Paseando con ‘Cartas con Nicasio’

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Si en nuestro último paseo celebrábamos la posibilidad de trabar nuevas amistades como algo, afortunadamente, sin fecha de caducidad en nuestras vidas, el de hoy viene a confirmar ese extremo en toda su extensión. Porque en él nos encontraremos con una amistad que nació hace siete años y que ha forjado ya lazos indestructibles.

Una relación, a priori improbable, motivada por un encuentro casual — las carambolas del destino de nuevo, al igual que al pasear por Trasierra—, «un momento mágico», como lo califica ella, entre Teresa y Nicasio. Dos personajes con trayectorias vitales bien distintas, separados por casi cincuenta años de edad, pero que supieron avivar la chispa de cariño que surgió entre ellos y que, pese a vivir a casi cuatrocientos kilómetros de distancia, han logrado hacer cierto aquello que escribió el poeta Juvenal: «nunca es largo el camino que conduce a la casa de un amigo».

Fruto de esa amistad es el libro con el que hoy paseamos. Un volumen en el que, a través de la relación epistolar entre ambos, iremos conociendo la vida y peripecias de su protagonista, «la pura realidad», «todo auténtico», como a él le gusta resaltar, y cuyas páginas nos llevarán, como si estuviéramos en el filandón, a viajar con nuestras mentes por otros tiempos y otras tierras: Salamanca, Ciudad Rodrigo, Génova, Alemania, Brasil, Venezuela…

Como bien dice el refrán al afirmar aquello de «dime con quién andas, y te diré quién eres», nos acompañaremos hoy de Teresa y de Nicasio para dirigir nuestros pasos hacia cinco palabras que encontramos en estos mensajes escritos a cuatro manos y dos corazones. Palabras que, no podía ser de otra manera teniendo en cuenta la vida de Nicasio, nos llevarán a cruzar una y otra vez el Atlántico para caminar por las dos orillas de nuestro idioma.

porcelana.- Material cerámico fino cuyo principal componente es el caolín. Tras ser cocido resulta traslúcido, blanco y brillante.

Otros significados de este término: un objeto, generalmente artístico, hecho de este material; un metal esmaltado empleado en objetos de menaje; un color blanco mezclado de azul; un esmalte de ese color con el que los orfebres adornan joyas y piezas de oro.

En México es sinónimo de ‘orinal’ y la encontramos también con la grafía borcelana.

La pintura de porcelana, por su parte, es una hecha de esmalte, usando colores minerales y uniéndolos y endureciéndolos con el fuego.

Deriva del italiano porcellana ‘cauri, molusco de concha blanca y brillante’, según Corominas aplicado a la porcelana por el parecido y por haberse creído que se hacía con esta concha pulverizada. Como porcellana significa también ‘verdolaga’, considera probable, al igual que Moliner, que en sus distintas acepciones venga del latín vulgar porcellagĭne, deformación de portulaca, nombre latino de esa planta, derivado de portula ‘puertecilla’, por la abertura característica tanto de su semilla como del ‘cauri’.

vermú.- Licor compuesto de vino, ajenjo y otras sustancias tónicas y amargas. La locución tomar el vermú —no recogida en el DLE— se ha convertido en sinónimo de tomar el aperitivo, la bebida que se toma antes de la comida principal y que suele ir acompañada de pequeñas porciones de algún alimento apetitoso.

El diccionario académico añade una segunda acepción —también escrita vermut—: una función vespertina de cine o teatro celebrada con horario anterior al de las sesiones normales. El Diccionario de Americanismos especifica que en algunos países esa función —también denominada vermouth— comienza tras la hora del crepúsculo, mientras que en Ecuador es una de cine, dominical y con inicio a las diez de la mañana.

Procede del alemán Wermut ‘ajenjo’, vocablo de origen incierto. La última edición del DLE incorporó la voz martini, tomada de la marca italiana del mismo nombre, como sinónimo de vermú, así como nombre de un cóctel preparado con ginebra y vermú blanco seco.

En León se encontraba muy arraigada la costumbre del baile vermut, que se celebraba en días de fiesta a la hora del aperitivo.

laúd.- Desde la edición 2001 el DLE nos dice que es el nombre de un «instrumento musical de cuerda parecido a la bandurria, pero de caja más grande y sonido menos agudo que ella», lo que nos obliga a consultar la definición de esta. Antes de esa fecha lo definía de forma más precisa: «instrumento musical que se toca punteando o hiriendo las cuerdas; su parte inferior es cóncava y prominente, compuesta de muchas tablillas como costillas». Covarrubias señala que por alusión a su forma en su época se llamaba laúd a la corcova.

También reciben este nombre, y así lo recoge la Academia, un tipo de embarcación pequeña del Mediterráneo, de casco largo y estrecho y un solo palo con vela latina, y una tortuga marina, la más grande del mundo, con cuerpo en forma de barril y siete crestas longitudinales a lo largo del caparazón que se asemejan a las cuerdas del instrumento. Es también llamada tortuga de cuero.

Antiguamente se pensó que provenía del griego halieut, que se corrompió en leúd, y de allí laúd. Hoy se considera que tiene su origen en el árabe andalusí al‘úd, y este en el árabe clásico ‘ūd.

barniz.- Disolución transparente de ciertas resinas en una sustancia volátil que se extiende sobre maderas, pinturas y otros objetos con el fin de abrillantarlos y protegerlos de la acción del sol, la atmósfera y oros agentes externos. Por extensión se denomina así a una capa superficial de algo inmaterial, como una cualidad o un conocimiento.

Se aplica asimismo a un baño que se da en crudo a la porcelana, a la loza y al barro, y que se vitrifica en la cocción, así como al baño o afeite con el que se componían el rostro las mujeres.

Del dialectal berniz, y este del bajo latín veronix, -icis ‘sandáraca’, procedente de Beronice, ciudad de Egipto de donde se traía esta resina amarillenta extraída del enebro y de otras coníferas. Está documentada por vez primera en castellano en el siglo XIII, en la forma verniz.

Si nos trasladamos a América, vemos que en Guatemala barniz y barnizada son sinónimos de regaño; que en la jerga delincuencial de El Salvador darse barniz significa procurar alguien que sea conocido por los demás y que en Argentina pasar el barniz es adular o halagar a alguien, generalmente por conveniencia.

foxtrot.- Baile de pareja enlazada, de ritmo binario, cortado y alegre, originario de los Estados Unidos, o su música.

Del inglés fox-trot ‘paso del zorro’, que en el siglo XIX hacía referencia a un trote equino lento, de pasos cortos. Los primeros escritos sobre el baile no parecían al tanto de la existencia de ese paso ecuestre de igual nombre y lo relacionaban más bien con otro baile: el turkey-trot ‘paso del pavo’, popularizado a principios del siglo XX también en norteamérica.

Cuando el diccionario de la RAE incluyó en 2001 este vocablo lo hizo también con la grafía fox-trot, que hoy ha desaparecido de sus páginas. El diccionario de Seco, Andrés y Ramos recoge a su vez la forma fox.

En Venezuela y en Puerto Rico se emplea con los significados de desorganización, alboroto, desorden… En este último país se utiliza igualmente la forma fostró. Además, en el primero se emplea la locución verbal coloquial armarle a alguien un foxtrot como sinónimo de echarle a alguien una reprimenda.

 

La cita de hoy

«Existe un placer en la amistad pura que no pueden alcanzar aquellos que han nacido mediocres»

Jean de la Bruyère

 

El reto de la semana

¿Con qué apelativo se refiere a sí mismo Nicasio que nos lleva a acordarnos de cangrejos, naipes, diamantes o pájaros?

 

(La respuesta, como siempre, en la página ‘Los retos’)

Paseando con nuevos amigos por Trasierra

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La amistad es uno de los temas recurrentes en el siempre fértil mundo de los refranes, adagios y sentencias. Por no hablar del inagotable filón de las citas de personajes célebres, para quienes opinar sobre este «afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato» resulta asimismo especialmente atractivo. En este mismo ámbito encontramos también con frecuencia el encomio de las antiguas amistades comparándolas con los libros, la leña, el vino…

Tomando este último ejemplo, y dejando al margen el hecho de que no todo caldo —como en ocasiones ocurre también con la amistad— envejece bien, el caminante aprendió hace ya tiempo que, al igual que hay vinos jóvenes que merece la pena descubrir, la vida no deja tampoco de ofrecer ocasiones para conocer nuevos amigos que enriquezcan «la bodega de nuestros afectos» (por seguir con el símil enológico). Tan solo se trata de ser capaces de abrir paladar y corazón; de salir de nuestra zona de confort; de ampliar horizontes que hagan nuestra vida más feliz. Al fin y al cabo, todo amigo fue nuevo en algún momento.

El paseante tuvo hace unos días —en torno a una mesa, claro. ¿Cabe mejor forma?— la ocasión de comprobarlo. De disfrutar de la compañía de personas que, por una carambola del destino, llegaron hace poco a su vida y que se han hecho ya acreedores por derecho propio de su cariño.

Pasearemos hoy de la mano de Carmen —nuestra invitadora— con Ángela, Fede y Rule por cinco palabras surgidas al calor de uno de esos pequeños momentos que al quedar guardados en nuestra memoria se van convirtiendo en los materiales con los que vamos construyendo nuestro propio camino.

anfitrión.- Cuando el diccionario de la RAE incorporó este vocablo en 1869 lo definía como «el que tiene invitados a su mesa y los regala con esplendidez». En la última edición comprobamos cómo este significado ha pasado a un segundo término —además de haber perdido en el camino el matiz valorativo, pues ahora es «la persona que tiene invitados a su mesa o a su casa»—. La primera acepción es ahora la de persona o entidad que recibe en su sede habitual o en su país a visitantes o invitados.

Para encontrar su origen debemos remontarnos a la mitología griega, donde encontramos a Anfitrión, rey de Tebas, casado con Alcmena, cuya figura y aspecto fueron suplantados por Zeus para yacer con ella, que de esa forma creía estar con su marido. De esa unión nacería Hércules.

Fue la adaptación del mito —que ya había sido llevado al teatro por Plauto en el siglo II a. C.— realizada por Moliére en su obra homónima estrenada en 1668 la que confirió a esta palabra el significado por el que la conocemos.

merino.- Del latín maiorīnus ‘de mayor tamaño o extensión’, ‘perteneciente a la especie mayor (en cualquier materia)’. Referido aquí a su sentido legal —otras acepciones nos llevan a una raza ovina, a un cuidador del ganado o a un tejido—, el Diccionario del español jurídico nos dice que se trataba de un oficial que ayudaba a la Administración de Justicia en actividades relacionadas tanto con temas gubernativos como de orden público y de policía judicial.

En lugares de realengo —aquellos que no eran de señorío ni de las órdenes— podían ser propuestos por los alcaldes o jueces, pero fue eminentemente una figura de nombramiento real.

El merino mayor era nombrado directamente por el rey y gozaba de una amplia jurisdicción. Solían ser nombrados para el cargo altos personajes de la nobleza, aunque con frecuencia era un lugarteniente o adelantado el que asumía las competencias. El merino menor, a su vez, ejercía sus funciones en un ámbito local o territorial.

a la federica.- Según el diccionario académico esta locución adverbial —que recoge así, en minúsculas, pese a lo cual no es raro encontrarla como a la Federica— hace referencia a la moda imperante en los tiempos de Federico el Grande de Prusia (1712-1786). Esta se caracterizaba por un gran lujo y boato.

Aún hoy los rejoneadores portugueses visten a la federica, con casaca, chaleco bordado, camisa de encaje con chorreras, calzón corto, medias blancas, botas altas de charol y tricornio. Las llamadas botas federicas son un tipo de bota larga de piel cuyo alto está ensanchado en la boca a la altura de la rodilla. Se emplean en equitación y también las calzan algunos motoristas.

Por su parte, un entierro a la federica es uno con gran boato en el que se transporta el ataúd del fallecido en un carruaje de caballos. En un artículo publicado en 1962 el escritor vallisoletano Miguel Delibes lo describía «con carrozas barrocas, caballos empenachados y aurigas con peluca».

rulemán.- Palabra del español de América que se emplea en Argentina, Paraguay y Uruguay —en estos dos últimos países también en la forma rúleman— para referirse al rodamiento, nombre que recibe en mecánica un cojinete formado por dos cilindros concéntricos entre los que se intercala na corona de bolas o de rodillos que pueden girar libremente.

Es un calco fonético —adaptación de un préstamo lingüístico adaptándolo fonéticamente a la lengua que lo recibe— del francés roulement, con el mismo significado, derivado de rouler ‘rodar’, que encuentra su origen etimológico en el francés antiguo ruele, roele, ‘rueda pequeña’.

La Academia Argentina de las Letras, mediante carta de fecha 16 de agosto de 1983, sugirió su incorporación al Diccionario de la Real Academia Española, lo que se produjo en la edición de 1992.

El también argentino Julio Cortázar emplea esta palabra casi una veintena de veces en Rayuela (1963), probablemente su novela más conocida y una de las obras clave del conocido como boom de la literatura hispanoamericana.

sollastre.- Tiene dos acepciones: pinche de cocina y pícaro redomado. Como ocurre en otras ocasiones, el Diccionario de autoridades (1739) resulta mucho más gráfico en su definición: «El criado dedicado à las cosas más baxas, y sucias de la cocina, à quien tambien llaman pícaro de cocina» y «Por alusión se llama al pícaro redomado».

Su oficio o actividad recibe el nombre de sollastría. Hasta la edición de 1869 el DLE incluía también la voz sollastrón, como aumentativo de sollastre —‘muy pícaro y redomado’ en las ediciones del siglo XVIII—.

Procede de sollar, verbo desusado que significa tanto «despedir aire con violencia por la boca» como «arrojar aire por medio de fuelles u otros artificios» y que procede a su vez del latín sufflāre ‘soplar’.

Es voz que encontramos en autores clásicos de nuestro idioma (Quevedo, Alemán, Torres Villarroel…) pero también en otros más contemporáneos: Gabriel Miró, Azorín, Bartolomé Soler, Cotarelo y Valledor o Eugenio Noel.

 

La cita de hoy

«Vinum novum amicus novus; veterascet, et cum suavitate bibes illud»

«Como vino nuevo es el amigo nuevo; envejecerá y lo beberás con agrado».

 Eclesiastés 9,10.

 

El reto de la semana

Jugando con las palabras, sus usos y sus diferentes sentidos, que eso se proponen también estos paseos, ¿con qué plato tradicional habría sido lógico regalarnos al terminar este paseo?

(La respuesta, como siempre, en la página ‘Los retos’)

 

Un paseo con Eduardo Pardo de Santayana de la Hidalga. In memoriam.

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Con ocasión del paseo que dedicamos en su día a la figura de Adolfo Suárez recordábamos aquella frase de Julio Camba en la que señalaba cómo en España normalmente hay que esperar a fallecer para que uno vea sus méritos y virtudes reconocidos por un consenso general.

Como toda regla, esta tiene sus excepciones. Y una de ellas es el protagonista de nuestro paseo de hoy, un hombre machadianamente bueno que nos dejó hace unos días y que sí pudo sentir en vida todo el afecto y reconocimiento que concitaba a su alrededor. Una de esas (muy) escasas personas de las que nunca has oído hablar mal a nadie y en las que la palabra bonhomía encuentra todo el significado que le atribuye el diccionario de la RAE.

Y es que a este doctor ingeniero de Minas, cuya vida estuvo enmarcada por una pasión —su familia— y una vocación —la enseñanza, que comenzó a practicar siendo aún estudiante y que con el tiempo le llevaría a ser durante «quince años, mes arriba, mes abajo», como diría él, director de la Escuela Técnica de Minas de Torrelavega—, bien podría aplicársele aquella máxima de Gustav Mahler: «Solo hay una educación y es el ejemplo».

El paseo «diccionaril» de hoy quiere rendirle un modesto homenaje de gratitud y cariño —el paseante tuvo la fortuna de pertenecer durante algún tiempo a su entorno— y nada mejor para ello que recorrer cinco palabras relacionadas con algunas de las aficiones con las que tanto disfrutó a lo largo de los años.

filatelia.- El DLE la define como el estudio y coleccionismo, por afición, de sellos de correros. También se llama así al establecimiento dedicado a la compraventa de esos sellos cuando tienen algún valor y de otros artículos de filatelia (pinzas, catálogos, lupas, álbumes…). Llegó al español desde el francés philatélie, de philo- ‘filo-‘ (‘amigo’, ‘amante de’) y el griego atéleia ‘exención de impuestos’, pues el sello indicaba que el envío debía realizarse sin más cobros, lo que eximía al destinatario de tener que pagar al recibirlo, como ocurría antes. Es una de esas palabras de las que conocemos su origen de manera fidedigna: fue acuñada por Gustave Herpin, uno de los primeros coleccionistas franceses de sellos, en un artículo publicado en el número de noviembre de 1864 de la revista Le collectioneur des timbres-postes. En algunos diccionarios de uso encontramos también la voz filatelismo, con el mismo significado que filatelia. La persona que la practica recibe los nombres de filatélico o filatelista.

saboneta.- Reloj de bolsillo cuya esfera, protegida por bisel y cristal, está cubierta por  una tapa metálica que los preserva del polvo, arañazos y otros posibles daños. Esa tapa se abre mediante un mecanismo de resorte que se activa con un botón, generalmente situado en la corona. Esta, al igual que la anilla de suspensión pueden encontrarse tanto en la posición de las 3 como en la de las 12, mientras que la bisagra de la tapa estará colocada a las 9 o a las 6 respectivamente. El DLE indica que el nombre procede del francés savonnette ‘jaboncillo’, lo que encuentra explicación en la similitud de la forma de este tipo de reloj con la de una cajita redonda de jabón. A pesar de que la RAE ya hacía referencia a ese origen en la edición de 1884, desde 1899 hasta 1992 el diccionario académico lo situaba en la voz italiana savonnetta; de Savona, ciudad de Italia donde se habrían fabricado por vez primera relojes con tapa sobre la esfera, lo que luego descartó.

colombofilia.- Del latín columba ‘paloma’ y el elemento compositivo —filia ‘afición, simpatía, o tendencia´. Se llama así tanto a la cría y el adiestramiento de palomas mensajeras como al conjunto de técnicas y conocimientos relativos a ello. Cuando el Diccionario de la lengua española incorporó este término en la edición de 1984 añadió a la definición de esta actividad un matiz deportivo que ya no recoge. La persona que se dedica a ello recibe el nombre de colombófilo, vocablo que alcanzó el reconocimiento académico ya en 1925 como sinónimo de palomero en su acepción de persona aficionada a la cría de estas aves. El paseante, como seguramente muchos miembros de su generación, descubrió esta palabra en su infancia gracias a los tebeos, pues el padre de los gemelos Zipi y Zape, protagonistas de una de las historietas más populares de la época en España, don Pantuflo Zapatilla, era catedrático de Numismática, Filatelia y Colombofilia.

vitola.- Su acepción más extendida hoy es la de un anillo de papel, usualmente de colores y dibujos vistosos, que rodea a un cigarro puro. Pero no es la única. Sirve asimismo para denominar el modelo de esos mismos cigarros puros según su longitud, configuración o grosor (en Honduras también a un anillo metálico que sirve para calibrar ese grosor); a una plantilla para calibrar balas de cañón o de fusil; a una regla de hierro para medir las vasijas en las bodegas o a una que se emplea en marina en la que se señalan las medidas de los herrajes necesarios para construir un barco. También hace referencia a la traza o el aspecto de una persona o una cosa y además, en algunos lugares, a la distinción o clase de alguna persona. En el periodismo deportivo es corriente encontrarse con la locución «vitola de favorito». La etimología de este término es incierta. Corominas considera verosímil que se incorporara a nuestro idioma desde el portugués, donde, con la forma bitola, se registra mucho antes. La afición a coleccionar vitolas de puros se conoce como vitolfilia (palabra que no cuenta con el aval de la RAE).

escopeta.- Arma de fuego portátil de uno o dos cañones largos que dispara cartuchos o perdigones. Destinada especialmente a la caza, se emplea también en competiciones de tiro al plato y al pichón. Se llama igualmente así a quien caza o tira con ella —aquel que tiene la caza como oficio es una escopeta negra—. Deriva del italiano schioppetto, diminutivo de schiòppo, con el mismo significado, propiamente ‘explosión, estallido’, procedente del latín scloppus ‘estallido que se produce con un dedo dentro de la boca’, de origen onomatopéyico. Forma parte de diversas locuciones, como estar con la escopeta cargada, es decir, en actitud hostil o verbalmente agresiva –por lo que cargarle a alguien la escopeta es indisponerle contra algo o alguien— ; aquí te quiero, o aquí te quiero ver, escopeta, que hace referencia a una situación en la que hay que superar una dificultad o salir de una situación complicada; tirar los pájaros a las escopetas, que da a entender que no es conveniente tratar de dirigir a otros de mayor saber y experiencia o fallar más que una escopeta de feria, con el sentido de fallar mucho o de no funcionar correctamente un aparato.

 

La cita de hoy

«Nobilitas morum plus ornat quam genitorum»

«La nobleza de carácter honra más que la de los padres».

Aforismo medieval.

 

El reto de la semana

¿En qué parte de un barco habría sido lógico leer nuestro paseo de hoy teniendo en cuenta quién es su protagonista?

(La respuesta, como siempre, en la página ‘Los retos’)

De paseo por Le Babachris

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Quienes tienen la costumbre de seguir estos paseos han podido comprobar en más de una ocasión que tanto Portugal como la comida se encuentran entre las predilecciones del paseante. Apegos estos dos que, además, le resultan muy fáciles de combinar, siendo un firme convencido de que es imposible no disfrutar del segundo estando en el primero.

Y como no todo allí van a ser bacalaos, tripas à moda de Porto, caldos verdes u otras preparaciones tradicionales, el destino, que en ocasiones decide hacernos un guiño por persona interpuesta, le llevó esta vez a descubrir, Le Babachris, un acogedor y sorprendente restaurante en Guimarães. Un concepto realmente innovador en el ambiente gastronómico vimarense resultado de una historia casi de película en la que el amor es el principal protagonista: el que sienten el uno por el otro sus dueños, Bárbara y Chris, portuguesa y balear que se conocieron en Francia; el amor por la ciudad; por la cocina; por la improvisación… Amor, en definitiva, que impregna la calidez que transmite un proyecto aún joven pero ya consolidado; en constante renovación, pero ya asentado.

Tres son las ideas fundamentales que inspiran y conforman esta apuesta, un buen ejemplo de que la vanguardia culinaria también puede arraigar y florecer en entornos tan históricos y tradicionales como el propio lugar que, no lo olvidemos, es la cuna de Portugal. Tres ideas que la magnífica cena que disfrutamos nos hizo interpretar de esta manera: Esencia, materializada en unos ingredientes sencillos, de mercado y de temporada, que trabajados con pasión y una creatividad respaldada por la experiencia —Simbiosis—  dan como resultado —Inspiración— unos bocados exquisitos cuya ejecución bien merece el calificativo de primorosa.

Pasearemos hoy por cinco vocablos sugeridos por la experiencia vivida —degustada más bien— en un local con cierto aire moderno que posee además la virtud de ser un lugar en el que la ausencia de distracciones sonoras permite potenciar con el de la conversación el placer de la comida.

santabárbara.- Término de marina que designa en una embarcación el compartimento destinado a guardar la pólvora, o la cámara por donde se comunica o se baja a él. En antiguos diccionarios náuticos se llamaba así también a una separación que en los buques de guerra de algún porte se hacía a popa, en la primera cubierta, para el juego de la caña del timón y como alojamiento de los oficiales mayores que ahora aparece como rancho de santa Bárbara en el DLE. Recibió este nombre por la costumbre de colocar en ese lugar una imagen de santa Bárbara, patrona de los artilleros. Virgen y mártir en Nicomedia, la tradición afirma que murió en el año 235 decapitada por su propio padre por haberse convertido al cristianismo. Él sería fulminado en el mismo sitio por un rayo poco tiempo después. Las locuciones verbales volar, o quemar, la santabárbara hacen referencia al hecho de adoptar una decisión extrema, sin tomar en consideración el daño que puedan causar los medios empleados.

carpacho.- La última edición del DLE ha incorporado esta adaptación a nuestro idioma de la voz italiana carpaccio —forma elegida cuando incluyó este vocablo por vez primera en 2001 y que sigue manteniendo—. Es un plato consistente en lonchas crudas de carne o pescado cortadas muy finas, maceradas en limón y aderezadas con aceite y parmesano o un poco de la salsa llamada «universale». (Nota al margen.- El paseante disfrutó en Le Babachris de uno delicioso de cerdo con crema de dicho queso). El nombre se debe a Giuseppe Cipriani, propietario del Harry’s Bar de Venecia, que en 1950 preparó esta comida para la condesa Amalia Nani Mocenigo, a quien el médico había prescrito una estricta dieta que excluía la carne cocinada. El color de la carne cruda le recordó al cocinero los tonos de los cuadros del pintor veneciano Vittore Carpaccio, en cuyo honor bautizó la nueva creación.

aguacate.- Del náhuatl ahuactl ‘fruto del aguacate’, ‘testículo’. Da nombre tanto a un árbol americano de la familia de las lauráceas como a, más frecuentemente, a su fruto. Este es comestible, de piel verde y rugosa, como tallada en pequeñas caras y pulpa mantecosa. De su forma da idea el origen de la palabra. También se denomina así a una esmeralda con forma de perilla. Además, en el español de América se ha utilizado para referirse metafóricamente a los testículos —Honduras, Nicaragua—; a los senos —Honduras—; a un miembro de la policía —Colombia—; a un varón que realiza el servicio militar —Cuba—; a alguien de carácter débil, poco animoso —El Salvador, Guatemala— o a aquel que resulta poco inteligente —Costa Rica, Cuba, El Salvador—. A su vez, la locución verbal parecer vara de bajar aguacates se aplica en Honduras a una persona que es muy alta y delgada. El aguacate es el ingrediente principal del guacamole.

azafrán.- Planta iridácea cuyos estigmas, que reciben el mismo nombre, se utilizan, además de en medicina, como condimento y para dar color amarillento a la comida. Desde 1970 el diccionario académico recoge también —como ya hiciera en las ediciones de 1803 y 1817—la forma zafrán. Procede del árabe andalusí azza’farán, y este del árabe clásico za’farān. Más poético resulta el origen de su nombre científico: Crocus sativus. Sebastián de Covarrubias recoge en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611) que contaban los poetas que había un muchacho llamado Croco que estaba enamorado de una ninfa de nombre Smilace. Y «fue tan excesiva su pasión que derretido en su amor se convirtió en una flor amarilla, la cual conservó su nombre». Se llama también azafrán al color anaranjado semejante al que se obtiene del estigma de la planta —es el de las túnicas de los monjes budistas— y, en marina, a un madero que forma parte del timón.

cristiano.- Del latín christianus, procedente del griego christianós, de Christós, propiamente ‘ungido’. Se predica de lo relativo o perteneciente a la religión de cristo y de quien profesa su fe. De forma coloquial, aunque se encuentra en desuso, también se llama así al vino aguado. Como sustantivo es sinónimo de prójimo, hermano, ser humano, persona… Es término que aparece en numerosos dichos y locuciones. Hablar en cristiano, por ejemplo, significa hacerlo de una forma claramente comprensible para todos o en el idioma que todos entienden: el castellano, y todo cristiano se emplea para referirse a «todas las personas, todo el mundo». En España, durante el Antiguo Régimen (último tercio del siglo XV al primero del XIX ) se conocía como cristiano viejo a quien no tenía ascendientes musulmanes, judíos o no cristianos en general, en contraposición al cristiano nuevo, persona que se convertía y era bautizada de adulta.

 

La cita de hoy

«Funcionamos como una escuela porque formamos el paladar de las personas».

 Christian Rullán

 

El reto de la semana

Usando coloquialmente la cabeza, ¿con qué fruta —con la que además estaba elaborada la gelatina que acompañaba al carpaccio al que antes aludíamos— nos regalaríamos al terminar el paseo de hoy?

 

(La respuesta, como siempre, en la página ‘Los retos’)

Paseando con Mariela

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Si algo ha aprendido el paseante con el paso de los años es que pocas decisiones en la vida merecen la categoría de inalterables, por más firme que fuera nuestro propósito al formularlas. Lo iba recordando, con una sonrisa irónica, mientras se acercaba a la Feria del Libro madrileña un domingo por la tarde -¡último de la feria, además!-, día de la semana y horas de los que había abominado enfáticamente hace algunos años para acudir al Paseo de Coches del parque del Retiro. Sin embargo, esta vez había un motivo que lo justificaba: Yolanda Guerrero iba a estar firmando ejemplares de Mariela, una novela protagonizada por una mujer excepcional, que el autor de estos paseos quería regalar, dedicada por la autora, a otra mujer especial.

Una historia con nombre propio que es en realidad un personaje coral, pues no deja de ser la encarnación de un sinnúmero de mujeres que a lo largo de la historia no han dejado de escribirla, por más que su papel haya sido ninguneado hasta la extenuación y se les haya relegado a la «letra minúscula» de las crónicas. A lo largo de sus páginas seguiremos las peripecias de la protagonista por un mundo que comenzaba a nacer cuando el anterior agonizaba entre terribles espasmos. Nacida en las faldas del Moncayo y depositaria de una larga tradición de lo que hoy denominamos sororidad, enfermera en una época convulsa —I Guerra Mundial, revoluciones en Rusia, Alemania…—, dedicará su vida a combatir la mal llamada «gripe española», su Bestia particular, la epidemia que causó en la época infinitas bajas más que todas las batallas juntas.

No vamos a destripar aquí una historia cuya lectura, huelga decirlo, recomienda humildemente el paseante a quienes tienen la amabilidad y la curiosidad suficientes para acompañarle en estas excursiones por el diccionario. Baste decir que Mariela, con sus ideas y convicciones, como buena aragonesa, claras y bien asentadas, convierte el ejemplo de su lucha por la vida de los demás en un firme alegato antibelicista; que con ese combate extenuante nos recuerda que mucho antes de que se pusiera de moda la palabra empatía existió siempre un sentimiento mucho más profundo: la compasión; que, a pesar de lo que pueda asegurar algún tontivano mediático, aún queda mucho por hacer hasta alcanzar la igualdad real entre mujeres y hombres…

Vayamos, pues, a pasear de su mano, desde Madrid hasta Berlín, desde el barro de las trincheras hasta los cielos de Rusia, por cinco palabras entresacadas de la historia de una mujer fuerte en la que, estamos seguros, todos podemos reconocer algún rasgo de otras a las que hemos tenido la fortuna de conocer.

alambique.- Palabra que nos retrotrae al paseo anterior, pues es frecuente encontrarla en el ámbito de la alquimia. Utensilio que se emplea para destilar, consistente en un recipiente o caldera en donde se calienta el líquido y en un conducto en el que se refrigera el vapor para condensarlo y por donde sale el producto de la destilación. En Andalucía y en muchos países americanos se utiliza también como sinónimo de fábrica de aguardiente, en algunos lugares con el matiz de hacerse clandestinamente y en otros de forma rudimentaria. En Bolivia y en Cuba se llama así también metafóricamente a alguien que consume mucho alcohol. Deriva del árabe andalusí alanbíq, procedente del árabe clásico inbīq, tomado del griego ámbix, -ikos. La locución adverbial por alambique significa con escasez o muy poco a poco.

káiser.- Dignidad por la que eran conocidos los emperadores de Alemania y de Austria. Curiosamente, este vocablo no se incorporó al Diccionario de la lengua española hasta la edición de 1970, cuando hacía ya más de medio siglo que no reinaba ningún emperador en tierras germánicas. También da nombre, aunque sin el aval académico, a un tipo de bigote con más cuerpo que el tradicional: una vez conseguidos la longitud y el espesor deseados, se procede a encerar las puntas y a moldearlas hacia arriba. En Chile, en la forma kayser, sirve para denominar a la decimotercera carta de cada palo de la baraja inglesa, la que tiene dibujada la figura del rey. Del alemán Kaiser, que a su vez lo hace del alto alemán antiguo keisar, este del gótico *kaisar, y este del latín Caesar ‘césar, emperador’, sobrenombre de una rama de la familia romana Julia. Este dio también origen a la palabra zar, soberano de Rusia o de Bulgaria, que asimismo encontramos en las páginas de Mariela.

cuchitril.- Término este que nos va a permitir pasear un buen rato por el Diccionario académico. Tras definirlo como una habitación estrecha y desaseada nos indica que procede de cochitril, que se emplea también coloquialmente para referirse a la pocilga y que deriva a su vez de cocho y de cortil. El primero, que sirve tanto para nombrar a la propia pocilga como al cerdo, encuentra su origen en coch, voz con la que se llama a este mamífero; por su parte, cortil ‘corral’, del latín cors, cortis o cohors, cohortis ‘cohorte’, lo halla en corte, en su acepción de establo donde se recoge de noche el ganado. El Diccionario de americanismos muestra que en algunos países también se llama cuchitril a una pequeña tienda, un cafetín, un taller o una casucha. Es sinónimo de timberiche, que a este lado del Atlántico el DLE recoge como cubanismo con la forma timbiriche.

Entre Escila y Caribdis.- Expresión utilizada para expresar figuradamente la situación en que se encuentra alguien que no puede evitar un peligro sin caer en otro, posiblemente incluso mayor. En la antigüedad el estrecho de Mesina —que separa Sicilia y la península itálica— resultaba extremadamente peligroso de cruzar por sus escollos y por el remolino que allí se formaba. La mitología clásica identificó estos accidentes con dos monstruos: Caribdis, hija de Poseidón y Gea, castigada por Zeus por haber devorado los bueyes de Hércules, que tres veces al día absorbía las aguas del mar —incluyendo los navíos que navegasen por ellas— para vomitarlo todo poco después, y Escila, una ninfa convertida en un ser monstruoso con cuerpo de mujer de cuya cintura surgían seis feroces perros, que devoraba a los navegantes que lograban escapar de Caribdis.

iperita.- Arma química en forma de gas tóxico asfixiante a base de sulfuro de etilo, de color amarillento —motivo por el que es conocida también como gas mostaza—, que causa efectos corrosivos en las membranas mucosas, y en la piel en forma de ampollas muy dolorosas y persistentes. Se utiliza con los objetivos de contaminar el campo de batalla e incapacitar al enemigo, pero puede llegar a resultar mortal. Tras su irrupción se empezó a combatir con máscaras antigás. Tomada del francés ypérite, derivado del nombre de la villa belga de Ypres —en flamenco Yper—, lugar donde fue utilizada por primera vez por el ejército alemán en abril de 1915. El Diccionario académico, al igual que otras fuentes, señala el año 1917, confusión sin duda inducida por el hecho de que en ambos años, al igual que en 1914 y en 1918, se disputaron sendas batallas en aquel entorno. Esta voz también tardó en ser incluida en el DLE: en su caso tuvo que esperar a 2001.

 

La cita de hoy

«No se olvida lo que se lleva en el corazón. Solo es necesario elegir bien lo que guardamos en él y expulsar a quienes no merecen ocupar su espacio».

Mariela

Yolanda Guerrero

 

El reto de la semana

Ya que las andanzas de Mariela nos llevan en primera instancia a su Moncayo natal, ¿qué animalillos, comunes por esos lares, podríamos habernos encontrado en nuestro paseo de hoy, incluso aunque fuéramos distraídos?

 

(La respuesta, como siempre, en la página ‘Los retos’)

Paseando con El Alquimista

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Una reciente visita a su querida Salamanca le ha servido al paseante para rememorar el título de uno de aquellos libros sobre esoterismo y otros mundos que tan en boga estaban en su ya lejana infancia lectora: La alquimia, ¿superciencia extraterrestre?, en el que los autores se preguntaban si los secretos de la energía y la materia habían sido ya descubiertos en otros puntos del espacio o del tiempo.

Y lo recordó porque tuvo la fortuna de disfrutar de la cocina del restaurante El Alquimista, el lugar donde César, Sandra y su equipo demuestran que con mucha vocación, sin necesidad de extender alfombras rojas y manteniendo los pies en la tierra a la hora de plasmar ese arte que consiste en la preparación de una buena comida, como define el DLE la gastronomía, es posible, buscando el contrapunto entre lo tradicional y lo moderno, lograr sabores tan intensos como ligeros, de esos que pasan a alojarse sin remedio en nuestra memoria sensorial. Si a ello unimos un magnífico servicio en una sala en la que te ves envuelto por un huerto vertical, una ola de platos de cerámica surcando la pared o coladores haciendo las veces del cañamazo de labores de punto de cruz… el resultado no puede ser otro que estar deseando ya regresar, mucho más pronto que tarde, en una nueva ocasión.

«Hay otros mundos, pero están en este», dejó escrito el escritor surrealista Paul Éluard, así que hoy pasearemos por cinco palabras encontradas en este local que, situado en «la plaza más bonita de Salamanca», según el parecer de sus propios creadores, nos confirma que en la capital charra existen otros universos muy merecedores de nuestra visita más allá del entorno de la Plaza Mayor.

alquimista.- La persona que practicaba la «alquimia» o lo referido o perteneciente a ella. Esta, cuyo nombre deriva del árabe andalusí alkímya, este del árabe clásico kīmiyā[‘], y este del griego chymeía ‘mezcla de líquidos’, consiste en una serie de experiencias, entreveradas con elementos esotéricos y mágicos, tendentes a la consecución de la transmutación de la materia. Surgida en los siglos III y IV, se trataba sustancialmente de un proceso simbólico en el que se buscaba la obtención de oro —a partir de otros metales— como símbolo de la iluminación y de la salvación. En el Diccionario académico nos encontramos con quien fue considerado uno de los más destacados alquimistas de su época: el filósofo Raimundo Lulio (1235-1315), presente en él a través de los términos «lulismo» —tendencia filosófica y mística basada en su obra— y «luliano» —lo perteneciente y relativo a él o a dicha tendencia—. Por otra parte, en México se emplea «alquimia» para referirse con carácter festivo a un fraude electoral.

aguachile.- Cuando el Diccionario de la lengua española incorporó este término en 2001 se limitó a señalar, además de su origen mexicano, que se trataba de un «caldo aguado de chile». En la última edición incorpora la definición que aparece en el Diccionario de americanismos y que resulta mucho más concreta: «caldo aguado de chile, tomate, camarón y especias». El nombre de este plato típico de la costa occidental de México, del que existen hoy múltiples variantes, está compuesto por las palabras «agua», del latín aqua, el líquido que es el componente más abundante en la superficie terrestre y que cuando se encuentra en estado puro es transparente, incoloro, insípido e inodoro, y «chile», del náhuatl chilli, nombre que recibe en varios países americanos el pimiento. Ingrediente principal de la cocina mexicana y símbolo de su identidad, en este país norteamericano existen hasta 50 tipos distintos.

remolacha.- Cultivo tradicional del campo salmantino, es una planta herbácea anual con tallo derecho y ramoso, hojas grandes, flores pequeñas, fruto seco y raíz grande, carnosa y encarnada, que es comestible. De ella se extrae azúcar —«remolacha azucarera»— y sirve como alimento del hombre y del ganado —«remolacha forrajera»—. Del italiano ramolaccio ‘variedad cultivada del rábano silvestre’, derivado del latín armoracium, y este del galo are more ‘cerca del mar’. Es también conocida como «betarraga», tomada del francés betterave, que con sus diversas variantes —«betabel», «beterava», «beterraga»…— es el término que pasó a América. El Diccionario de autoridades (1726) —en donde ambos términos aparecen documentados por vez primera en nuestra lengua— la definía, mientras que en remolacha se limitaba a remitir a ella. En nuestros días el DLE lo hace a la inversa.

hummus o humus.- Otro vocablo gastronómico que ha llegado al Diccionario de la lengua española en el siglo XXI. En este caso, en la conocida como edición del Tricentenario (2014). Originariamente se trata de una pasta de garbanzos aderezada con tahini —crema elaborada con semillas de sésamo molidas—, aceite de oliva, ajo y limón básicamente. En ocasiones se le añade también alguna especia picante. Plato muy popular en todo el Oriente Medio y algunas otras regiones del mediterráneo, se especula con que puede tener su origen en Egipto, donde la presencia del garbanzo en su cocina se remonta al Imperio Medio —hace 4000 años—. En su segunda forma no debe confundirse con la palabra homógrafa «humus», derivada del latín humus ‘tierra’, ‘suelo’, que hace referencia al mantillo, la capa superior del suelo formada por la descomposición de restos vegetales y, en menor medida, de animales.

mostaza.- Planta de las crucíferas con numerosas semillas de sabor picante que se emplean en cocina y en medicina. También se denomina así a la propia semilla, a la salsa que se elabora con ella y a un tipo de munición de perdigón de pequeño tamaño. Curiosamente, el nombre deriva del adjetivo latino mustaceus ‘de mosto’, por el condimento con que se elaboraba la salsa para mitigar su picor, y no, como parecería más lógico, de sināpi, nombre latino de la planta. Este, que a su vez procede del griego sínapi, sí se encuentra en el origen de «sinapismo», como ya vimos en su momento y de otro nombre que recibe la mostaza en nuestra lengua: «jenabe» —también en las formas «ajenabe», «ajenabo» y «jenable»—, del árabe andalusí *aššinab, evolución de la voz latina. Aunque sin gozar del aval académico, mostaza se emplea también para referirse a un color amarillo oscuro similar al de sus flores.

 

La cita de hoy

«Salamanca siempre deja un buen sabor de boca».

César Niño

El reto de la semana

Ya que hemos visitado México en nuestro paseo de hoy, ¿con qué licor —presente en la carta de El Alquimista, por supuesto— puro, es decir, que no es mezcla, podemos brindar hoy al terminar el paseo?

(La respuesta, como siempre, en la página ‘Los retos’)

Paseando con Sheila Blanco

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Es el paseante un firme convencido de que hay en la vida momentos en los que ni siquiera los más escépticos pueden negar que la magia es mucho más que una fantasmagoría y se materializa más allá de nuestro pensamiento. Y ha tenido recientemente -en compañía, además, de quien logró hacer aún más intenso el hechizo- la afortunada oportunidad de encontrarse inmerso en uno de ellos: el recital poético que brindó Sheila Blanco en el Museo Casa Lis de Salamanca. Un concierto en el que, para ser escrupulosos con lo realmente ocurrido, los allí presentes no pasearon en realidad con la artista, sino con las voces de varias poetas de la Generación del 27 a las que ella, transmutada en médium, guio hasta dentro de ellos.

Un octeto de mujeres de orígenes y peripecias vitales muy diversas -sumergiéndonos en sus biografías encontramos quien fuera discípula de Juan Ramón Jiménez y quien fuera musa de Antonio Machado; la que se convertiría en la primera mujer en ingresar en la Real Academia Española y aquella que desapareció sin dejar rastro con sus problemas mentales a cuestas; la casada en contra de su voluntad y la que lo hizo con otro compañero de generación; la forzada al exilio y la que lo sufrió sin abandonar España…- que comparten, sin embargo, el sinsabor de haber visto su obra, y en muchos casos su propia vida, preterida por su propia condición femenina.

Pasearemos hoy por cinco palabras -las herramientas, al fin y al cabo, de nuestras protagonistas- escuchadas ese atardecer junto al Tormes en la voz de quien, a medida que iba conociendo sus historias, decidió volcar la rabia que le producía esa injusta postergación en vindicar su figura, sus poesías, a través de la música. Y como el objetivo último no es otro que ayudar a descorrer cada vez más ese velo del olvido será de justicia que figuren aquí, negro sobre blanco, los nombres de estas autoras: Josefina Romo Arregui; Concha Méndez; Margarita Ferreras; Elisabeth Mulder; Dolores Catarineu; Pilar de Valderrama; Carmen Conde y Ernestina de Champourcin.

granada.- Del latín [malum] granatum ‘manzana, fruta granulada’, en última instancia de granum ‘grano’. Es el fruto del granado -árbol que recibe su nombre de ella-. Tiene forma de globo y una cáscara amarillenta que envuelve numerosos granos muy jugosos de color rojo. Por similitud, también se denomina así a un proyectil metálico hueco que se dispara con una pieza de artillería e, históricamente, a una bola -que podía ser de hierro, bronce, vidrio o cartón-, rellena de pólvora, con una espoleta, que portaban los granaderos para arrojarla encendida al enemigo. Este artefacto evolucionó hacia el que hoy se conoce como granada de mano. Los Reyes Católicos incorporaron el fruto a su escudo como símbolo del reino nazarí homónimo, el último en ser conquistado -1492- a los musulmanes. Esa inclusión heráldica quedaría reflejada en el diccionario, pues su presencia en el blasón de los monarcas dio nombre al excelente de la granada, moneda de oro de gran calidad acuñada a partir de 1497 y que supuso la innovación de abandonar el patrón oro de origen musulmán imperante hasta entonces y sustituirlo por el sistema de medidas del ducado veneciano.

carbunclo.- Aunque también se denomina así al carbunco, una enfermedad del ganado transmisible al ser humano -en el que se denomina ántrax maligno- y al cocuyo, un insecto de la América tropical, su primera acepción, que remite a la forma carbúnculo, es la de rubí, la piedra preciosa de color rojo y brillo intenso. Ese fulgor se encuentra en el origen de su nombre, que deriva del latín carbuncŭlus ‘carboncillo’. Ese mismo es el motivo por el que los poetas lo hayan empleado para referirse en sentido figurado a estrellas, ojos vivos, faroles… Sin salirnos del campo literario, resulta curioso que a pesar de su característico color rojo encontremos en la obra del Marqués de Santillana (1398-1458) Comedieta de Ponza el verso «de verde carbunclo al medio esmaltada» o que Arthur Conan Doyle (1859-1930) titulara El carbunclo azul una de las aventuras de Sherlock Holmes. Claro que, si nos adentramos en el terreno de las leyendas, encontramos que en la antigüedad se creía en la existencia de un animal fabuloso en cuya cabeza crecía esta piedra, piedra que en otras culturas se aparecía refulgente de noche y guiada por ánimas a los viajeros para indicarles la localización de un tesoro.

guadaña.- Instrumento para segar a ras de tierra que se maneja con las dos manos y está constituido por una cuchilla larga y  curvilínea unida por su lado más ancho a un mango también largo. Iconográficamente se emplea como atributo de las alegorías de la muerte y, como ocurre en general con las armas curvas, simbólicamente es lunar y femenina. Es vocablo que ha sufrido un azaroso viaje por el Diccionario académico a la hora de constatar su origen etimológico: si Autoridades (1734) citaba a Covarrubias (1611) para atribuirlo al italiano guadagno «que significa ganancia, por la que acarrea ordinariamente a los que se sirven de este instrumento», en sucesivas ediciones encontraremos como posibilidad el árabe cotád ‘instrumento cortante’ (1884), el también árabe cobdán ‘garfios’ (1899) o el gótico *waithaujan (1984). Entre medias, en 1914 lo consideraba derivado de guadañar ‘segar el heno o hierba utilizando la guadaña’, que procedería a su vez del germánico waidanyan. Tras la edición de 1992, en la que se admití que era de etimología discutida, la de 2001 sienta la que se sigue recogiendo hasta nuestros días: del germánico *waith-, a su vez acaso del gótico *waithô ‘prado, pastizal’.

gitana.- Mujer que pertenece a un pueblo originario de la India, hoy día extendido por numerosos países, que mantiene en parte su carácter nómada y sus costumbres y tradiciones culturales. Esta voz es una buena muestra de cómo los diccionarios recogen el uso que se hace de la lengua y no el que debería, teóricamente, ser el correcto, pues el DLE incluye entre las acepciones de gitano la de trapacero -es decir, alguien que engaña, que estafa-, concepción producto de la secular discriminación que este pueblo ha sufrido y que encuentra su reflejo en el idioma, si bien la RAE incluyó en octubre de 2015 una nota de uso advirtiendo de su carácter ofensivo o discriminatorio. Gitana se emplea también en sentido figurado para referirse a quien tiene arte y gracia para ganarse las voluntades de otros, si bien en este caso tiene un carácter elogioso.  Por otra parte, si nos ceñimos al ámbito lingüístico que inspira estos paseos encontramos que el Diccionario académico alberga decenas de palabras que tienen su origen en el caló -la variedad hablada en España, Portugal y Francia del romaní, la lengua gitana-, como burel, chori o jindama, por las que ya paseamos en su día.

café.- Del italiano caffe, idioma al que llegó desde el turco kahve, y este del árabe clásico qahwah, nombre que se aplicaba al café y al vino. Semilla del cafeto -árbol a veces también llamado así-, se denomina así por extensión a la bebida que se hace con ella tras tostarla, a un vaso o taza de esa bebida, y a nombre también al establecimiento en que esta se despacha y consume, que si además ofrece pequeñas obras escénicas se convierte en un café teatro;  en café cantante si se interpretan canciones de carácter frívolo o en café concierto si tiene música en vivo, mientras que en Chile se denomina popularmente café con paquete a uno atendido por jóvenes semidesnudos. En algunos países americanos café es también una reprimenda áspera. Esta palabra forma parte de diversas locuciones, como «café para todos», con la que se indica que un grupo de personas recibe el mismo trato, sin hacer diferencias; «estar de mal café», es decir, de mal humor, o «ser de café con leche», empleada en Cuba para referirse a una persona vulgar, a alguien del montón.

 

La cita de hoy

«Si derribas el muro

de todas las mentiras

¡qué jubilo de amor

abierto sobre el mundo!

¡Qué horizonte sin nubes

en la cumbre del cielo!». 

Ernestina de Champourcin

El reto de la semana

¿Qué flor habría sido de lo más natural encontrarnos en nuestro paseo de hoy??

(La respuesta, como siempre, en la página ‘Los retos’)

Paseando “A finales de enero”

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Por una de esas extrañas sincronicidades que a veces se cruzan en nuestro camino el paseante se dio de bruces con la noticia del fallecimiento de Alfredo Pérez Rubalcaba -con quien se ha verificado una vez más el aserto de Julio Camba que recordábamos con ocasión del paseo que dedicamos a Adolfo Suárez in memoriam– apenas unos días después de terminar de leer, casi del tirón, un libro para el que el político socialista había sido entrevistado. Uno de esos libros que solo te regala alguien que te conoce muy bien, que sabe leer muy bien tu interior y que es plenamente consciente del impacto que va a causar en ti.

Su título, A finales de enero, se completa con un subtítulo que deja claro desde la misma portada qué va a encontrar quien se adentre en él: La historia de amor más triste de la Transición. Una crónica, que no una hagiografía, en la que se entrelazan episodios de un pasado político de España no tan lejano -aunque algunos parecen haberlo olvidado demasiado pronto- con el tristísimo destino personal de sus tres protagonistas: Enrique Ruano, Dolores González y Francisco Javier Sauquillo, cuyas vidas, cuyas muertes, parecen directamente sacadas de una de esas tragedias griegas en las que, como afirmaba Menandro, aquellos que son amados por los dioses mueren jóvenes y, añadiríamos nosotros, su historia termina por convertirse en mito.

Como modesto homenaje a todos aquellos que se dejaron literalmente la vida, de golpe o a plazos, para que hoy podamos vivir las nuestras en libertad el paseante, que al hilo de la lectura ha recordado que la primera carta al director que le publicó el diario EL PAÍS estaba dedicada al vigesimoquinto aniversario de la muerte de Enrique, quiere dedicarles el paseo de hoy, recorriendo cinco palabras encontradas entre unas páginas que trascienden con mucho la historia que albergan, porque es cierto que existiremos mientras nos recuerden.

franquismo.- Nombre del sistema político instaurado por el general Francisco Franco (1892-1975) tras la Guerra de España (1936-1939). Este término ilustra a la perfección cómo la Real Academia Española refleja en sus obras la evolución social del idioma. En la primera ocasión en que se recoge, en el Diccionario manual (1984) -concebido como un compendio y, al mismo tiempo suplemento de su «hermano mayor»- es considerado como el ‘Régimen político del general Franco y características de su gobierno y cuerpo de doctrina’; la edición de 1992 del Diccionario de la lengua española va un paso más allá y lo define como ‘Movimiento político y social de tendencia totalitaria’, mientras que desde la de 2014 se califica como ‘Dictadura de carácter totalitario’. En la obra académica aparecen también los derivados franquista, antifranquismo y antifranquista, posfranquismo y posfranquista -también con las formas postfranquismo y postfranquista– y tardofranquismo, todos ellos con significados fáciles de deducir.

estrambótico.- Coloquialmente, algo extravagante, que se aparta de los usos y costumbres, llegando a resultar estrafalario, curioso, llamativo, ridículo incluso; es decir, sin orden, irregular. Asimismo, se ha aplicado a aquello que está fuera de lugar: a la cosa o a la persona caprichosa y excéntrica que intencionadamente adopta un comportamiento chocante con objeto de provocar. Deriva de estrambote -y este a su vez del italiano strambòtto-, un conjunto de versos que, bien con carácter festivo, bien por gracia o chiste, o incluso por mero adorno y lucimiento se añaden al final de una composición poética, especialmente del soneto. Corominas aventura que nuestro adjetivo quizá viniera ya formado de Italia -está documentado su uso al menos en la región de Calabria-, donde los dialectos modernos, además del significado lírico antedicho, mantienen para strambòtto el de ‘disparate’, ‘tontería’, ‘broma’. En el concejo asturiano de Cabrales se emplea con la forma estrompético, mientras que en algunos países americanos encontramos la deformación estrambólico.

maremágnum.- Del latín mare magnum ‘mar grande’, originariamente se empleaba en el lenguaje familiar para hacer referencia a la grandeza o abundancia de algo. Más tarde incorporó también el sentido de ‘gran cantidad de personas o cosas en desorden o confusión, especialmente con voces, gritos o ruido’. Cuando el Diccionario de la lengua española incorporó este vocablo en 1803 lo hizo en la forma mare magnum -que a partir de la edición de 1832 pasó a tildarse: mare mágnum-, grafía desaconsejada por el Diccionario panhispánico de dudas (2005). Desde 1925 el DLE recoge también maremagno, forma hispanizada que según podemos leer tanto en el citado DPD como en la Nueva gramática de la lengua española (2009-2011) debe preferirse a la variante etimológica latina. Maremágnum (1957) será el título escogido por el miembro de la Generación del 27 Jorge Guillén (1893-1984) para un volumen de poemas en los que se muestra reflejada precisamente la falta de armonía, la «batahola de feria» como escribe en uno de ellos.

fanfarria.- Vocablo que corresponde a una doble significación: por un lado, da nombre a un conjunto de música -que el Diccionario académico califica como «ruidoso»- formado únicamente por instrumentos de metal y de percusión, así como el tipo de composición que suele interpretar, inspirado históricamente en aires marciales y de caza -un ejemplo contemporáneo de esto lo encontramos en la Fanfarria para el hombre corriente (1942) compuesta por Aaron Copland en homenaje a los combatientes aliados en la II Guerra Mundial-; por otro lado, se utiliza coloquialmente para referirse a una bravata, una baladronada e, igualmente, a aquel que se jacta, que se vana de algo. Estas últimas acepciones se encuentran en línea con el verbo del que el DLE lo hace derivar: fanfarrear -es decir, fanfarronear-, con origen en la onomatopeya fanfarr. Con este mismo sentido también encontramos en diversos puntos de España las variantes fanfarrias, fanfarriero, fanfarrioso o fanfarrista. Por su parte, en la República Dominicana  fanfarria es una forma de denominar festivamente a una orgía.

rocambolesco.- Se predica de una circunstancia, hecho, situación o peripecia, generalmente en serie con otros, de carácter tan extraordinario, caprichoso, paradójico o exagerado que resultan a la postre inverosímiles y parecen de ficción. Este término encuentra su origen en un personaje creado por el prolífico -escribió en torno a doscientas novelas y folletines a lo largo de veinte años- autor francés Pierre-Alexis de Ponson du Terrail (1829-1871): Rocambole, un malhechor que devendrá héroe justiciero al margen de la sociedad. Una mezcla de bandido y aventurero romántico que marcó la transición entre los héroes de la novela gótica y los de la moderna, dotados de personalidades más complejas. El nombre pudo ser tomado por el novelista de rocambole, una planta que se emplea en sustitución del ajo, en su sentido figurado de ‘atractivo picante’ de alguna cosa, que llegó al francés, de donde pasó a su vez a nuestro idioma: rocambola– desde el alemán regional Rockenbolle, compuesto de Rocken, forma antigua de Roggen ‘centeno’ y de Bolle ‘cebolla’.

 

La cita de hoy

“Nada graba tan fijamente en nuestra memoria alguna cosa como el deseo de olvidarla”. 

Montaigne

 

El reto de la semana

¿Qué periódico, cuyo tratamiento informativo de la muerte de Enrique Ruano entraría por derecho propio en una historia universal de la infamia periodística, podríamos habernos encontrado en nuestro paseo de hoy por estar su nombre recogido tal cual en el diccionario?

(La respuesta, como siempre, en la página ‘Los retos’)

De paseo por la Fantasmagoría

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Cuando hace ya algo más de un año, a resultas de una exposición de Manolo Blahnik, hacíamos referencia por aquí  a la locución ponerse en los zapatos de alguien no podía el paseante imaginar siquiera que tardaría tanto en poder calzarse los suyos propios para retomar estos paseos, a los que en todos estos meses solo se pudo asomar en contadas ocasiones.

Libre al fin de muletas físicas, se ha echado de nuevo a los caminos para volver a conectarse a una realidad que mantuvo durante todo ese tiempo extramuros de la burbuja propiciada por la convalecencia. En ello estaba cuando se ha dado de bruces con el guirigay atronador, causado por la inminencia de las diversas citas electorales, producido por una avalancha de noticias falsas o falseadas –fake news, que diría algún papanatas- que no pretenden sino crear ilusiones y confundir los sentidos… Lo que le ha llevado a su vez a preguntarse por el motivo de que mentiras en muchas ocasiones palmarias alcancen cada vez más altos niveles de aceptación en nuestras sociedades supuestamente bien informadas.

Ha venido entonces a su memoria lo que leía hace un par de años en uno de los libros más singulares que ha tenido la fortuna de disfrutar en mucho tiempo: Fantasmagoría. Magia, terror, mito y ciencia, en el que el siempre sapiente Ramón Mayrata nos muestra cómo desde los tiempos más antiguos “una alucinación que se comparte con otro o con la colectividad se convierte en una realidad” y cómo, según aseguraba el filósofo francés Jacques Derrida, “lo relevante en la mentira no es nunca su contenido, sino la intencionalidad del que miente”.

Una vez recordado esto, decide entonces el paseante tomar esta senda, la del mundo de la creación de apariciones, mucho más gratificante que la de la «realidad», y volver no sobre sus pasos sino sobre las páginas de tan singular volumen -una historia de la humanidad contada desde la perspectiva de la ilusión y lo fantasmagórico; de lo mágico, en suma- para hacer aparecer, cual juglar cazurro transmutando estas líneas en linterna mágica, cinco palabras contenidas en él que pasan ya a convertirse en nuestro paseadero de hoy.

fantasmagoría.- Se llamó así al arte de representar figuras en la oscuridad por medio de proyecciones luminosas e ilusiones ópticas. Cuando este espectáculo de magia, pues de eso se trataba inicialmente, «nace» en la última década del siglo XVIII esas figuras estaban constituidas en gran medida por criaturas invisibles, espectros… De ahí su nombre, un neologismo acuñado en Prusia y pronto adoptado en Francia -desde cuya lengua llegó a la nuestra-  con la forma fantasmagorie, creada a partir de fantasme ‘fantasma’ y una terminación que algunos justifican por allegorie ‘alegoría’ -la ficción por la que algo representa o significa algo diferente- y otras opiniones atribuyen al griego agorá ‘ágora’ -lugar de reunión o asamblea allí celebrada-, según lo cual la fantasmagoría vendría a ser una «asamblea de fantasmas o apariciones». Este significado inicial daría paso con el tiempo a que hoy se denomine también así, por extensión, a una creación de la fantasía, ilusión de los sentidos o figuración irreal de la inteligencia, desprovista de todo fundamento.

jacobino.- Su significado primigenio, el de militante, en tiempos de la Revolución Francesa, de una facción republicana que se caracterizaba por sus procedimientos radicales y su rigorismo moral -fue el grupo responsable del periodo conocido como el Terror (1793-1794)-, se extendió posteriormente para ser aplicado también a quien es  defensor exaltado de ideas extremistas y revolucionarias o a quien se muestra partidario de un Estado fuerte y centralizado. Este vocablo, que llegó a nuestro idioma desde el francés, podría tener en realidad un origen hispánico, pues el partido político citado recibió el nombre de jacobin ‘dominico’ por celebrar sus encuentros en un antiguo convento de la orden fundada en el siglo XIII en Francia por el burgalés Domingo de Guzmán (1170-1221). La palabra deriva del latín Iacobus  ‘Jacobo’ o ‘Santiago’ -Jacques en francés-, y según el DLE se habría llamado así a estos religiosos por alusión al hospicio de peregrinos que estos religiosos regentaban en Santiago de Compostela, aunque otra teoría asegura que se debe a que el primer convento de la orden en París se encontraba en la «rue Saint-Jacques».

mamotreto.- Una de las palabras favoritas del paseante por su origen etimológico. Designa un objeto grande, un armatoste y, coloquialmente, a un libro muy abultado, especialmente cuando es deforme. En el Diccionario de autoridades (1734) aparecía como única acepción -que hoy se mantiene con la marca «desusada», es decir, documentada por última vez entre 1500 y 1900- la de un cuaderno o libro en el que se apuntan las cosas que no deben olvidarse, para poder ordenarlas más tarde. En algunos países americanos tiene también el significado de cosa vieja y fea. Desde su edición de 2001 el Diccionario de la RAE explica  que procede del latín tardío mammothreptus, y este del griego mammóthreptos, literalmente ‘criado por su abuela’, y de ahí ‘gordinflón, abultado’, por la creencia popular de que las abuelas crían niños gordos. Antiguamente se aventuraba que así se denominaba un voluminoso tratado -según unas versiones, de voces bíblicas; según otras, como podemos encontrar en Covarrubias (1611), de materias frívolas y, por lo tanto, de poco fruto- que habría recibido el nombre de su autor, incorporándose así posteriormente al léxico de nuestro idioma.

tálero.- Antigua moneda alemana que sirvió de inspiración a otras muchas en diversos países -valga como curiosidad el hecho de que Italia creó un tálero eritreo cuando se anexionó ese país en 1890-.  Del alemán Taler, el nombre procede del lugar en el que se encontraba la mina de la plata con la que comenzaron a acuñarse en torno a 1517: Sankt Joachimsthal ‘Valle de San Joaquín’ -denominación en alemán de la actual ciudad bohemia de Jáchymov-, motivo por el que fueron conocidas como thalers. Esta voz germánica se encuentra también en el origen etimológico de otras monedas, como el dólar estadounidense, el daler sueco o el tólar esloveno. Entre 1914 y 1956 el Diccionario académico -que recoge también la forma táller-, tras recordar que había tenido valor variable según los tiempos, indicaba que  «últimamente (sic) equivalía a cuatro pesetas», mientras que en 1970 encontramos que su valor había aumentado y se encontraba «a la par de cinco pesetas». La cotización pasó a omitirse en las ediciones posteriores.

catalineta.- Procedente del nombre propio Catalina, es una de esas voces que, en contra de lo que mantienen algunos, en el idioma no solo existe lo que está recogido en los diccionarios. El de la RAE solo muestra la acepción que la presenta como un cubanismo, aunque también es propia de Puerto rico, para nombrar un pez del mar de las Antillas, de unos 30 centímetros de longitud y color amarillo con franjas oscuras. Sin embargo, en Fantasmagoría la encontramos con su significado de artilugio óptico, una especie de caleidoscopio empleado por artistas callejeros, en ocasiones identificado con el mundonuevo -un cajón que contenía en su interior un cosmorama (dispositivo para ver objetos mediante una cámara oscura) portátil o una serie de figuras en movimiento. Además de estos dos sentidos encontramos que también se llamó así a un tipo de danza, como podemos leer en la obra de Lope de Vega titulada Baile de pásate acá, compadre, o su uso familiar, tal y como recoge el Diccionario histórico (1933-1936), para hacer referencia a una cosa despreciable, probable derivación de catalina ‘excremento humano’.

 

La cita de hoy

“El lenguaje de la ilusión es psicológico y el poder de fascinación que posee sobre el espectador no es consecuencia de la credulidad, sino del deseo de que se verifique”.

Ramón Mayrata

 

El reto de la semana

Teniendo en cuenta que en la fantasmagoría los límites entre lo real y lo imaginario se difuminan hasta confundirse, ¿qué ilusión óptica no habría resultado extraño que hubiéramos «visto» durante el paseo de hoy?

(La respuesta, como siempre, en la página ‘Los retos’)

De paseo con Claudia Vega

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Es el paseante un firme convencido de las virtudes terapéuticas del arte y por ende de la belleza, por lo que no ha podido dejar de celebrar que si hace unas semanas esta se presentaba en su convalecencia literal y literariamente a través de los versos de Laura en Qué bonito es verte llover, ahora se le haya manifestado merced a los acordes de la música de Claudia Vega, artista que, por una de esas sincronicidades que de vez en cuando asoman por estos paseos, nació el mismo año que la autora del libro

Música que esta joven compositora modula en sus conciertos con una voz, a ratos cálida, a ratos áspera, que sale de mucho más adentro que del fondo de la garganta y que transmite de manera honesta y transparente, sin disfraces ni trucos de ilusionismo, su verdad. Verdad de la que es consciente que no es única ni inmutable: que es la de ese preciso momento en el que, sobre el escenario, vuelve a cantar por vez primera la canción mil veces interpretada, sabiendo que la pasión ha de ser siempre nueva para poder seguir siendo la misma.

Paseamos hoy al son de cinco palabras del diccionario relacionadas con Claudia -y con su pulsión de ampliar horizontes, pues todas ellas han llegado a nuestro idioma desde otras tierras o han levantado el vuelo para encontrar acomodo y nuevos sentidos en otros pagos- o con sus composiciones recogidas en un disco cuyo título, Feeling warm again, ella consigue trasladar -y en esto sí interviene la magia- desde la carátula hasta el interior de cualquiera que lo escuche.

claudia.- Esta voz del Diccionario de la lengua española remite desde su edición de 1884 a ciruela claudia, variedad de esta fruta que tiene forma esférica y es de color verde claro o amarillento, muy jugosa, dulce y fragante. Toma su nombre de Claudia de Francia (1499-1524), primera esposa de Francisco I (1494-1547), motivo por lo que antiguamente era también conocida en nuestra lengua como ciruela reina claudia -en francés recibe aún hoy el nombre de reine-claude. Este monarca francés llegó a formar parte de la historia de Madrid -ciudad natal de la protagonista de nuestro paseo de hoy- por permanecer allí varios meses cautivo tras ser capturado en la batalla de Pavía (1521) por las tropas del emperador Carlos. A su vez, ciruela deriva del latín cereola [pruna] ‘[ciruelas] de color de cera’. Claudia era también uno de los nombres populares con que era conocida la peseta, como encontramos recogido en el Diccionario de argot (1987) de Juan Ramón Oliver.

calavera.- Del latín calvaria ‘cráneo’, derivado de calvus ‘calvo’, es un término polisémico que a su significado original de conjunto de los huesos de la cabeza, sin carne ni piel, añade otros más locales según el país hispanohablante donde nos situemos: una mariposa; un enchufe eléctrico con varias conexiones; cada una de las luces de la parte trasera de un vehículo; un hombre juerguista e irresponsable; un poema satírico que se dedica a alguien el Día de Difuntos; el dinero o regalo que solicitan los niños ese mismo día; un dulce con forma de cráneo; un tipo de orquídea; una mentira; la tapa del delco; un agujero en el talón de unos calcetines viejos; una persona que derrocha el dinero… Marcar calavera se emplea en Colombia con el sentido de que alguien está condenado a muerte o de que no se tiene opción en alguna actividad, y en El Salvador para significar que una persona ha muerto, mientras que poner cruz y calavera es un guatemalquismo para indicar que se da algo por perdido.

lolita.- El DLE indica que esta palabra -que con mayúscula inicial da nombre a la séptima canción del disco- se emplea para designar a una adolescente provocativa y seductora. Encuentra su origen en el personaje literario de Dolores Haze, la protagonista de Lolita (1955) -sin duda la novela más conocida y más polémica del escritor ruso Vladimir Nabokov (1899-1977)-, una niña de doce años por quien su padrastro siente obsesión sexual. En el español de Cuba -y así lo recoge el Diccionario de americanismos- encontramos a su vez la locución adverbial «de Lolita por su hermosura» para referirse de manera popular a algo que se hace por mero capricho, sin motivo justificado y sin tener en cuenta la opinión de los demás. En este caso procede de una leyenda popular según la cual una prostituta llamada Lola -en otra versión, una esposa infiel- fue asesinada justamente a las tres de la tarde, hora que es conocida en toda la isla con otra locución: «a la hora en que mataron a Lola».

pergamino.- Procede del latín tardío pergaminum, y este del griego bizantino pergamēnē, propiamente ‘de Pérgamo’, ciudad de Asía Menor de donde era originaria esta piel de res limpia de pelo, estirada y preparada de tal manera que ofrece una superficie lisa sobre la que se puede escribir. Fue empleado en la antigüedad en vez del papel; hoy en día se utiliza en la fabricación de tambores y panderetas. Por extensión se denomina también así a un documento escrito en esta piel o a los antecedentes nobiliarios de una persona o familia. Hasta la edición de 1817 el DLE incluía también la forma pargamino. En América encontramos pergamino referido en diversos países a la cascarilla que envuelve el grano del café, recogiendo el Diccionario de americanismos pergamino húmedo, pergamino oro y pergamino seco como distintos tipos de grano secados y sin descascarillar.

vega.- Otro vocablo que muestra el enriquecimiento de nuestro idioma al arraigar en América. Mientras que en España hace referencia a un terreno bajo, llano, fértil, generalmente atravesado por un río, en la otra orilla del Atlántico da nombre también a un terreno sembrado de tabaco -en Cuba y Venezuela-; a uno muy húmedo -en Venezuela y Chile-; a uno que se inunda en verano y se seca en invierno -en el Perú- o, en la Argentina, el que por excesiva humedad no resulta apto para el cultivo. En algunas zonas de Chile también se llama vega a un mercado de frutas y verduras, mientras que en Puerto Rico la locución comer en vega hace referencia a disfrutar de una favorable situación económica. Etimológicamente deriva, según el Diccionario académico, de la voz prerromana *vaica, que Corominas transcribe como baika ‘terreno anegable y a veces inundado’, derivado de ibai ‘río’, conservado hasta nuestros días en euskera.

La cita de hoy

Je ne regrette pas de t’avoir
couvert en bisous tout entier.
Même si tu pars en courant en criant
que t’as peur d’être trop bien aimé

Claudia Vega

El (no) reto de la semana

Algunas veces los discos incluyen una pista adicional, una «propina» -como los bises en un concierto-, así que este paseo va a sustituir por una vez el reto de la semana por un tema extra: el enlace al que seguramente es el más emblemático de los temas compuestos por Claudia Vega, una canción dedicada a su madre, quien, por cierto, es merecedora por sí misma de uno de estos paseos.