Un paseo por palabras en busca de autor

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Cuando el científico neozelandés Ernest Rutherford, premio Nobel de Química en 1908, fue elevado a la nobleza por el rey Jorge V con el título de barón Rutherford de Nelson adoptó un escudo de armas en el que, además de la figura de Hermes Trismegisto -origen de la palabra «hermético», como vimos al pasear con La Horda- figuraba escrita en latín la leyenda PRIMORDIA QUARERE RERUM «BUSCAR EL ORIGEN DE LAS COSAS».

Eso es precisamente lo que hace con las palabras la etimología: escudriñar esa procedencia. Tarea que a veces resulta sencilla, pues se puede seguir la trazabilidad -si se nos permite emplear este término hablando de palabras- incluso a través de diversas lenguas; en otras hasta es posible conocer cuándo, dónde e incluso por quién fue acuñado un término -como vimos al pasear por «jitanjáfora», por ejemplo- mientras que en buen número de veces resulta directamente imposible establecerla. Por no hablar de aquellas voces sobre las que hay diferentes versiones sobre su ascendencia.

Dentro de este campo de la etimología el paseante siente especial debilidad por la eponimia, como bien saben quienes tienen la deferencia de acompañarle en estas caminatas por el diccionario, en las que nos hemos encontrado con palabras como «sándwich», «rebeca», «bártulos» o «donjuán», entre otras, con «padres» de orígenes bien diversos. Sin embargo, el hecho de que la etimología no sea precisamente una ciencia exacta hace que ni siquiera la presencia en el DLE garantice al ciento por ciento esa paternidad de un vocablo.

Como muestra, pasearemos hoy por cinco palabras cuyos epónimos parecen evidentes, algunos precisamente por lo que aparece explicado en el propio lexicón académico, pero en las que, como ocurre con tantas cosas en la vida, esa primera impresión no resulta siempre la más acertada.

mancerina.- Comenzamos este paseo como lo hacían algunas charadas de la infancia del paseante: con un padre y con un hijo. El Diccionario de la RAE nos dice que el origen -sobre el que existen varias teorías respecto a su invención, que van desde unos presuntos temblores en su mano hasta un gesto galante en evitación de que las damas mancharan sus vestidos- de este plato con una abrazadera circular en el centro en el que se sostiene la jícara en que se servía el chocolate se encuentra en el marqués de Mancera, A. S. de Toledo, «virrey del Perú de 1639 a 1648». La cuestión es que Antonio Sebastán de Toledo Molina y Salazar -que tal era su nombre completo- fue virrey en América, sí, pero de… la Nueva España y entre los años 1663 y 1673. Quien ostentó el cargo en el Perú en los años indicados fue su padre, Pedro de Toledo y Leyva, I marqués de Mancera. Dado que en la correspondiente entrada de la palabra en el DLE aparece citado ya desde 1884 el Perú, vinculándola a quien fuera visorrey allí y epónimo de la misma, y que hasta la edición de 2001 no aparece la mención expresa al segundo marqués, esto parecería inclinar la balanza a favor del progenitor, pero… También está admitida la forma macerina.

teatino.- El DLE indica que se denomina así al integrante de la orden de clérigos regulares fundada en Italia por san Cayetano de Thiene en el siglo XVI. Respecto a su origen etimológico, asegura textualmente que se encuentra en el latino Theatinus ‘de Teate’, la actual Chieti, ciudad de Italia, «de donde era obispo el fundador». Como quiera que en el resto de esta entrada del diccionario no se nombra a nadie más, la lógica lleva a inferir que san Cayetano fue obispo en dicho lugar, lo que no se corresponde con la historia. Dicha sede episcopal fue ocupada en realidad por Gian Pietro Caraffa -que posteriormente se convertiría en el papa Paulo IV-, que fue uno de los cofundadores de la orden. De hecho así aparecía explicitado en el antiguo DRAE desde 1803 hasta 2001. La parece que a todas luces innecesaria supresión de esa referencia en la conocida como edición del tricentenario -2014- conduce a la confusión antedicha. Como curiosidad relativa a esta voz podemos añadir que antaño se llamaba también teatinos, por confusión, a los jesuitas.

carlota.- Esta torta elaborada con huevos, leche, azúcar, vainilla y cola de pescado debe su denominación, según el DLE, a «Carlota, esposa de Jorge II de Inglaterra». Sin embargo, la consorte de este monarca se llamaba en realidad Carolina, de Brandeburgo-Ansbach por más señas. La que sí portaba ese nombre era Carlota de Mecklemburgo-Sterlitz, su sucesora en el trono por haberse casado con su nieto, que reinaría como Jorge III, lo que parece aventurar que tal vez en algún momento uno de los romanos del ordinal se perdiera por los meandros del trabajo académico. Como quiera que no hay pruebas que avalen fehacientemente el origen británico del nombre del dulce y que son varias las teorías al respecto, tal vez la más plausible pueda ser la que lo atribuye a que el chef francés Marie-Antoine de Carême la llamó así en homenaje a Carlota de Prusia, entonces cuñada del zar Alejandro I de Rusia, para el que aquel trabajaba. El propio Diccionario académico recoge también carlota rusa como otra forma de llamar a la carlota, lo que abonaría esta tesis.

duque de alba.- Se llama así en marina a un tipo de amarre para embarcaciones que consiste en un conjunto de pilotes sujetos por una abrazadera de hierro o por otro sistema, que se clavan en el fondo del mar en puertos y ensenadas. Si bien nada dice el DLE sobre su origen etimológico, resulta innegable que el propio nombre nos lleva a pensar que se debe a alguno de quienes hayan ostentado a lo largo de la historia dicho título nobiliario, entre los cuales el duque de Alba por antonomasia sigue siendo Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel (1507-1582), no en vano conocido como «el Gran Duque de Alba» o «el Grande». A pesar de ello, parece que la realidad es muy otra, y que está voz no procede de ningún representante de la ilustre casa, sino que se trata de una etimología onomatopéyica proveniente del vocablo neerlandés «duckdalf», nombre en esa lengua de este tipo de noray y palabra que ya existía en ese idioma desde mucho antes de que se verificara la presencia española en los Países Bajos. Su similitud fonética con «duc d’Albe» sería el conducto por el que dicho nombre habría llegado hasta nuestro idioma.

chinchona.- Si comenzábamos el paseo con el primer marqués de Mancera, lo terminamos con su antecesor en el Perú, Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla de la Cerda, IV conde de Chinchón; o, mejor dicho, con su esposa; o con las dos que tuvo, si queremos ser totalmente precisos. Veamos. El diccionario, que nos dice que chinchona es otro nombre que recibe en algunos países americanos la quina -la corteza del árbol llamado quino, conocida por sus propiedades febrífugas-, asegura que se llama así por Ana de Osorio, «virreina del Perú de 1628 a 1639, que se curó con ella». Cuenta la historia que sanó tras ser tratada, por sugerencia de un confesor jesuita del virrey, con dicha cáscara reducida a polvo, por lo que pronto fue conocido el remedio como «polvos de la condesa». Nada que objetar al relato, salvo que doña Ana falleció antes de que su marido fuera siquiera nombrado virrey. Quien le acompañó en su periplo americano fue su segunda esposa, Francisca Enríquez de Rivera, por lo que de ser cierta la historia, debería ser su nombre el que apareciera en el diccionario.

El dicho de hoy

El festín del rey Baltasar”.

Se dice de una comida que resulta excesiva, exagerada, opulenta en exceso. A pesar de lo que pueda parecer a primera vista, no hace referencia al conocido Rey Mago que hace año tras años las delicias de los más pequeños, sino a un príncipe homónimo babilonio. El origen de este dicho lo encontramos en la Biblia, en el libro de Daniel, en el que se narra que dicho príncipe -identificado erróneamente como rey e hijo de Nabucodonosor II- organizó un banquete suntuoso en el que se emplearon para beber vino las copas de oro y plata saqueadas en el templo de Jerusalén. En el transcurso de la fiesta apareció una mano fantasmal que escribió un mensaje en la pared. Como quiera que ninguno de sus sabios supo descifrarlo, solicitó a Daniel que lo interpretara. Este le explicó que era una profecía sobre el inminente fin de su reino. Esa misma noche Baltasar fue asesinado.

El reto de la semana

¿Qué palabra nos habría llevado a pensar que íbamos a cruzarnos en nuestro paseo de hoy con Charles Chaplin aunque en realidad no habría ocurrido tal cosa?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

Un paseo con La Horda

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Lleva el paseante unas cuantas semanas eternas manteniendo desigual combate con el dolor en tal grado de intensidad como no alcanza a recordar. Sí, EL dolor, pues aunque al principio pensara que eran varios de ellos los que se habían juramentado para atacarle de consuno, ora físicos, ora anímicos, se dio cuenta al fin de que en realidad existe para cada uno de nosotros un único dolor, que se manifiesta de tantas y diversas formas como posibilidades encuentre de clavar sus aguijones dumdum de daño y tristeza. Y esa lid le mantenía paralizado, concentrando en ella todas sus energías sin percatarse de que así en realidad retroalimentaba a su enemigo.

Así que cuando comprobó que ni siquiera los encuentros regulares que le concertaban con la hija de Morfeo -el dios de los sueños, el que reproduce las formas- servían para mitigar esa insoportable realidad, cayó en la cuenta de que solo podría encontrar alivio donde siempre lo había hallado; fue plenamente consciente de que a pesar de no poder soportar más de cinco minutos en la misma postura necesitaba volver a leer. Para poder volver a su vez a escribir. Para poder volver, en definitiva, a respirar a su propio ritmo y no al que le marcará aquella sucesión de fármacos que ni siquiera estaban resultando paliativos.

Se levantó entonces, en todos los sentidos, y se sumergió en las profundidades de La Horda. Una revolución mágica, un libro que habla de la guerra entre el bien y el mal, entre la oscuridad y la luz, dejando al lector que decida qué significan para él esos conceptos y en qué coordenadas personales situarlos; una guerra que, al igual que la que se libra entre el dolor y el bienestar en el interior de todos nosotros, nunca tendrá fin, en la que no hay ni vencedores ni vencidos. Y mientras se iba adentrando en los recovecos, en la superficie y en el subsuelo de cada página, al sentir un nuevo latigazo en las vértebras, en el alma, sonrió de manera triste y dulce al tiempo, sintiendo que ya era hora de volver a dar un paseo por el diccionario.

horda.- Comunidad de salvajes nómadas, según la severa acepción que ofrece el DLE, pero también grupo de gente que obra sin disciplina y con violencia. A España llegó en el siglo XIX desde el francés horde, que lo tomó prestado del tártaro orda ‘campamento militar’, que según Corominas deriva del verbo urmak ‘hincar, clavar’. Palabra conocida en Europa desde el siglo XIII, se desconoce el origen de esa h– inicial -en turco existe ordu y el latín medieval utilizaba ya orda– que aparece documentada por vez primera en alemán en 1429. Como Horda de Oro u Horda Dorada se conoció un estado mongol surgido tras la desaparición del imperio a la muerte de Gengis Kan. Por su parte, Sigmund Freud empleó el sentido de horda como población nómada o tribu viviendo en sociedad para acuñar su concepto de “horda primitiva” como representación de la forma primitiva de la sociedad humana, sumisamente sometida a un macho dominante.

hermético.- Del latín medieval hermeticus y este derivado del latín tardío Hermes [Trismegistus] ‘Hermes [Trimegisto]’ -Hermes el tres veces grande, propiamente-, por el nombre que aplicaron los griegos en el Egipto helenístico al dios Thot, señor de las ciencias y de la magia, a quien le atribuyeron conocimientos esotéricos. Su doctrina -denominada hermetismo- estaba contenida en los conocidos como libros herméticos, que inspirarían a los alquimistas. Además de hacer referencia a los seguidores filosóficos-religiosos de los escritos atribuidos a él, hermético se emplea en sentido más general con el sentido de algo que se cierra de tal modo que no deja pasar el aire ni otros fluidos -y de ahí el sello hermético, cerramiento de una vasija, impenetrable al aire, obtenido de la fusión de la materia con la que está formada, efectuado por un procedimiento químico- y en el de lo que resulta errado, impenetrable, aún tratándose de algo inmaterial.

apocalipsis.- Procedente del latín tardío apocalypsis, y este a su vez del griego apokálypsis ‘revelación’. Palabra que designa tanto el fin del mundo como una situación de catástrofe ocasionada por causas naturales o por agentes humanos, evocadora de una imagen de destrucción total. Es en nuestro idioma palabra de clara inspiración cristiana, como muestra el hecho de que hasta su penúltima edición, la de 2001, la definición que el propio DLE ofrecía de Apocalipsis -con mayúscula inicial- era la de «último libro canónico del Nuevo Testamento. Contiene las referencias escritas por el apóstol San Juan, referentes en su mayor parte al fin del mundo». A pesar de haber desaparecido esta acepción en la llamada Edición del Tricentenario, el nombre del libro sigue presente en nuestro lexicón, pues una de las acepciones de «beato» continúa rezando así: «Códice minado, de los siglos VIII al XIII, que recoge los comentarios que el Beato de Liébana escribió sobre el Apocalipsis».

alcahueta.- Al igual que su masculino, alcahuete, se predica de quien concierta, encubre o facilita una relación amorosa, generalmente ilícita y, por extensión, de la persona o cosa que oculta o encubre algo. Deriva del árabe andalusí alqawwád, con el mismo significado, y este del árabe clásico qawwād. Voz documentada en nuestro idioma ya en 1251, el también académico Diccionario histórico (1933-36) muestra que también se emplearon las formas alcagüeta/e y alcayueta/e. De manera coloquial se emplea también para hacer referencia a un correveidile, una persona que trae y lleva chismes, mientras que en teatro se emplea para designar un telón corto y a un bastidor que oculta ambos laterales en primer término del escenario. Sin duda la alcahueta más famosa de la historia de la literatura en castellano es Celestina, personaje de la obra atribuida a Fernando de Rojas Tragicomedia de Calisto y Melibea (finales del siglo XV), cuyo nombre se ha convertido en sinónimo de esta palabra.

galimatías.- Coloquialmente, se llama así a un lenguaje oscuro por la impropiedad de su enunciado o por la confusión de las ideas y también a una confusión, un desorden, un lío. Su origen es incierto, aunque el DLE lo sitúa en el francés galimatias ‘discurso o escrito embrollado’, asegurando que este procede del griego katà Matthaîon ‘según Mateo’, por la manera en que este describe la genealogía de Cristo que figura al inicio de su evangelio, aunque al parecer se debería más bien al tono de salmodia con el que esta se recitaba ya desde las iglesias bizantinas. Entre otras varias hipótesis, la hay que apunta a que podría derivar de Barimatia, nombre de un exótico país de donde procedería el personaje bíblico José de Arimatea, y luego aplicado a lenguajes incomprensibles hablados en países extraños. Y una tercera teoría, de entre las más plausibles, sostiene que en el siglo XVI en Francia se llamaba en latín gallus ‘gallo’ en la jerga estudiantil al estudiante que participaba en los debates reglamentarios, a lo que se habría unido la terminación griega -mathia ‘ciencia’.

La cita de hoy

El daño, como suele decirse, ya está hecho, aunque este sea un telón que siempre cierra en falso y se precipita hacia un final que jamás llega”.

Servando Rocha

El reto de la semana

Ya que en este paseo hemos hablado de dolor y de alquimia, ¿qué metal, que debe su nombre a una deidad romana, habría sido lógico encontrarnos hoy?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

Paseando con zapatos de Manolo Blahnik

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Ponerse en los zapatos de alguien es una locución que se emplea para hacer referencia a la empatía, ese sentimiento que nos lleva a identificarnos con alguien y comprender los suyos; en definitiva, a ser conscientes de cómo siente el mundo, de la forma en que experimenta la vida. No sabe el paseante cómo será ponerse literalmente en los zapatos que diseña Manolo Blahnik -si bien él mismo asegura que «si no hay confort, la estética, adiós»-, pero sí que no resulta difícil entender su visión de la existencia y el arte, conceptos inseparables para él.

Pensaba en esto mientras recorría la exposición que el Museo Nacional de Artes Figurativas dedicó en Madrid al creador -o «dibujante de zapatos», como gusta calificarse- canario, cinéfilo empedernido que se autodefine como «excéntrico, neurótico, clásico y humilde». Un nombre que resulta piedra angular de la evolución del calzado femenino en la sociedad de los siglos XX y XXI y que a la hora de diseñar se deja guiar por su intuición artística sin tener en cuenta las tendencias de la moda. Alguien que al final de la muestra nos ofrece también un postrer consejo: «No te tomes las cosas en serio, procura divertirte. Esto es lo más importante».

Desfilaremos esta vez por cinco palabras inspiradas por los nombres –Odalisca, Pimiento, Margarita, Cimera, y Tarquinius– de algunas de sus creaciones, esas que dibujadas, recortadas, pegadas, mezclando materiales de todo tipo -madera, papel, tela, plástico…-pasan por hasta 50 procesos de producción antes de convertirse en auténticos iconos del estilo. Obras de arte, pues eso son, a las que, por cierto, a su autor no le gusta nada que sean llamadas «manolos».

odalisca.- Del francés odalisque, que lo tomó prestado, con la adición de una s parásita del turco odalk, de oda ‘aposento, cámara’ y el sufijo –lk, indicativo aquí de destino. Propiamente, ‘quien pertenece al aposento. Se denominaba así a la esclava destinada al servicio del harén del Sultán de Turquía. Es decir: servían a las mujeres del serrallo del que también era conocido como el gran turco, no a este directamente. A pesar de ello, en Europa se extendió un uso impropio del término, que lo hizo equivalente de concubina, amante e incluso prostituta en ocasiones. La odalisca, generalmente representada desnuda, recostada en una cama o apenas vestida con velos ligeros, fue un motivo habitual en la pintura del siglo XIX influida por el llamado Orientalismo, la interpretación artística en occidente -muchas veces estereotipada- de determinados aspectos de culturas orientales.

pimiento.- Como ocurre en otros casos, este término es más empleado para referirse al fruto -de color rojo, verde o amarillo, baya hueca y forma más o menos cónica- que a la planta que lo produce originaria de América y con infinidad de variedades, de las que el diccionario académico cita expresamente el morrón -también llamado «de bonete» o «de hocico de buey»-, el del piquillo, el de cornetilla y los de Indias y de cerecillas, otros nombres estos dos últimos para la guindilla, uno pequeño que pica mucho. Procede del latín pigmentum ‘color para pintar’. También se llama «pimiento» al pimentón, que es su polvo molido; a la roya -un tipo de hongo- y al arbusto de la pimienta. Respecto a esta última, Covarrubias afirmaba que aquel quemaba como esta, de forma que aderezándolo con tostarlo en el horno suplía a la pimienta. Por otra parte, locuciones como importar, o no importar, un pimiento o no valer un pimiento indican que algo importa poco o nada o vale muy poco.

margarita.- Aunque la acepción más usual y conocida hoy -aunque tal vez también pueda serlo la que da nombre al cóctel preparado con tequila- sea la de la flor de pétalos blancos y centro amarillo, entre sus significados está también el más desconocido de «perla», lo que no resulta extraño dado que esta voz deriva del latín margarīta ‘perla’, y este del griego margarítēs, si bien ya Corominas avisa de que con este sentido es voz culta, con escaso arraigo en el Siglo de Oro y hoy en desuso -lo que no marca el DLE-.  Ese mismo origen etimológico lo encontramos también en «margarina», por comparación de su aspecto con el de la madreperla y en un curioso término derivado que aparecía en el Diccionario de Autoridades (1732) y que la RAE dejó de recoger a partir de 1791: «diamargaritón», compuesto farmacéutico cuyo principal ingrediente eran las perlas y que servía para fortificar el corazón, la cabeza y el estómago.

cimera.- Otro vocablo que llegó a nuestros idioma desde el griego, chímaira, a través del latín, chimaera ‘monstruo imaginario, quimera’. Documentada por vez primera en el Cancionero de Baena, a comienzos del siglo XV, da nombre a la pieza que remataba la parte superior del yelmo o la celada de las armaduras para dar altura al caballero o para imponer miedo al enemigo y que con frecuencia representaba a un animal quimérico. En heráldica designa a un adorno que en los blasones se coloca igualmente sobre el yelmo o celada a imitación de esos remates. En su obra Introducción a la heráldica y manual de heráldica militar española (2010), Eduardo García-Menacho señala asimismo que la cimera -muy poco usual en España, a diferencia de las heráldicas portuguesa, alemana o inglesa- servía en origen para distinguir a unas generaciones de otras, si bien, al igual que los escudos, terminaba en muchas ocasiones convirtiéndose en hereditaria.

tarquinada.- Coloquialmente y poco usada, significa «violencia sexual cometida contra una mujer». Del nombre de Sexto Tarquino, hijo del rey de Roma Tarquino el Soberbio, que según la tradición abusó de Lucrecia, hija de un pariente del mismo rey, quien se suicidó tras haber sido ultrajada. Un paseo por la definición de esta palabra en las distintas ediciones del DLE muestra cómo este refleja en ocasiones la evolución de la sociedad a la hora de considerar diversas cuestiones y los cambios que ello conlleva en el idioma. Autoridades (1739) la define como «violencia torpe contra la honesta resistencia de alguna muger (sic)» -recordemos las acepciones de «torpe» como deshonesto, impúdico, lascivo, ignominioso, indecoroso o infame-; a finales del siglo XIX, la edición de 1899 habla ya de «violencia contra la honestidad de una mujer» y, casi un siglo después, la de 1992 muestra la redacción enunciada al comienzo, que se mantiene hasta hoy.

 

La cita de hoy

“No me gusta hacer balances. Yo vivo el presente e incluso el mañana”.

Manolo Blahnik

 

El reto de la semana

Teniendo en cuenta dónde se celebró la exposición, ¿cuál sería el parque -cuyo nombre lo es también de uno de los modelos de Blahnik- más lógico por el que disfrutar de nuestro paseo de hoy?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

 

 

De paseo por Bembibre

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Hay ocasiones en que los placeres se combinan, multiplicando exponencialmente su goce, y eso es lo que experimentó estos días pasados el paseante, que pudo disfrutar de sus pasiones viajera y gastronómica al visitar El Bierzo, comarca a caballo entre dos regiones que resulta todo un mundo por sí misma. ¿El motivo? Uno verdaderamente sabroso: acudir a Bembibre para formar parte del jurado oficial de las ‘Jornadas de pinchos del botillo’ organizadas por ACOBEM, la asociación local de comerciantes.

Capital de El Bierzo Alto y segunda población en importancia de la comarca, en gran parte debido a una actividad minera que hoy sufre las consecuencias de la crisis, la historia de esta localidad, que presta su nombre a una de las más importantes novelas románticas españolas: El señor de Bembibre (1844) y en cuyas inmediaciones se cree que podía encontrarse la ciudad romana de Interamniun Flavium, tal y como la conocemos hoy día se inicia el 18 de noviembre de 1198, cuando el rey Alfonso IX le otorga el Fuero de León.

Discurrirán nuestros pasos en esta ocasión por cinco palabras que buscamos ya en el diccionario tras encontrárnoslas en este lugar, mientras recorremos las riberas del Boeza acompañados por Toñi, Cristina, Óscar, Baldomero, Luismi y todos los que hicieron sentir por unos días al paseante que a quien se le ocurriera que la etimología de Bembibre se encuentra en el latino bene vivere ‘buen vivir’ no andaba desencaminado.

bierzo.- El origen de esta voz provendría del nombre de la población romana de Bergidum Flavium, de la raíz indoeuropea *bheregh- ‘alto,elevado’. Si buscamos esta entrada en la última edición del DLE encontramos únicamente que nos reenvía a carga del Bierzo, unidad de medida del terreno “equivalente a 4 fanegas o 400 estadales cuadrados, de unas 4 varas de lado cada uno aproximadamente”. Sin embargo, desde el Diccionario de autoridades (1780) y hasta el publicado en 2001 incluía también la definición de bierzo como un tipo de lienzo labrado en este territorio. En el Diccionario de tejidos: etimología, orden, arte, historia y fabricación de los más importantes tejidos clásicos y modernos (1949) F. Castany y Saladrigas nos amplía que se trataba de un tejido de lino, de fabricación manual con ligamento tafetán, cuyo centro de comercio se encontraba en Villafranca, aunque ya entonces se encontraba prácticamente en desuso.

botillo.- Del latín botellus, diminutivo de botŭlus ‘embutido’, es el nombre que recibe el que Dionisio Pérez definía en su Guía del buen comer español (1929) como el “más curioso y único embutido de los que se fabrican en la anchurosa España”. Manjar por excelencia de la gastronomía berciana -que cuenta con indicación geográfica protegida y el correspondiente Consejo Regulador-, tiene como ingredientes básicos costilla y rabo de cerdo no deshuesados, a los que se pueden añadir otras piezas como lengua, carrillera, paleta o espinazo. Una vez adobados con sal, ajo, pimentón y especias se embute todo en una tripa para su posterior ahumado y secado.  A pesar de que su consumo es ancestral no accedió al Diccionario de la RAE, que circunscribe su uso a las provincias de León, Asturias, Cantabria, Palencia y Zamora, hasta 1992. Cada mes de febrero se celebra en Bembibre el Festival de Exaltación del Botillo, declarado en 2008 Fiesta de Interés Turístico Nacional.

caboverdiano.- Gentilicio de los naturales de la República de Cabo Verde, estado insular situado en el océano Atlántico que logró su independencia de Portugal el 5 de julio 1975. El nombre del país procede de la península homónima perteneciente a Senegal -en ella se asienta Dakar, la capital-, el punto más occidental del África continental. El nombre, que hace referencia a su exuberante vegetación que contrasta con la aridez de las tierras circundantes, le fue otorgado por el navegante portugués Dinis Dias, el primer occidental en llegar a aquellas tierras, en 1444. En este archipiélago tiene su origen aproximadamente la mitad de los inmigrantes -que se autodenominan cabobercianos- residentes en Bembibre, que está hermanada con el municipio de São Domingos, en la isla de Santiago. En 2005 se celebró allí, en el transcurso de una visita del consistorio bembibrense, el que se consideró I Festival Internacional del Botillo.

arrancadera.- Un ejemplo de que la lengua es un ser vivo en constante evolución y que no se constriñe a lo contenido en los diccionarios, pues si bien el DLE asegura que esta voz, procedente de arrancar -cuya etimología es incierta, aventurando Corominas que su origen pudiera encontrarse en el catalán antiguo renc o en el francés antiguo ranc– da nombre a un cencerro que llevan los bueyes para levantar y guiar el ganado, y que en Cuba es una forma coloquial para referirse a la carencia de dinero, quien haya disfrutado en algún momento de la hospitalidad bembibrense habrá aprendido que allí se utiliza para referirse a esa última ronda de bebida que se pide cuando se considera que después de ella es llegado el momento de retirarse, sin perjuicio de que con frecuencia se trate solo de la “primera de las últimas”. Esta misma ronda recibe en otros lugares nombres como “espuela”; “yacasa”, “arranque”; “la del estribo”, “el zarpe”…

eccehomo.- Del latín ecce ‘he aquí’ y homo ‘hombre’. Según la Biblia, son las palabras pronunciadas por Poncio Pilato al presentar a Jesucristo, tras haber sido este flagelado y coronado de espinas, ante la muchedumbre para que decidiera su destino, pues él se ‘lavaba las manos’ respecto a la decisión final. En nuestra lengua designa a una imagen de Cristo representado en ese trance y, por extensión, a una persona de aspecto lastimoso, cubierta de magulladuras o heridas. El uso de este vocablo fue corriente en escritores de finales del siglo XIX y comienzos del XX y podemos encontrarlo en obras de Valera, Unamuno o Pérez Galdós entre otros. En Bembibre se venera el Santo Ecce Homo en el santuario que está a cargo de la cofradía del mismo nombre. Desde tiempo inmemorial y sin que se conozca su origen se mantiene la tradición de que cada siete años -la próxima vez será en 2022- la imagen es sacada en procesión y trasladada hasta la iglesia parroquial, donde permanece nueve días.

 

La cita de hoy

“Acaso no se encuentre, aun buscándolo por todo el mundo, un lugar cuyas ventajas naturales rivalicen con las de esta llanura o valle de Bembibre”.

George Borrow

 

El reto de la semana

¿Qué ave majestuosa habrá sobrevolado, al igual que ocurrió al pasear con Cisneros, nuestro paseo de hoy?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

Un paseo con Cisneros

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Si siempre resulta grato al paseante regresar a la ciudad de Toledo, donde tan buenos recuerdos le envuelven cuando deambula por sus cuestas, el motivo que propició su visita en esta ocasión lo fue aún más, pues le guiaba hasta allí la exposición conmemorativa del V Centenario del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, una de las figuras señeras de la historia de España.

Y cree no exagerar al afirmarlo de manera tan rotunda, pues el propio hispanista y premio Príncipe de Asturias Joseph Pérez, autor de una biografía sobre el mismo, asegura que este franciscano, confesor de la reina Isabel la Católica, arzobispo de Toledo y cardenal, gobernador de Castilla en dos ocasiones, inquisidor general, reformador avant la lettre y profundo humanista -no se puede obviar la creación de la Universidad de Alcalá de Henares o la edición de la Biblia Políglota Complutense- es “el mayor hombre de Estado que ha tenido España”.

Pasearemos hoy, en nuestro particular homenaje a su vez a Caridad, toledana de pro que lleva como nombre la advocación mariana que dio nombre al santuario fundado por Cisneros en Illescas, por cinco palabras presentes en esta muestra dedicada a quien sintió tanta atracción también por el mundo de los libros y tanto interés manifestó por el buen uso de la lengua.

bujía.- Cuando esta voz apareció en 1837 en lo que entonces era el DRAE tenía como única acepción la de vela, pieza para alumbrar. Con posterioridad se irían añadiendo la de candelero sobre el que se colocaba, hoy en desuso, y la de unidad -que en la actualidad no se emplea- para medir la intensidad de un foco de luz artificial, hasta llegar a la más reciente y por tanto más usada: la pieza que provoca la chispa eléctrica que inflama la mezcla gaseosa en los motores de explosión. Su nombre procede del norte de África, de Bujía o Bugía, ciudad argelina que pasó a manos españolas en 1510, poco después de la toma de Orán con Cisneros como capitán general. De ese lugar procedía la cera para su fabricación. De ella derivan, a través del francés bougier, bujiería, el departamento de palacio donde se guardaban los combustibles y bujier o busier, el jefe de la misma. También por influjo francés se usó bujía en tiempos con el significado de sonda quirúrgica para ensanchar la uretra u otro canal, uno de los sentidos de bougie en el idioma del país vecino.

gordiano.- Que algo sea calificado de nudo gordiano significa que es considerado como un problema o dificultad de imposible o muy difícil solución. Toma su nombre de Gordio, un legendario rey de Frigia que, en señal de agradecimiento a Zeus le ofreció su carro -pues era de origen campesino-, atando el yugo y la lanza con un nudo cuyos cabos no podían verse, haciendo inútil intentar deshacerlo. Aquel que lo logrará, se dijo, conquistaría Asia. Cuando Alejandro Magno llegó allí lo cortó con su espada, asegurando, según relato del historiador romano Quinto Curcio Rufo que “tanto monta cortar como desatar”. No hay que olvidar que antiguamente uno de los sentidos de montar era “importar”. La primera parte de la frase, Tanto Monta y el propio yugo -con un extremo de la atadura ya suelto- fueron elegidos por Fernando el Católico como divisa personal, se dice que por sugerencia del gramático Antonio de Nebrija, quien a su vez colaboró en la realización de la Biblia Políglota Complutense patrocinada por el protagonista de este paseo.

ataujía.- Verdadera seña de identidad de la ciudad imperial, se trata de un trabajo artístico consistente en embutir unos metales como oro o plata en otros -y en ocasiones también nácar o esmaltes- de tal manera que el contraste entre sus colores va configurando un dibujo. Tiene su origen en el árabe andalusí attawšíyya, del árabe clásico tawšiyah ‘coloradura, hermosamiento’, según Corominas sustantivo de acción del verbo wáššà ‘hermosear’. Se emplea también en sentido figurado para referirse a una labor primorosa, a algo complicado de combinar o engarzar para alcanzar su óptimo resultado. En nuestra lengua aparece documentada por vez primera en el Viaje a Turquía (1555) de Cristóbal de Villalón y podemos encontrarla en obras de Alonso de Ercilla, Lope de Vega,  Calderón de la Barca, Tirso de Molina o el duque de Rivas. Desde la última edición el DLE, que recoge también la forma taujía y el adjetivo ataujiado se limita a calificarlo como sinónimo de damasquinado.

acetre.- Otro término procedente del árabe andalusí, en este caso de assáṭl, derivado del árabe clásico saṭl que a su vez lo hizo del latín sitŭla. Se trata de una vasija pequeña, con forma de caldero y asa, empleada para sacar agua de los pozos o de tinajas. En el ritual de la iglesia católica es el que se emplea se emplea para llevar el agua bendita utilizada para las aspersiones litúrgicas. Covarrubias (1611) asegura que se trata en realidad del hisopo con que se echa el agua bendita, por su semejanza con el cetro, admitiendo, eso sí, que “se toma comúnmente por el caldero” de esta. La forma celtre gozó de los parabienes académicos hasta la edición de 1992; cetre, por su parte, sigue presente en el DLE, si bien con una particularidad: si en un principio era otra variante de nuestra palabra -con poco uso, según el Diccionario de Autoridades (1729)- a partir de 1884 pasó a considerarse un salmantinismo con el significado de ‘sacristán segundo o acólito que lleva el aceite.

ribadoquín.- El DLE lo define como una pequeña pieza de artillería, de bronce, menor que otra denominada cerbatana, que pesaba de dos a tres quintales -un quintal equivalía en Castilla a cien libras, unos 46 kilos- y lanzaba proyectiles de hierro emplomado de una a tres libras. Se trataba de un arma de varias bocas de pequeño calibre montadas en paralelo sobre una cureña equipada con dos ruedas. Era denominada también cañón de órgano porque la multiplicidad de cañones se asemejaba a los tubos del instrumento musical. Cuando se incorpora al Diccionario académico en 1803 lo hace con la advertencia de que “ya no se usa en las buenas fundiciones por su corta utilidad”, aviso que a partir de 1884 deja de aparecer. Proviene del francés ribaudequin, idioma que lo toma prestado del neerlandés ribaudekijn, diminutivo de ribaude ‘cañón’, que en un viaje de ida y vuelta había llegado desde el francés ribaud, nombre que recibían los soldados de un cuerpo de guardia creado por el rey Felipe Augusto.

 

La cita de hoy

“Si los grandes hombres se pudieran comprar, España no habría pagado cara la dicha de tener tal ministro aun cuando hubiera sacrificado uno de sus reinos”.

 G. W. Leibniz

 

El reto de la semana

¿Qué animal nos ha acompañado todo el tiempo sobrevolando nuestro paseo de hoy?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

De paseo con Prim… o no

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Una vez más al llegar el finibusterre del año al paseante le viene a la memoria uno de los misterios de la historia política de nuestro país: el atentado contra el general Juan Prim y Prats, a quien le cupo el dudoso honor de abrir la lista de presidentes de Gobierno -o de Consejo de Ministros- asesinados en España en el ejercicio de sus funciones. Estadística, por cierto, en la que la vieja piel de toro aventaja incluso a los mismísimos EE. UU. por cinco a cuatro.

Quien fuera también marqués de los Castillejos, conde de Reus -su ciudad natal- y vizconde del Bruch y fautor de que las Cortes refrendaran a Amadeo I como rey de España falleció en Madrid el 30 de diciembre de 1870, tres días después de ser tiroteado en la calle del Turco -hoy Marqués de Cubas y denominada así entonces porque en tiempos había fijado allí su residencia un embajador del imperio otomano-, sin que hasta la fecha hayan podido establecerse con total seguridad ni los instigadores de la acción, entre los que se presumen una extraña amalgama de republicanos, seguidores del general Serrano y el mismo duque de Montpensier, cuñado de Isabel II, entre otros, ni las causas reales de su muerte, pues se barajan las propias heridas causadas en el ataque, una septicemia producida por estas e incluso un posterior estrangulamiento para asegurar la muerte.

Recorreremos hoy para rematar 2017 cinco vocablos que llevan en su interior el apellido de quien de ser estos paseos realizados en catalán bien podría servirnos para los mismos, pues en esta lengua prim significa ‘delgado’; ‘de poca consistencia’; ‘primer’; ‘roca o escollo con la superficie a ras del agua’; ‘primer salvado que se obtiene de la harina’ o ‘parte más estrecha de la proa o la popa de una barca’ entre otras cosas.

conchoprimo.- Se predica del individuo que en la República Dominicana participaba en los alzamientos armados ocurridos en el marco de las guerras civiles, conocidas como revoluciones montoneras. Una montonera era un grupo armado irregular, de gente a caballo, normalmente de la misma localidad, que seguía a un cacique o caudillo militar, que a su vez se conocían como “generales” aunque apenas contaran con unos cuantos efectivos. El conchoprimismo –que el Diccionario de americanismos recoge como conchoprinismo– era el estilo de vida propio de los tiempos de esas revoluciones. Concho Primo es el nombre de un personaje, personificación de la sociedad dominicana basada  en esos “generales”, creado por el caricaturista Jacinto Gimbernad en 1919, quien lo dibujó como un campesino tocado con un sombrero de ala ancha y con machete al cinto. Como época de Concho Primo se conoce al periodo que va de la muerte del presidente Mon Cáceres, en 1911, a la intervención militar estadounidense en 1916.

imprimátur.-  Invariable en plural: los imprimátur, procede del latín imprimátur ‘imprímase’, tercera persona de singular del presente de subjuntivo pasivo de impriměre ‘imprimir’. En la Iglesia católica es el permiso que concede la autoridad eclesiástica para publicar un escrito, autorizando de esta manera su lectura por parte de los fieles,  así como esa misma aprobación impresa en el libro a que hace referencia, como recoge Moliner. Tal y como recoge el Código de Derecho canónico, esta licencia “vale para el texto original, pero no para sucesivas ediciones o traducciones del mismo.  En relación con esta palabra encontramos en el DLE desde de 2001 la locución latina -por lo que debe escribirse en cursiva- nihil obstat, literalmente ‘nada se opone’, que es la aprobación por parte de la censura eclesiástica católica del contenido moral y doctrinal de un escrito previa al imprimátur. Fuera del ámbito religioso tiene además la acepción general de beneplácito, permiso.

primus.- Hornillo portátil para cocinar o calentar alimentos, que funciona con gas de queroseno o ron de quemar y se apoya en tres patas que se prolongan hacia arriba y soportan una rejilla sobre la que se coloca el recipiente. El Diccionario de Americanismos nos muestra que es voz empleada en Argentina, Bolivia, Perú y Uruguay. Para encontrar su origen deberemos remontarnos hasta 1892, año en el que  F. W. Lindqvist y J. V. Svenson desarrollaron en un pequeño taller de Estocolmo la primera estufa de queroseno sin hollín del mundo. Al ser la primera la llamaron Primus -‘primero’ en latín-. La buena fama por su carácter duradero y su buen rendimiento incluso en las condiciones climatológicas más adversas -valga como botón de muestra que Amundsen llevaba uno cuando se alcanzó por primera vez el Polo Sur en 1911 – conseguida por este primer modelo y los que lo siguieron hizo que el nombre de esta marca comercial se haya convertido en genérico de este tipo de hornillos, sean de la empresa que sean.

                                                                                                                             exprimir.- Del latín expriměre  ‘exprimir, estrujar’, ‘hacer salir’, ‘expresar’, derivado de preměre ‘apretar’, en el Diccionario académico aparecen los significados de extraer el zumo o el líquido de algo, apretándolo o retorciéndolo; sacar todo el partido posible de una persona o de algo; abusar de alguien, explotarlo y, ya en desuso, el de especificar, decir las cosas con claridad y expresamente. Documentada ya en el 1490, Corominas indica que la grafía cultista con x es rara hasta el Diccionario de Autoridades (1732), acostumbrándose antes a escribirse esprimir. Como términos derivados encontramos exprimidor, exprimidero y exprimidera, para designar al utensilio empleado para extraer el jugo de algo, expremijo, un tipo de mesa en la que se elabora queso, algo inclinada para que el suero salga por una abertura, y en Puerto Rico y República Dominicana exprimión, un apretujón. Por su parte, expremir es un verbo igualmente desusado para la acepción de ‘expresar’.

prima.- Procedente también del primus latino, además de sus acepciones adjetivales de ‘primera’ o ‘excelente’ -esta en desuso-, como sustantivo tiene en el DLE sentidos tan diversos como hija del tío o tía de una persona; un tratamiento con el que se dirigía el rey a las grandes de España en cartas y documentos; coloquialmente, una mujer incauta a la que se puede engañar fácilmente; una cantidad extra dineraria que se da como estímulo o recompensa; la tonsura o rito preparatorio previo a la recepción de las órdenes menores religiosas antiguamente; la primera y más delgada de las cuerdas en algunos instrumentos musicales de este tipo; hora canónica que se canta después de laudes al comienzo de la mañana; primera de las cuatro partes en que dividían los romanos el día artificial; en cinegética, un halcón hembra; en comercio, el precio que el asegurado paga al asegurador de manera periódica; en economía, una cantidad adicional al valor inicial de un activo que ha de abonarse en determinadas circunstancias…

 

La cita de hoy

“Los males de mi patria me hacen daño como los males míos; y tanto es así que si alguna vez ha podido haber en ella algo que mancillase su honra, me he creído yo también mancillado, como si fuese cuestión de mi misma familia”.

Juan Prim y Prats

 

El reto de la semana

Echando un vistazo a la biografía de nuestro protagonista de hoy, ¿qué adjetivo, que muchos relacionan únicamente con un tipo de mamíferos, cabría aplicársele?

(La respuesta, como siempre, relacionada con el paseo y en la página de ‘Los retos’)

De paseo con ‘La lámpara maravillosa’

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Si en nuestro último paseo nos sumergíamos en un festival para los sentidos, lo hacemos hoy, retomando la conexión valleinclanesca del anterior, en unos auténticos ejercicios espirituales, que así es como subtitula el autor gallego su libro La lámpara maravillosa (1922), un verdadero mapa en el que el tesoro escondido es el más refulgente de todos: la belleza.

Abrir sus páginas supone pasar a través del espejo, sentir el soplo de una revelación que con su aliento va desplegando las velas de nuestra intuición guiándonos fuera del tiempo, de nosotros mismos, en un viaje de aniquilación interna, de superación de lo que hasta ahora habíamos percibido, mientras va enlazando alusiones e ilusiones que nos conducen -Ouroboros de palabras- a nuestro propio interior para llegar a la contemplación, a poder “mirar con todos los ojos, amar con todos los corazones” y ser así capaces de percibir que “el instante más pequeño de amor es eternidad”. Amén

Si, como aseveran los editores en la nota introductoria, “el libro está dirigido a un peregrino de la vida, a un paseante curioso”, comencemos a hacernos acreedores del mismo paseando por cinco -el número del pentáculo, tan grato a don Ramón del Valle-Inclán- de sus palabras en esta nueva etapa de nuestro propio camino iniciático por el diccionario.

cilicio.- Su primera acepción en el DLE, la de un instrumento con cerdas o pinchos que se ciñe sobre la carne para mortificarse, habitualmente por motivos religiosos, proviene   de la segunda, una vestidura así llamada y hecha de un tejido áspero que se empleaba antiguamente para la penitencia o para mostrar gran duelo y pesar personal, tal y como aparece reflejado en diversos pasajes de la Biblia. Por extensión, se emplea con el sentido de sufrimiento en general, y como botón de muestra tenemos la letra del tango titulado así. Procede del latín cilicium ‘tejido de cerdas de cabra de Cilicia’ -provincia del Imperio romano en Asia Menor, en la actual península de Anatolia, donde que se elaboraba este paño, si bien el uso de esta vestimenta fuera probablemente anterior a que recibiera este nombre-. En lenguaje militar también se denominaba así en otros tiempos a una manta de cerdas con la que se revestía aquella parte de la muralla que se quería proteger o con la que se cubrían las máquinas de guerra.

carmañola.- Además de una canción revolucionaria francesa creada en 1792 y popularizada en el periodo conocido como el Terror, era un tipo de chaqueta estrecha con numerosos botones que fue adoptada por los revolucionarios. Tomada del francés carmagnole, que hace referencia a la ciudad piamontesa de Carmagnola, de donde verosímilmente provendrían los trabajadores que ya en el siglo XVII la vestían en el Delfinado y que según otra versión sería la chaqueta de ceremonia de los campesinos de esa región. Por metonimia, durante la Revolución también se llamaba carmagnols a los soldados republicanos, acepción desde la que llega a nuestro idioma caramañola -y la hoy obsoleta caramayola– que en algunos países americanos se empleaba inicialmente para referirse a una especie de cantimplora de aluminio utilizada por la milicia y ahora asimismo al recipiente en el que los ciclistas llevan líquidos en sus bicicletas. Con este último significado encontramos en Colombia también la forma carimañola.

lambrequín.- Otra palabra de ascendencia francesa: lambrequin, formada a partir de lambeau ‘jirón, cinta’ y el sufijo –quin, de origen neerlandés. En heráldica recibe este nombre un tipo de adorno, normalmente formado por hojas de acanto aunque también puede estar compuesto por plumas, que partiendo de lo alto del yelmo rodea el escudo. Debe tener los mismos colores con los que este esté compuesto. Hace alusión a la tela -bien fija en él, bien en forma de tiras o bandas colgantes, como alusión a los cortes y acometidas recibidos en combate- con la que se cubría el casco para proteger la cabeza del sol y posiblemente también de la oxidación producida por la humedad. Habiendo tenido su origen en la época de las cruzadas, factores como el hecho de que una tela amortigua el golpe de una espada y la facilidad con que esta puede quedar envuelta entre sus pliegues constituyeron una ventaja añadida para su posterior pervivencia en los más templados países europeos.

gnosticismo o nosticismo.-  Esta voz encuentra su origen en gnóstico -o nóstico– y este en el latín tardío gnostĭcus ‘seguidor del gnosticismo’, del griego gnōstikós ‘relativo al conocimiento’, y el sufijo –ismo. Se trata de un conjunto de escuelas y grupos religiosos y filosóficos que se desarrollaron en el mundo helenístico en los primeros siglos de la era cristiana que presentan, a pesar de su aparente diversidad en un sincretismo cristiano, judío y orientalizante, caracteres comunes en aspectos fundamentales. Se caracterizaba por cuestiones como una concepción dual del hombre y del mundo; la explicación de este mediante un demiurgo inferior a Dios; la comprensión del cosmos como una emanación del Creador y por la salvación del ser humano mediante la gnosis, el conocimiento superior, intuitivo y absoluto que le permite retornar a la comunión con Dios. Tras haber gozado de cierto prestigio, fue finalmente declarado herético. En el siglo XIX experimentó una reactivación.

cisterciense.- Se dice de quien es miembro de la orden benedictina del Císter. Fundada por san Roberto de Molesmes en 1098, en una época marcada por la búsqueda de nuevas vías de perfeccionamiento espiritual, y reformada por san Bernardo de Claraval en el siglo XII, su denominación proviene del latín medieval Cistersiensis, tomado de Cistercium, nombre latino de Cîteaux, población del departamento de Côte-d’Or, en la región de Borgoña, lugar en el que se erigió la abadía en la que fue instituida. El DLE, que mantuvo hasta 1992 cistel y cister -con entonación aguda- como entradas  propias para definir la orden, siendo cisterciense únicamente ‘lo perteneciente’ a esta, recoge dos vocablos más relacionados con ella: bernardo, como se conoce también a los miembros posteriores a la antedicha reforma, y trapense, integrante de la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia, ramificación surgida también en Francia en el siglo XVII.

La cita de hoy

Son las palabras espejos mágicos donde se evocan todas las imágenes del mundo”.

Ramón del Valle-Inclán

 

El reto de la semana

¿Con qué animal, símbolo de la sabiduría y que nos observa desde uno de los primeros grabados del libro, podíamos habernos encontrado en nuestro paseo de hoy?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

De paseo con Trigo

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Se acercó el paseante en esta ocasión hasta tierras pucelanas para asistir a un congreso de protocolo y comunicación. Y aunque la obligación deba ir por delante de la devoción, ello no significa en modo alguno que resulten incompatibles, por lo que encontró tiempo para asomarse también a algunos de los patios históricos de la ciudad, para seguir los pasos de Cipriano Salcedo, el protagonista de El hereje (1988) de Miguel Delibes y, no podía ser de otra manera conociéndole, para regalarse con una muestra de lo mejor de la gastronomía local.

Y ciertamente la elección para ello de Trigo no pudo resultar más acertada ni más conexiva a la vez, porque si en el perfil que deben reunir los responsables de protocolo ante los retos que los actuales cambios imponen a su tradicional cometido se encuentran aspectos tales como capacidad de evolucionar sin olvidar las raíces; profesionalidad basada en la tríada ‘trabajo, trabajo y trabajo’; equilibrio entre rigor y flexibilidad para no caer en la rigidez; labor en equipo con una clara diferenciación de tareas y delegación de competencias, así como la humildad necesaria para no perder de vista que el verdadero protagonista de la ‘función’ es el producto final, la impresión que con él logremos causar, no cabe la menor duda de que quien esto escribe encontró todo ello en este restaurante -que no por casualidad acaba de ser reconocido con una estrella Michelin- mientras disfrutaba de un menú que tampoco por azar lleva el nombre de Festival.

Por todo ello discurriremos hoy por cinco palabras espigadas -nunca mejor dicho- en su carta para rendir nuestro particular homenaje a quienes lo dirigen, Noemí y Víctor, así como a Jenniffer, Rubén y el resto de colaboradores, confiando en poder repetir visita a no mucho tardar. ¿Te apuntas, Susana?

trigo.- Género de plantas de la familia de las gramináceas de cuya semilla se obtiene la harina que se emplea más frecuentemente para elaborar pan. Originaria de la antigua Mesopotamia, es uno de los tres cereales más producidos en el mundo y consta de numerosas especies y multitud de variedades, de las que el DLE recoge hasta tres docenas -entre ellas el ya visitado en estos paseos trigo de Polonia o de Bona cultivado en León, tierra de origen de Noemí y Víctor-. El nombre, que designa tanto a la planta como a sus semillas, procede del latín tritīcum y podemos encontrarlo también en diversas locuciones. Valgan un par de ellas como muestra: no ser trigo limpio algo o alguien indica que no es un asunto o una persona tan bueno o transparente como aparenta, mientras que ¡vuelta la burra al trigo! se espeta a quien se empeña tercamente en volver sobre una cuestión que ya se daba por concluida o en actuar de la misma manera que ya ha probado ser ineficiente.

pesto.- Del italiano pesto, y este de pestato, participio de pestare ‘machacar, majar’. Salsa que se elabora coen albahaca, ajos, piñones, aceite de oliva, sal y quesos parmesano y pecorino (aunque la definición en el DLE no los incluye). En un principio servía para acompañar ñoquis, pasta o sopas. En italiano es conocido como pesto alla genovese por ser originario de la región de Liguria, cuya capital es Génova y donde se celebra el campeonato mundial de su preparación en mortero. Si bien la RAE no lo ha incorporado hasta 2014, podíamos encontrarlo hace ya tiempo en diversos diccionarios y vocabularios de países latinoamericanos, lugares en los que incluso aparecieron versiones locales de la receta, reflejo de la alta inmigración desde la península itálica. Además, como leemos en el Diccionario de americanismos, en Argentina y en Uruguay dar el o un pesto significa dar una paliza, derrotar ampliamente al rival en un deporte o reprender severamente a alguien (en referencia al significado original de machacado).

hinojo.- Volvemos con otra planta, en esta ocasión una herbácea umbelífera sumamente aromática, con un gusto dulce que recuerda al del anís y cuyo uso culinario resulta muy versátil: las semillas se emplean como especia, el bulbo como hortaliza y las hojas y los tallos picados como condimento. Empleado con frecuencia para adobar aceitunas, ya el Diccionario de autoridades (1734) indicaba que, según el médico y botánico Andrés Laguna de Segovia, la variedad silvestre se dulcificaba bastante al cultivarlo sembrando su semilla dentro de un higo seco (sic). El DLE recoge también la variedad conocida como hinojo marino, de sabor salado. Esta voz procede del latín tardío fenucŭlum, del latín clásico feniculum, diminutivo de fenum ‘heno’. La i encuentra su explicación en la confusión entre esta palabra y su homógrafa, derivada en este caso del latín vulgar genŭculum, hinojo ¨rodilla¨ (en donde encuentra su explicación la locución hincarse de hinojos).

berenjena.- Le toca ahora el turno a esta solanácea que se llama igual que su fruto, aovado y lleno de una pulpa blanquecina cubierta por una película de color morado. Proviene del árabe andalusí baḏinǧána, este del árabe clásico bāḏinǧānah y este del persa bātingān. Su uso se encuentra documentado en nuestro idioma desde principios del siglo XV, si bien hasta 1884 el Diccionario académico ofrecía la forma berengena. Literariamente se empleó también la grafía verengena (como podemos encontrar en obras de Delicado, Cervantes, Góngora…). La expresión coloquial meterse en un berenjenal viene a ser sinónimo de hacerlo en un lío del que resulta difícil salir y puede tener su origen tanto en los aguijones que cubren sus hojas, lo que dificulta su recolección, como en la mala fama que arrastra esta planta desde la antigüedad, pues ya Covarrubias (1611) resaltaba que los latinos la habían bautizado como ‘manzana loca’ porque supuestamente alteraba a los hombres, provocándoles lujuria.

vichyssoise.- Terminamos el paseo de hoy con un término que no solo no aparece en el Diccionario de la Lengua Española, sino que tampoco lo hace en el Dictionnaire de l’Académie française ni, con esta acepción, en el Trésor de la Langue Française (1971-1994), que recoge más de cien mil palabras del idioma vecino. Se trata de una crema a base de patatas, la parte blanca de puerros, caldo de ave y opcionalmente cebolla, ligada con crema o nata y condimentada con cebollino picado. Generalmente se toma fría. Su origen es discutido, aunque suele atribuirse a Louis Diat, chef francés del hotel Ritz-Carlton de Nueva York, quien habría modificado una receta tradicional y la habría bautizado así por haber nacido cerca de la ciudad de Vichy. Otra versión asegura que fue un cocinero de Bermeo, al servicio del embajador español ante el gobierno colaboracionista de Vichy durante la II Guerra Mundial, quien la habría creado como forma de refinar el guiso de puerros conocido como porrusalda.

La cita de hoy

Cuando uno resulta creíble en su trabajo consigue respeto; y con respeto se puede trabajar con libertad”.

Reyes Martín Celaya

El reto de la semana

¿Con qué vino español podríamos haber brindado al término de nuestro paseo de hoy por que continúe el éxito de Trigo, mientras evocábamos a Edgar Allan Poe?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

 

Paseando por el FANDEMONIUM

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Si hace algo más de un mes los factótums de la editorial La Felguera nos invitaban a recorrer los bajos fondos madrileños, estos días pasados nos hicieron viajar aún más lejos con FANDEMONIUM el “festival de los fans del misterio y lo salvaje” que toma su nombre de Pandemonium, la gran capital infernal de Satanás y sus pares según podemos leer en El paraíso perdido (1667) de John Milton, que en las formas pandemónium y pandemonio aparecen en el objeto de estos paseos con el significado de lugar en que hay mucho ruido y confusión.

A lo largo de una semana los participantes han podido exorcizar sus propios miedos cabe búnkeres de la Guerra de España; pasear junto a esqueletos y restos momificados; estremecerse con un espectáculo de faquirismo; disfrutar de la sonoridad de música sagrada; sumergirse en los arcanos de una logia masónica; tener noticias de los autores de las muertes de algunos hombres ilustres y rendir homenaje a no menos eximios escritores. En definitiva, una experiencia única, otra más de esta editorial que funciona bajo la apariencia de una sociedad secreta.

Como no podía ser de otra manera, entre unas cosas y otras el paseante iba echándose al coleto un buen número de palabras, cinco de las cuales recorreremos hoy en homenaje y como muestra de agradecimiento a Beatriz, Servando y Carlos, anhelando ya que llegue el momento de recibir el aviso para recoger el salvoconducto que nos permitirá asistir a un nuevo secreto revelado.

panteón.- Del latín Panthěon -templo de planta circular y abovedado de la antigua Roma dedicado a todos los dioses. Fue erigido por Agripa y reconstruido por Adriano tras ser destruido por un incendio en el año 80-, y este del griego Pántheion. Se trata de un monumento funerario destinado al enterramiento de varias personas. Por extensión, en Andalucía y en algunos países de América se denomina así también al cementerio. De esta acepción deriva la palabra panteonero, enterrador o guardián del camposanto. Por el lugar donde está emplazada, la ciudad de Punta Arenas, en la Patagonia chilena, es un cruce de vientos, algunos con nombre propio. Uno de ellos, huracanado y que levanta grandes marejadas en primavera, es el panteonero, llamado así porque sopla al norte, zona en la que había un cementerio. Volviendo a panteón, se denomina también de esta manera al conjunto de las divinidades de una religión o de una cultura.

golfería.- Acción propia de un golfo y también el conjunto de estos. Golfo se predica de quien es deshonesto, holgazán, un granuja, un pillo o, con sentido más grave, a un vagabundo, un vicioso o alguien de malvivir. Como ocurre tantas veces en nuestro idioma en femenino tiene una carga mucho más peyorativa, pues golfa es sinónimo de prostituta. Este término es un derivado regresivo de golfín, ladrón que habitualmente actuaba en cuadrilla. Esta voz es aplicación figurada de golfín ‘delfín’, quizá por la aparición brusca del salteador, comparable a la del cetáceo cuando salta fuera del agua. Este otro nombre del mamífero procede del latín delphin ‘delfín’, influido por golfo ‘alta mar’. Relacionada con golfería encontramos golfemia – no recogida en el DLE y hoy en desuso-, mezcla de golfería y bohemia, apelativo que el crítico Guillermo de Torre aplicó a los personajes secundarios Luces de Bohemia (1924) de Valle-Inclán.

tarot.- Procedente del francés tarot, que lo tomó del italiano tarocco, de etimología desconocida. Es un tipo especial de baraja, utilizada en cartomancia -o cartomancía-. Está formada por 78 naipes, de los que 22 son los denominados arcanos mayores y representan diversas figuras -la sacerdotisa; el enamorado; la luna; el loco…-, siendo conocidas como arcanos menores las 56 cartas restantes, similares a las de una baraja española con sus cuatro palos: oros, copas, espadas y bastos. El diseño más clásico es del llamado Tarot de Marsella (finales del siglo XVII), que ha servido de guía para la elaboración de las figuras y su simbología. También se denomina tarot al juego que se practica con esta baraja. Precisamente en italiano existe la locución essere il mato nei tarocchi ‘ser el loco en los tarots’ con el sentido de ser alguien bienvenido en cualquier momento, pues la figura del loco cumple las funciones de comodín.

francmasonería.- O también masonería. Institución filosófica y filantrópica cuyo objetivo último es estimular el perfeccionamiento moral e intelectual de las personas y las sociedades. Sus miembros -los francmasones o masones– celebran una serie de rituales con alto contenido simbólico y forman una hermandad iniciática y jerarquizada organizada en grupos denominados logias. Este vocablo llega a nuestra lengua desde el francés franc-maçonerie, derivado de franc-maçon, adaptación del inglés freemason, compuesto por free ‘libre’ y mason’, albañil’, pues el origen de la francmasonería se encuentra en las asociaciones de obreros de la construcción itinerante y de alta cualificación que utilizaban entre ellos signos convencionales de reconocimiento desconocidos para los profanos. Hasta 1925 DLE la adjetivaba como clandestina y como secreta desde entonces hasta la última edición, en la que desaparece ya cualquier calificación.

valleinclanesco.- Lo perteneciente o relativo al antes citado Ramón M.ª del Valle-Inclán o a su obra, o a aquello que posee rasgos característicos de ella. Si bien este adjetivo no llega al DLE hasta su edición de 2001, el escritor gallego -al que los fandemoniados dedicaron un paseo nocturno- ya se había incorporado a él en 1970, cuando se añade a la voz esperpento la acepción de género literario por él creado, en el que se deforma grotescamente la realidad utilizando expresiones jergales y cínicas. No obstante, no es esta inclusión en el Diccionario académico el único triunfo póstumo de la escritura de quien fuera devoto de lo oculto y lo misterioso: en 1981 el rey Juan Carlos I creó el Marquesado de Bradomín -protagonista de las Sonatas valleinclanescas-, otorgado al hijo de nuestro autor queriendo señalar su “Real aprecio a la memoria del gran escritor y para dar realidad a la creación literaria de un personaje de ficción”.

 

La cita de hoy

“No hay nada que no sea literario. Todo depende de cómo lo mirás”.

Pedro Mairal

 

El reto de la semana

¿Por qué no habría resultado extraño encontrarnos helechos durante el paseo de hoy?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

Paseando sobre el escenario

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Ha tenido el paseante la suerte de iniciar este mes de noviembre como mandan los cánones y la tradición -en su rousseauniano sentido de opiniones, usos y costumbres-: asistiendo el Día de Todos los Santos a una representación del Tenorio de José Zorrilla, puesto en escena en la madrileña Santorcaz por el grupo Tithya Teatro.

Aseguraba Lope de Vega, que de esto sabía algo, que al teatro le basta con dos actores, una manta y una pasión, y así se verificó ese día: un montaje minimalista de los que se logran haciendo de la necesidad virtud; unos intérpretes que en algún caso era la primera ocasión en la que se subían a un escenario y una pasión, la historia religiosa-fantástica de amor y redención escrita por el que fuera coronado en 1889 como poeta nacional laureado. Y pasión también la comunicada por esos mismos actores, cada uno a su manera y en la medida de su personaje, que viviendo sus papeles más que recitarlos consiguieron transmitirla a un público -entre el que había a su vez quienes ni siquiera conocían previamente la obra- cuyo silencio y conexión con lo que estaba sucediendo sobre el escenario ya desearía encontrar en muchas ocasiones más de un elenco profesional.

Como es de bien nacidos el ser agradecidos, saborearemos de nuevo el buen rato que pudimos disfrutar paseando hoy por cinco palabras no del texto de este drama, algo que ya hicimos en su momento, sino espigadas entre los apellidos de un reparto que con su ejemplo contradice una de las sentencias que el paseante lleva oyendo desde que tiene uso de razón: “el teatro está en crisis”, pudiendo bien aplicarse a quienes tantas veces lo han dado por acabado esa otra frase -“los muertos que vos matáis gozan de buena salud”- que con tanta frecuencia como erróneamente se atribuye al libreto del Don Juan de Zorrilla.

donoso.- Se predica de algo o alguien que tiene gracia, donaire. El Diccionario de autoridades (1732) lo definía muy gráficamente como “agraciado, pulido, aseado, chistoso, y que atrahe (sic) la vista y la voluntad, por lo gustosa que es su conversación”. Procede del latín *donōsus, que lo hace de donum ‘don’ -en su significado de regalo, merced- y este de dare ‘dar’. Puede emplearse también en sentido irónico, antepuesto al sustantivo. Es voz literaria, poco usada en nuestros días, que podemos no obstante encontrar en las páginas de autores tan diversos y de épocas tan distantes como Gonzalo de Berceo -que lo empleaba con el sentido de generoso-, Juan Ruiz, Alonso de Ercilla, Lope de Vega, Quevedo, Teresa de Jesús, Cervantes, Pardo Bazán, Unamuno, los hermanos Machado, y, entre otros cuantos, por supuesto también Zorrilla.

corredor.- Una de esas palabras que constan de múltiples significados. Si el primero que nos viene a la mente es el de alguien que corre mucho o deportivamente -no en vano deriva de correr, del latín currěre-, es término que también se emplea, entre otros, en ámbitos como el zoológico, aplicado a aves, como el casuario, con alas cortas que no les sirven para volar; el arquitectónico, dando nombre al pasillo en un edificio o a un tipo de galerías cubiertas; el aeronáutico, donde un corredor aéreo es la ruta obligada en un trayecto de vuelo determinado; el militar, donde designa a soldados que salían para reconocer el terreno o para realizar correrías en terrenos enemigos como a un terraplén que defendía el foso en las antiguas fortificaciones; o el jurídico, en el que da nombre a un profesional que se compromete a mediar para promover la conclusión de un negocio entre quien le paga y una tercera parte.

castro.- En este caso nos encontramos con dos entradas homógrafas recogidas en el DLE. La primera, del latín castrum ‘fortaleza’, nos habla de un poblado iberorromano fortificado. Corominas señala que se refiere por lo general a Galicia -donde encontramos que se denomina también así a una altura en la que hay vestigios de alguna antigua fortificación, significado también empleado en Asturias, así como a una peña que avanza de la costa al mar o que sobresale aislada en esta separada de aquella-, quedando reducido en el territorio de lengua castellana principalmente a nombre de lugar, frecuente por otra parte. Asimismo, antiguamente daba nombre al real o lugar en que estaba acampado un ejército. La segunda entrada de castro hace referencia a la acción y el efecto de castrar, sacar de las colmenas panales con miel, dejando los suficientes para que las abejas puedan seguir produciendo más.

redondo.- Del latín rotundus, que Moliner indica que encuentra su origen en rota ‘rueda’. Término también con múltiples usos, como adjetivo puede referirse a algo de forma esférica o circular; a una dehesa que no es comunal; a la nobleza “por los cuatro costados” del origen de una persona o a algo claro, perfecto, completo. Como sustantivo alude asimismo a un perfil de sección circular; a un corte de carne de res y, coloquialmente, a una moneda corriente. En femenino ofrece a su vez diversas significaciones. Por su parte, el Diccionario de americanismos recoge también diferentes sentidos en diversos países, desde un vehículo con muchas abolladuras -en Puerto Rico- a persona bisexual -en la República Dominicana-, por poner solo dos ejemplos, si bien en ese lado del Atlántico el vocablo redondo utilizado se trata en realidad de un calco del inglés round.

galán.- Hombre airoso en el manejo de su persona, lucido -la locución más galán que Mingo hace referencia a alguien muy arreglado o acicalado-. En el teatro y en el cine es un actor apuesto, de buena presencia, joven habitualmente, que representa un papel por lo general protagónico de galanteador -es decir, el que corteja a una dama- o de enamorado de la misma. En el Siglo de Oro español encontramos algunas obras que llevan esta voz en su título, como El galán fantasma de Calderón de la Barca, La esclava de su galán de Lope de Vega o La mesonera del cielo y el ermitaño galán de Mira de Amescua. Llegó a nuestro idioma desde el francés galant, derivado del participio de presente -forma que puede ser equivalente al gerundio español en muchos contextos- del antiguo verbo galer ‘disipar (en placeres)’, tomado del antiguo franco bajo *walla ‘bien’, de donde derivó el galorromano *walare ‘tomarlo con calma’.

 

La cita de hoy

“El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana”.

Federico García Lorca

 

El reto de la semana

¿Con qué juego de tablero podíamos habernos entretenido durante el entreacto de la función?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)