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Afirma el gran Màrius Serra que de todas las maneras posibles que el hombre imagina para pasar a la historia, la más radical es ser sujeto de eponimia, diluir su propio nombre entre las voces comunes que componen la lengua de sus descendientes.

Esta opinión le ha recordado al paseante una bien distinta, la del escritor Gabriel Aresti quien escribiera en su poema ‘Mi nombre’: ‘No quiera Dios que pongan mi nombre a una calle…’ Y le ha hecho pensar en que, si alguna vez le asaltara el deseo de pasar a la posteridad en este campo, le gustaría hacerlo más bien por haber acuñado una palabra.

Si en nuestro último paseo vimos algunos ejemplos de epónimos acronímicos (si se nos permite el neoadjetivo), en esta ocasión pasearemos por cinco términos o acepciones inventados en nuestra lengua y que han encontrado ya su lugar en el diccionario.

jitanjáfora.- Conjunto de vocablos -reales o inventados- que componen un texto que puede no tener sentido y cuyo valor estético se basa en la sonoridad de las mismas. Esta voz aparece en el poema ‘Leyenda’, compuesto en 1929 por el cubano Mariano Brul, de donde la tomó el mexicano Alfonso Reyes para denominar a este juego de palabras.

suripanta.- De su doble acepción, como mujer ruin y como corista en el teatro, esta última es la más próxima a su origen: Un cantable de la zarzuela ‘El joven Telémaco’, estrenada en Madrid en 1866, escrito supuestamente en griego y cuyo inicio rezaba ‘Suripanta-la-suripanta, maca-trunqui-de somatén’. Esta disparatada canción alcanzó gran popularidad, pasándose a denominar así a las coristas en general.

greguería.- Término que aparece ya en el Diccionario de autoridades con la acepción de lenguaje ininteligible. Ramón Gómez de la Serna lo dotó de nuevo significado al denominar así, hacia 1912, una invención literaria suya consistente en una metáfora ingeniosa y breve que ofrece una visión personal y sorprendente de algún aspecto.

sicalipsis.- Picardía erótica, punto medio entre lo picaresco y lo pornográfico. A pesar de su aparente estructura griega, fue inventada a principios del siglo XX. Tanto el sustantivo como su adjetivo, ‘sicalíptico’ y ‘sicalíptica’ , aparecieron por vez primera en 1902, en anuncios en ‘El Liberal’ publicitando la revista Las mujeres galantes.

cocotología.- Voz acuñada por Miguel de Unamuno que puede definirse como el arte de hacer pajaritas de papel. El propio autor explica en ‘Apuntes para un tratado de cocotología’ la etimología del término, derivado del francés cocotte, palabra infantil que se aplica a los pollos y, por extensión, a las pajaritas, y del griego logía ‘tratado’.

 

La cita de hoy

“Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes.”

Julio Cortázar

 

El reto de la semana

¿Con qué quijotesco complemento nos podríamos haber protegido del sol en nuestro paseo de hoy?

PD.- Hasta el próximo 20 de septiembre podrá visitarse en la sede de la Biblioteca Nacional, en el madrileño Paseo de Recoletos, la exposición Yo, Unamuno, en la que se exhiben diversas papirolas –no solo pajaritas- realizadas por el propio escritor.