carne cocinada. El color de la carne cruda le recordó al cocinero los tonos de los cuadros del pintor veneciano Vittore Carpaccio, en cuyo honor bautizó la nueva creación.

aguacate.- Del náhuatl ahuactl ‘fruto del aguacate’, ‘testículo’. Da nombre tanto a un árbol americano de la familia de las lauráceas como a, más frecuentemente, a su fruto. Este es comestible, de piel verde y rugosa, como tallada en pequeñas caras y pulpa mantecosa. De su forma da idea el origen de la palabra. También se denomina así a una esmeralda con forma de perilla. Además, en el español de América se ha utilizado para referirse metafóricamente a los testículos —Honduras, Nicaragua—; a los senos —Honduras—; a un miembro de la policía —Colombia—; a un varón que realiza el servicio militar —Cuba—; a alguien de carácter débil, poco animoso —El Salvador, Guatemala— o a aquel que resulta poco inteligente —Costa Rica, Cuba, El Salvador—. A su vez, la locución verbal parecer vara de bajar aguacates se aplica en Honduras a una persona que es muy alta y delgada. El aguacate es el ingrediente principal del guacamole.

azafrán.- Planta iridácea cuyos estigmas, que reciben el mismo nombre, se utilizan, además de en medicina, como condimento y para dar color amarillento a la comida. Desde 1970 el diccionario académico recoge también —como ya hiciera en las ediciones de 1803 y 1817—la forma zafrán. Procede del árabe andalusí azza’farán, y este del árabe clásico za’farān. Más poético resulta el origen de su nombre científico: Crocus sativus. Sebastián de Covarrubias recoge en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611) que contaban los poetas que había un muchacho llamado Croco que estaba enamorado de una ninfa de nombre Smilace. Y «fue tan excesiva su pasión que derretido en su amor se convirtió en una flor amarilla, la cual conservó su nombre». Se llama también azafrán al color anaranjado semejante al que se obtiene del estigma de la planta —es el de las túnicas de los monjes budistas— y, en marina, a un madero que forma parte del timón.

cristiano.- Del latín christianus, procedente del griego christianós, de Christós, propiamente ‘ungido’. Se predica de lo relativo o perteneciente a la religión de cristo y de quien profesa su fe. De forma coloquial, aunque se encuentra en desuso, también se llama así al vino aguado. Como sustantivo es sinónimo de prójimo, hermano, ser humano, persona… Es término que aparece en numerosos dichos y locuciones. Hablar en cristiano, por ejemplo, significa hacerlo de una forma claramente comprensible para todos o en el idioma que todos entienden: el castellano, y todo cristiano se emplea para referirse a «todas las personas, todo el mundo». En España, durante el Antiguo Régimen (último tercio del siglo XV al primero del XIX ) se conocía como cristiano viejo a quien no tenía ascendientes musulmanes, judíos o no cristianos en general, en contraposición al cristiano nuevo, persona que se convertía y era bautizada de adulta.

 

La cita de hoy

«Funcionamos como una escuela porque formamos el paladar de las personas».

 Christian Rullán

 

El reto de la semana

Usando coloquialmente la cabeza, ¿con qué fruta —con la que además estaba elaborada la gelatina que acompañaba al carpaccio al que antes aludíamos— nos regalaríamos al terminar el paseo de hoy?

 

(La respuesta, como siempre, en la página ‘Los retos’)