De paseo con los marqueses de Comillas

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En su reciente estancia por tierras cántabras tuvo el paseante ocasión no de confraternizar con la nobleza, como parece desprenderse del título de este paseo, pero sí de sumergirse, siquiera fuera por un rato, en la vida de los dos primeros marqueses de Comillas: Antonio López, a quien Alfonso XII concedió el título en 1878 y la dignidad de Grande de España en 1881, y su hijo Claudio, hombre sumamente religioso que incluso cuenta con expediente de beatificación abierto en el Vaticano.

Y lo hizo de una manera especialmente grata para él: paseando por las páginas de un libro, Tabaco. El imperio de los marqueses de Comillas, obra del periodista catalán Ramón Vilaró, que ofrece un fresco que permite comprender parte del trasfondo de la historia de España en el periodo que desembocaría en la pérdida de las colonias ultramarinas y conocer un poco mejor a quien, tras conocer su fallecimiento, el mismo monarca -que pasaría dos veranos en la villa cántabra invitado por el magnate- calificó como uno de los hombres que más grandes servicios había prestado a España.

Encenderemos hoy un buen puro filipino, seguramente alguno de los herederos de la Flor de la Isabela, para pasear entre las volutas de su humo por cinco palabras recolectadas en  una novela que ha sido un auténtico lujo poder leer en el lugar donde todo empezó y donde la impronta dejada por el primer marqués permanece tan viva.

paraninfo.- Salón de actos en una universidad, en el que se celebran los actos más solemnes. También se llamaba así a quien proclamaba el inicio del curso universitario, alentando al estudio con alguna oración retórica. En un principio esta palabra designaba al padrino de una boda y, por extensión, a quien anuncia una felicidad. Estos dos significados continúan apareciendo en el DLE, si bien con la marca ‘poco usado’. El Diccionario Enciclopédico Gaspar y Roig (1855) aseguraba que en la antigüedad, en las bodas de los antiguos griegos era una especie de ministro que presidía la ceremonia y organizaba el festín; en Roma se daba este nombre a cada uno de los tres mancebos que conducían a la novia a casa de su esposo  y entre los hebreos era el amigo íntimo del esposo que hacía los honores y acompañaba a la desposada a casa de aquel. Del latín tardío paranimphus ‘padrino de bodas’, procedente del griego paránymphos, compuesto por para- ‘junto a’ y nýmphē ‘novia’, ‘mujer joven’, ‘divinidad de las fuentes’.

esmoquin.- Prenda masculina de etiqueta, a modo de chaqueta sin faldones. Asociado más a celebraciones que a actos formales, es traje de noche que se lleva tanto en lugares cerrados como en espacios abiertos. El más usual es de color negro, aunque puede asimismo encontrarse en azul oscuro, granate o blanco. Fue vestido por vez primera por el príncipe de Gales, posteriormente rey Eduardo VII, en la localidad inglesa de Cowes. En España no admite condecoraciones, aunque sí en otros países. Se incorporó al DLE en su edición de 1970, y según el Diccionario panhispánico de dudas es adaptación a nuestro idioma de la voz inglesa smoking, adoptada por los franceses para nombrar este tipo de traje, cuya chaqueta se parece a la smoking jacket ‘chaqueta de fumar’ que se ponían los ingleses para no impregnar su ropa con el olor del humo. Curiosamente en los países anglosajones no recibe este nombre y es conocido como dinner jacket ‘chaqueta para cenar’, black tie ‘corbata negra’ o tuxedo -en los Estados Unidos-.

draconiana.- Una ley, una medida, una condición para acceder a algo que resulta excesivamente severa. Su epónimo es Dracón, responsable del primer código legal escrito de Atenas (621 a. C.), en el que prácticamente todos los delitos, desde la vagancia hasta el asesinato, eran castigados con la pena capital. Preguntado por el motivo de esa extrema dureza, habría respondido que las infracciones más leves eran merecedoras de ello y que no se le ocurría un castigo mayor para las más graves. Sus leyes fueron reformadas años más tarde por Solón, quien a su vez dio lugar también a otra palabra, en este caso en inglés: solon, que el diccionario Merriam-Webster define como ‘legislador sabio y hábil’ o ‘miembro de un cuerpo legislativo’. Volviendo al español, como Draconianos fueron conocidos los miembros de una de las facciones que se enfrentaron en la guerra civil colombiana de 1854. Firmes defensores del proteccionismo, estaban enfrentados a los Gólgotas, valedores del libre comercio.

morriña.- Del gallegoportugués morrinha, su acepción más conocida es la de sentimiento y estado de ánimo melancólico, triste, incluso un poco depresivo, en particular el causado por la nostalgia de la tierra natal o de los seres o lugares queridos. El DLE recoge también que es otro nombre de la comalia, una enfermedad que afecta al ganado, caracterizada por  un derrame o acumulación anormal de líquido seroso. Fuera del diccionario académico encontramos que morriña es además un tipo de llovizna -semejante al orvallo-; una capa de suciedad que se forma sobre algo debido a la falta de higiene; que en la zona del Bierzo se denomina así a la carne salada de cerdo, muerto en malas condiciones o sacrificado en el verano, y que no se puede conservar; que, según el Diccionario Enciclopédico UTEHA (1953) es otra enfermedad, de las plantas en este caso; que en Puerto Rico designa la rabia producto de los celos o la envidia y en Panamá se llama así al cuerpo de un animal muerto y en estado de descomposición.

caliqueño.- Un tipo de cigarro puro de no mucha calidad, tradicionalmente realizado de forma artesanal. De fuerte aroma , su aspecto es irregular y resulta rugoso al tacto. Muy típico del Levante español, su origen se encontraría en los soldados valencianos y catalanes que al regreso de la guerra de Cuba, a finales del siglo XIX, volvieron con el conocimiento para cultivar y hacer labores de tabaco. Durante muchos años se elaboraron de forma clandestina, comercializándose de contrabando como forma de obtener ingresos extra. Existen dos versiones sobre el origen del término: una apunta  a que procede de cala pequeña ‘calada pequeña’ -y de hecho la forma caliquenya fue la original en catalán-, mientras que la otra aventura que podría ser gentilicio de Cali, ciudad tabaquera de Colombia de donde tal vez se importaran. También era conocido como cigarro de calé y en este caso el nombre provendría del caló caló ‘oscuro, negro’, en referencia a la moneda de cobre de un cuarto, que habría sido su precio inicial.

 La cita de hoy

“Cuando murió convinieron todos los elogios en que su instinto de orientación en el complicado panorama de los negocios era el más extraordinario de nuestro siglo XIX”.

Nemesio González Caminero

 

El reto de la semana

¿Con qué juego de cartas, al que el marqués jugaba habitualmente y que nos lleva a pensar también a un conjunto de asientos y a una joya, podríamos entretenernos hoy tras nuestro paseo?

 (La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

Paseando por el Cenador de Amós

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Piano piano, como quien no quiere la cosa, casi sin darnos cuenta y al tran tran, con este que iniciamos ahora alcanzan estos paseos por el tumbaburros -que diría festivamente un mexicano– una cifra redonda: doscientos. Y en verdad pocas formas mejores podríamos haber encontrado de celebrar esta ducentésima entrega que disfrutando de una cena en el cántabro Cenador de Amós.

Ubicado en una casona palacio del siglo XVIII, es el ‘taller artesanal’, en sus propias palabras, en el que Jesús Sánchez desarrolla con su equipo una cocina creativa, sin duda arriesgada, empleando técnicas innovadoras, sí, pero sin olvidar -imbuido sin duda del espíritu de ese abuelo a quien homenajea en el propio nombre del restaurante- la historia, su propio acervo culinario. Tradición y modernidad, pues, como balizas que orientan el desarrollo de una cocina que, hasta el momento, se ha hecho merecedora de lucir dos Estrellas Michelin y tres Soles Repsol.

En esta ocasión ampliaremos el caladero en el que solemos pescar nuestras palabras cuando visitamos un restaurante, el menú degustado, para buscarlas también entre aquellas con algún significado próximo para este cocinero navarro que gusta de acercarse al producto con optimismo y una sonrisa, consiguiendo un exquisito resultado capaz de evocar y provocar a la vez; de conmover al comensal, en una palabra. ¿Se puede pedir más?

canela.- Especia muy aromática y de sabor muy agradable, empleada en repostería y como condimento. Es la segunda corteza de las ramas y rebrotes de la raíz del canelo, árbol originario del antiguo Ceilán que tomó su nombre a partir de la especia. Llegó a nuestro idioma a través del francés antiguo canele, procedente del italiano cannella, diminutivo de canna ‘caña’ -que a su vez viene el latín canna, del griego kánna, de origen asirio-babilónico-, por la forma de canutillo que adopta al secarse esta corteza. Presente en nuestra literatura desde El libro de Buen Amor (s. XIV) de Juan Ruiz, decir de algo o de alguien que es la flor de la canela, canela en rama o canela fina es una manera de encarecer su excelente calidad. No hay que olvidar que en la antigüedad la canela alcanzaba un altísimo valor -llegando a equipararse como medio de pago al oro o la plata-, hasta el punto de que en los siglos XVI y XVII había barcos, sobre todo portugueses, que se dedicaban en exclusiva a su comercio.

filipina.- Viene este término a nuestro paseo en su acepción americana -está documentado su uso en México, República Dominicana, Guatemala o Cuba- de prenda de vestir, una camisa o chaqueta de dril, con botones o cierre al frente, generalmente de manga corta, sin solapas -con cuello del denominado mao, chino o mandarín-, vestida por los hombres y que se emplea en diversas profesiones y oficios: médicos, cocineros… Con este significado aparece recogido en el DLE desde 1936. Su origen etimológico nos remonta hasta el rey Felipe II, epónimo de las Islas Filipinas. Originariamente llamadas Islas de Poniente por el navegante Magallanes, quien las reclamó para la Corona española, será Ruy López de Villalobos quien durante la expedición por él capitaneada entre 1542 y 1544 bautizará el archipiélago -en un principio, en la forma Felipinas, a las islas de Leyte y Samar- en honor de quien entonces era entonces Príncipe de Asturias.

magano.- Nombre que recibe en Cantabria el calamar. Según Adriano García Lomas –El lenguaje popular de las Montañas de Santander (1949)- deriva del castellano magaña ‘astucia, ardid’, tal vez con origen en el griego magganon ¿’engaño’? -probablemente en referencia a la tinta que dispara este molusco para poder huir cuando es atacado-. Este término no aparece en el DLE, aunque sí se hallaba en las cuatro ediciones que entre 1927 y 1989  publicó la RAE del Diccionario manual e ilustrado de la lengua española, una versión resumida y complementaria de aquel. Podemos rastrearlo en distintas obras de escritores nacidos a las orillas del mar Cantábrico como José María de Pereda –Sotileza, Escenas montañesas-, Ignacio Aldecoa –Gran Sol– o Álvaro Pombo –El héroe de las mansardas de Mansard-. Los ejemplares más apreciados son los denominados de guadañeta, pescados en sus costas en la época estival empleando este antiguo sistema a base de anzuelos.

petricor.- Una de las palabras favoritas del paseante por la sensación que le evoca. Es el nombre que recibe el olor que se desprende al llover en suelos secos: lo que comúnmente conocemos como ‘olor a tierra mojada’. Algunos científicos creen que la capacidad humana para apreciarlo proviene de cuando nuestros ancestros dependían de la época de lluvias para su supervivencia. Ausente todavía de los diccionarios de nuestro idioma, se trata de un calco del inglés petrichor, que el Oxford English Dictionary define como ‘aroma que frecuentemente acompaña a la primera lluvia caída tras un periodo de tiempo seco en algunas regiones’. Esta voz apareció por vez primera en un artículo de la revista Nature en 1964, acuñada por dos científicos, la australiana Isabel Joy Bear y el británico Richard Thomas, a partir de los componentes griegos petra ‘piedra, roca’ e ichṓr ‘icor’ -parte serosa de la sangre y, en la mitología griega, el propio fluido que circulaba por las venas de los dioses-.

espárrago.- Del latín asparăgus, propiamente ‘tallo pequeño, brote’, y este del griego aspáragos, con el mismo significado. En tiempos antiguos, como podemos leer en el propio Diccionario de autoridades (1732), designaba el tallo tierno de cualquier hierba o árbol agradables al gusto. Posteriormente se circunscribe a lo que hoy conocemos como tal: la yema de tallo recto y comestible producto de la esparraguera -conocida igualmente por el propio nombre de espárrago-, planta de la misma familia a la que pertenecen el puerro o la cebolla. Si encontramos este vegetal en nuestras mesas ya desde la época de los romanos, lo hacemos con su nombre en locuciones como mandar a alguien a freír espárragos -para despedir a alguien sin miramientos, incluso con enojo, en muchas ocasiones para poner fin a una discusión-, estar solo como espárrago o como espárrago en el yermo -que refleja la soledad de aquel de quien se predica- o la argentina machucar los espárragos -estrechar fuertemente la mano de otra persona-.

La cita de hoy

“La cocina es un ejercicio de seducción”.

Jesús Sánchez

 

El reto de la semana

¿Con qué habremos brindado hoy al término de nuestro paseo para celebrar por todo lo alto este aniversario?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

De paseo con Víctor Gutiérrez

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La vida nos ofrece en ocasiones -será para compensar- momentos como el que tuvo el paseante ocasión de vivir hace algunos días, cuando el deleite de poder disfrutar de Salamanca en compañía de Carmen, admirando la exposición de Miquel Barceló, se vio coronado de la mejor manera posible con la posibilidad de comer en el restaurante Víctor Gutiérrez.

Una ocasión largamente acariciada y que tuvo como resultado final algo realmente difícil de conseguir: que la realidad estuviera incluso por encima de las expectativas. Porque la experiencia en el local de este chef peruano-salmantino, merecedor desde 2004 de una ininterrumpida Estrella Michelin, va más allá del “plato fuerte” -un exquisito menú que conjuga corazón peruano, alma española y matices del mundo, como él mismo gusta de decir-, consiguiendo que todos los elementos que lo acompañan: vajillas; cuberterías; la propia disposición del local; su decoración…, todo ello rematado por una excelente dirección de sala, converjan para convertir la visita en un gozoso acontecimiento para el comensal.

Hoy volvemos nuestra mirada, como es habitual en estos paseos cuando es la restauración su motivo, hacia ese menú para encontrar en él cinco palabras que nos permiten extraer los jugos de sus significados reales o figurados, sus diferentes grafías, sus orígenes, sus usos… mientras cumplimos con el consejo para la vida que da el propio Víctor: “Comer y disfrutar”.

curri.- Mezcla de especias en polvo originaria de la India, empleada en la cocina como condimento y sazonador. También da nombre a diferentes preparaciones en las que resulta ingrediente fundamental. Si bien no se encuentran en el país asiático referencias a una mezcla concreta que reciba ese nombre, generalmente suele incluir cilantro, jengibre, cayena, clavo, nuez moscada, canela o cúrcuma. Existen curris que llegan a mezclar hasta setenta ingredientes. Esta palabra fue incluida en la última edición del DLE, como adaptación de la voz inglesa curry, que fue incorporada en 2001 y que se mantiene en el Diccionario académico. A esta lengua habría llegado desde el tamil kaṟi ‘salsa’, aunque es posible que lo hiciera a través del portugués -fueron nuestros vecinos ibéricos los primeros europeos en llegar a la India-, idioma en el que con la forma caril parece ya documentada en 1563 en Colóquio dos simples e drogas e cosas medicinais da Índia, obra del médico judío portugués de origen español Garcia de Orta, quien fuera alumno en las universidades de Salamanca y Alcalá.

lagarto.- Del latín *lacartusCorominas aventura que probablemente sea una forma dialectal arcaica-, procedente de lacertus. Término polisémico que según los países en que se emplee sirve para nombrar a diversos tipos de reptiles; a un músculo del brazo, entre el hombro y el codo; a una mariposa; a alguien que come con exceso;  a un pez marino; a una clase de árbol; a un cable usado para puentear energía; a un pellizco dado en el antebrazo… Además, coloquialmente puede hacer referencia a una persona taimada, pícara o a una avariciosa; a la cerveza; a una prostituta o a la espada roja que constituye la insignia de la orden de caballería de Santiago. Asimismo, en lenguaje de germanía designa a un ladrón del campo o al que muda sus ropas de diferentes colores para no ser reconocido. En este paseo lo recorremos en su sentido más carnívoro, pues es el nombre que reciben sendos tipos de cortes: en España, una parte de la carne del cerdo, situada entre las costillas y el lomo; en Venezuela o Chile, uno de vacuno extraído de la parte inferior de los cuartos posteriores.

alfajor.- Derivado del árabe andalusí fašúr, este del persa afšor ‘jugo’, que a su vez lo hace del también persa afšurdan ‘exprimir’. En España, es otra forma de llamar al alajú -o alejur, o alhajú, formas que también recoge el DLE-, una golosina elaborada con almendras y nueces molidas, a veces también piñones, pan rallado y tostado, miel cocida y especia fina -que constaba, según el modo común de cocinar que observaban las casa jesuíticas, publicado como libro en 1818, de azafrán, clavo, nuez moscada y pimienta-. En América, desde México hasta Chile, encontramos diferentes tipos de dulces llamados así, que según los lugares en que sean elaborados incorporan coco, dulce de leche, chocolate, canela, yuca, harina de maíz tostado, mermelada, papelón -pan de azúcar sin refinar-… El Diccionario de autoridades (1726) incluía también la acepción de bebida compuesta de vino y otros ingredientes, que se correspondería con el hipocrás, líquido asimismo preparado con vino, contando con azúcar y canela entre otros componentes.

cebiche.- También ceviche, sebiche y seviche, formas todas ellas recogidas tanto en el DLE como en el Diccionario de americanismos. Plato generalmente preparado con trozos pequeños de pescado o marisco que se maceran en jugo de limón ácido o naranja agria, con sal, cebolla picada y ají picante. Aunque se encuentra en numerosos países, está considerado como la comida bandera del Perú, donde en 2004 fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación, celebrándose cada 28 de junio su día nacional.  No en vano se emplea la locución ser más peruano que el cebiche. Son numerosas las conjeturas sobre la procedencia etimológica de esta voz. Aunque en el pasado optó por la palabra cebo -como habría propuesto el escritor puneño Federico More-, el Diccionario académico señala ahora que tal vez provenga del árabe andalusí  assukkabáǧ, y este del árabe sikbāǧ, el mismo origen que la voz escabeche. Otras teorías apuntan al quechua siwichi ‘pescado fresco, tierno’, al también árabe sibech y no falta quien habla incluso de un posible origen inglés, derivado de  sea beach.

pichón.- Cría de la paloma casera, de carne muy tierna y muy apreciada en gastronomía. Valga como botón de muestra el Manual del perfecto cocinero. 672 fórmulas para guisar pichones (1930), de A. Soler Monés. Históricamente fue alimento reservado a reyes y nobles -posteriormente también al clero- y es sabido que el emperador Carlos V desayunaba varios de ellos cada día en su retiro en Yuste. En algunos países americanos se llama así al polluelo de cualquier ave, excepto de gallina. Se emplea además coloquialmente como apelativo afectuoso hacia alguien o bien para indicar que es joven y sin experiencia, un aprendiz. También en América hallamos que se utiliza para referirse a realidades tan distintas como una planta -la daguilla-; al pene; a una mancha de excremento en la ropa interior; a un cigarrillo de marihuana; al retoño de la caña de azúcar; a un cohete sin varilla o al descendiente de trabajadores antillanos de la caña de azúcar emigrados a Panamá. Este término, documentado ya en español en 1604 encuentra su origen en el italiano piccione, del latín tardío pipio, derivado de pipiare ‘piar’.

 La cita de hoy

“Para cocinar es fundamental viajar, leer, la cultura y el respeto a los productos”.

 Víctor Gutiérrez

 

El reto de la semana

Teniendo en cuenta los antecedentes biográficos de nuestro chef ¿con qué habremos brindado al finalizar nuestro paseo lingüístico/gastronómico de hoy?

 

 

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

Un paseo junto a la cursería

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Se cruzaba el paseante hace unos días, leyendo un artículo con motivo del aniversario del fallecimiento de Francisco Umbral, con una palabra que siempre llama su atención: cursi, como calificaba el autor del mismo algunos de los momentos escritos por el conmemorado. Y tratando de recordar dónde la había leído hace ya algún tiempo, recordó una entrevista con Félix de Azúa quien, en vísperas de su recepción en la RAE, denominaba así a un joven político acostumbrado, sin duda a recibir -y proferir- denuestos más estrepitosos aunque difícilmente más demoledores.

Porque cursi es uno de esos epítetos que por su grado de inconcreción pueden alcanzar un gran rango de matices, ninguno de ellos ciertamente favorable, y que no pareciendo especialmente ofensivo en comparación de otros insultos de más grueso calibre guarda en su interior una profunda carga de desprecio.

Ese reencuentro con la palabra, y el hecho de que su desconocido origen la conecte directamente con nuestro último paseo, animaron al paseante a releer La filocalia o arte de distinguir a los cursis de los que no lo son, seguido de un proyecto de bases para la formación de una hermandad o club con que se remedie dicha plaga (1868), un divertido opúsculo escrito, con Santiago de Liniers, por el político y miembro también de la RAE Francisco Silvela, obra de la que extraemos las cinco palabras, seis en realidad si incluimos la cursería -sinónimo de cursilería- del título, por las que pasearemos hoy.

cursi.- Comenzamos, no podía ser hoy de otra manera, con este vocablo que se predica de la persona que, pretendiendo resultar fina y distinguida, ofrece en realidad una imagen afectada y ridícula. Referido a alguna cosa, señala aquello que, bajo una apariencia de riqueza o elegancia, resulta pretencioso, relamido, de mal gusto. Los límites de su alcance resultan difusos, dependiendo en gran medida de la intención que guía a quien lo emplea. Documentado por vez primera en 1865, la Academia califica con acierto su origen como ‘discutido’, al ser numerosas las teorías referidas al mismo, que abarcan desde procedencias del gitano, el árabe marroquíkúrsi ‘silla’, de donde pasaría a ‘cátedra’; de ahí a ‘sabio’ y de este a ‘personaje principal, figurón’- o el inglés –coarse ‘ordinario, tosco’- hasta la introducción en nuestro país de la letra cursiva, pasando por la isla de Córcega; una familia gaditana de apellido Sicur – por metátesis-; en el mismo Cádiz, unas damiselas huérfanas y adineradas llamadas Tessi y Curt; don Reticursio, personaje teatral que vestía de forma harto extravagante y pretenciosa…

charol.- Del portugués charão ‘laca’, que lo tomó del chino chat liao, compuesto del chino dialectal chat ‘barniz’ y liao ‘tinta’, ‘óleo’. Barniz celulósico muy flexible y lustroso que se adhiere perfectamente al material sobre el que se aplica. Muy empleado en calzado, se denomina también así al cuero cubierto con este material. De esta voz derivan charolar y acharolar ‘barnizar algo con charol u otro líquido equivalente’, cuyos participios han generado los adjetivos charolado ‘que tiene lustre’ y acharolado ‘semejante al charol’ respectivamente. A su vez, charolista es la persona cuyo oficio consiste en charolar. En algunos países americanos se denomina charol -o charola– a la bandeja; en Cuba se llama también  así popularmente a una persona de piel muy negra y en México es un deslumbramiento en una videograbación. Si atendemos a su empleo en locuciones, en España darse charol significa darse importancia, alabarse, mientras que en México, se dice dar el charolazo a presentar una credencial oficial para lograr un beneficio ilícito o eludir la responsabilidad por alguna infracción cometida.

felpa.- Tejido semejante al terciopelo, que puede ser de seda, lana, algodón o cualquier otra fibra, pero de pelo más largo -el DLE recoge la felpa larga, que tiene el pelo largo como de medio dedo-. Coloquialmente sirve también para referirse a una reprensión áspera, un rapapolvo, o bien a una tunda de golpes -en este caso el Diccionario de autoridades (1732) hablaba de felpa rabona-. En distintas partes de América adquiere también significados tan variados como una derrota amplia infligida en una competición deportiva o una disputa; un útil para escribir o dibujar provisto de una carga de tinta y punta de fibra; un cojín de tela muy fina o la marihuana. Palabra también de origen incierto, Covarrubias conjeturaba que se llamó así, casi filelpa, por estar tejida de cabos de hilos. Corominas señala que es común con el catalán, el portugués y el italiano y la relaciona con el occitano feupo ‘hilachas’ y el francés antiguo y dialectal feupe ‘harapo’. Indica asimismo que este vocablo aparece por vez primera en Inglaterra ya en el siglo XII en sus dos variantes, pelf (pilfer) y felpe y que quizá sea una antigua voz germánica.

cascabel.- Bola de metal hueca, normalmente de pequeño tamaño, con una ranura o unos orificios y una asita para colgarla, que lleva en su interior una pieza metálica que produce un tintineo al chocar con las paredes de la bola. También se llama así al remate  posterior de algunos cañones antiguos de artillería. Documentada desde el siglo XII, procede del occitano cascavel -en esta forma la podemos encontrar en el Cantar de Mio Cid-, diminutivo del latín vulgar cascabus, variante del latín caccăbus ‘olla’, que ya se utilizó en la Antigüedad para designar de forma figurada un cencerro. Entre las varias locuciones en las que encontramos esta palabra tal vez la más conocida sea la de poner el cascabel al gato, que tiene el sentido de atreverse, entre varios interesados, a realizar la parte más embarazosa o difícil de una acción. Proviene de una antigua fábula escrita en el siglo XIII por el monje inglés Odo de Cheriton -aunque el origen podría ser anterior, pues se inspiraba en escritores clásicos como Esopo-, popularizada en nuestro idioma por Félix María de Samaniego bajo el título de El congreso de los ratones.

culotar.- Ennegrecer una pipa o boquilla -sobre todo las de espuma de mar- con el humo al usarlas. Préstamo léxico del francés culotter, que en un principio hacía referencia a recubrir el interior de la cazoleta de la pipa, a fuerza de uso, de una capa producida por el propio residuo del tabaco, que permite posteriormente a este liberar todo su aroma durante la combustión y pasó a emplearse por analogía -documentado ya con este sentido en 1823- como ese ennegrecer, dar una pátina oscura. Este galicismo no aparece recogido en el DLE, aunque sí en diccionarios de uso como el Moliner o en compilaciones de léxico extremeño o andaluz, pudiendo espigarse -también con el significado, como lo emplea Arniches, de ahogar con el humo del tabaco- además en obras de Pérez Galdós, Tomás Luceño, José María de Pereda, su íntimo amigo Eduardo Bustillo, Alejandro Pérez Lugín, o Zunzunegui, tanto en esta forma como en la de aculotar. En su satírico Libro de los elogios (1911), el periodista y dramaturgo Antonio Palomero bautiza como boquillicultura al arte o ciencia de culotar una boquilla.

 

La cita de hoy

“La palabra cursi constituye una gloria exclusiva de nuestro léxico”.

Julio Camba

 

El reto de la semana

¿Con qué “pariente” suramericano de nuestro cursi de hoy, y sobre cuya condición ya paseamos en su momento, nos resultaría lógico habernos encontrado en nuestro paseo?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

Un paseo de orígenes inciertos

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Un periodo convalecencia como el que recientemente tuvo ocasión de “disfrutar” el paseante puede llevarle a uno a tal sensación de hastío ante la forzada inactividad que le dé incluso por  ponerse al día ordenando todo aquello que tanto tiempo llevaba procrastinando.

Labor esta que incluye a todos esos objetos, normalmente de pequeño tamaño, que hemos ido colocando por ahí en nuestra casa, sin saber muy bien cuál sería su destino y que, en consecuencia, han acabado por perpetuarse allí donde cayeron en su momento. Y solemos postergar tanto esta labor de ordenación -al fin y al cabo han acabado por formar parte del paisaje hogareño- que cuando nos ponemos manos a la obra encontramos que de algunos de ellos no logramos recordar con plena seguridad su procedencia e incluso es posible que de otros ni siquiera tengamos la más remota noción de la misma o de cuándo llegaron hasta nosotros.

Este desconocimiento sobre el origen afecta también, a pesar de los avances de la etimología, a muchos vocablos en cualquier idioma. Así pues, pasearemos hoy, con un guiño especial a nuestra amiga Montse, tan amante ella también de las palabras y cuyo cumpleaños ha celebrado este mes que ahora termina, por cinco, e incluso alguna más, de esas palabras que el Diccionario de la lengua española señala con la marca ‘de origen incierto’.

lastra.- Piedra normalmente plana, naturalmente lisa, de poco grosor y usualmente de tamaño más bien grande. Es sinónimo de lancha, a cuya definición remite el Diccionario académico y que es otro término cuyo origen resulta también incierto.  En la edición de 1899 el DLE indicaba que procedía del italiano lastra, y este del griego lístros o laístros ‘piedra plana’; en la de 1914 desaparece la referencia a este último idioma, manteniéndose tan solo el origen itálico; en 1984 asegura que se trata de una ‘voz prerromana, como el italiano lastra’, decidiéndose a partir de 1992 por la incertidumbre que continúa apareciendo en la última edición. Durante muchos años la ciudad de Salamanca protagonizó una curiosa anécdota relativa a esta palabra, pues albergó en su callejero una vía dedicada a alguien que jamás existió: Adela Lastra. La calle se llamaba en realidad Arroyo de la Lastra. En algún momento debió acortarse a A. de la Lastra y en otro posterior alguien, sin percatarse del punto, debió interpretarlo como el nombre del inexistente personaje, bautizándola así.

piorno.- Forma en que se conoce comúnmente a la genista purgans y que se aplica también a diversos arbustos. El DLE cita expresamente dos de ellos, de la familia de las papilionáceas: el codeso y la gayomba -cuya ascendencia también califica de incierta-. Moliner apunta que quizá proceda del latín vibūrnum, pues es nombre que también se ha aplicado al arbusto llamado viburno. Este es el origen que le atribuyó el DLE en 1884, cambiando a viburnus a partir de la edición de 1956. En la de 1992 le adjudicó ya la marca ‘de origen incierto’. En su Contribución al vocabulario del bable occidental (1957) el filólogo y bibliotecario Lorenzo Rodríguez-Castellano, que lo define como ‘una especie de retama’ asegura que un cocimiento de la variedad genista saxatalis solía emplearse para matar las pulgas y los piojos de los animales. De esta voz derivan piornal y piorneda para referirse a lugares poblados por piornos y en la toponimia española encontramos localidades con nombres como Piornos, Piornedo o Piornal. En algunos lugares piorno es también una forma de denominar al hórreo.

mochuelo.- Ave rapaz nocturna, parecida al búho aunque de tamaño algo menor. El pájaro de Minerva de las monedas antiguas, símbolo de la sabiduría, tradicionalmente se ha interpretado supersticiosamente su canto como una llamada lúgubre. El Diccionario de autoridades (1734) afirmaba que ‘tiene la voz tan triste, que atemoriza con ella, y causa un efecto frío y rígido’. En el léxico del mundo de la imprenta designa a una omisión en el texto producida al componerse este. Asimismo, se usa coloquialmente para referirse a algo, como una obligación, un asunto o un encargo fastidioso, de lo que nadie quiere hacerse cargo -y de ahí que se hayan acuñado expresiones como ‘cargar con el mochuelo’, ‘echarle [a alguien] el mochuelo encima’ o ‘quitarse el mochuelo de encima’-. A su vez, ‘cada mochuelo a su olivo’ se emplea para señalar que ya es hora de recogerse o para dar fin a una reunión, retornando cada uno a su hogar o lugar de procedencia. Según alguna versión esta expresión trae su origen de que al parecer los mochuelos acechan a sus presas al caer la noche apostados en las ramas de los olivos.

bagasa.-. Forma poco usada de referirse a una prostituta, es voz sobre la que se ha especulado mucho. Covarrubias (1611) exponía ya varios posibles orígenes: según algunos, se llamó así, casi vagasa, ‘porque anda vagando por el mundo sin tener casi dueño’; otros apuntaban a una ascendencia hebrea, de bagadsa, derivada del verbo bagad ‘mentir, engañar’; a su vez, el franciscano Diego de Guadix, autor a finales del siglo XVI de la Recopilación de algunos nombres arábigos, asegura que procede del árabe bagax ‘engaño’. La edición de 1884 del DLE, por su parte, escribía entre interrogaciones un posible origen en el también árabe báguiza ‘deshonesta’; en 1899 lo sitúa en bagazo, en su significado de residuo que queda de algo después de prensarse para extraer el licor o zumo; el Diccionario histórico (1936) apuesta por el francés bagasse -que a su vez vendría del provenzal bagassa ‘mujer de mala vida’-; entre 1956 y 1992 se vuelve a la posible etimología árabe, ahora en la forma baggāza ‘mujer libertina’. El DLE recoge también la forma gabasa, generada por metátesis.

escorchapín.- Antiguo barco de vela, de más de cien toneladas y con aparejo latino, que en ocasiones hacía las veces de las galera. Muy frecuente en el Mediterráneo a partir del siglo XIV,  servía para transportar soldados, caballerías y las provisiones para su sustento. Aunque la RAE atribuyó durante casi un siglo su origen al italiano scorciapino, parece razonable pensar que a ese idioma habría llegado desde el catalán: así, F. Corazziano, en su Vocabolario nautico italiano (1906) indica como única referencia que este tipo de barco aparece citado en la Crónica de Muntaner, obra que redactó en el siglo XIV el escritor de la Corona de Aragón Ramón Muntaner. Por otra parte, una Real Cédula de 1539 -como refleja Fernández Duro en A la mar madera (1880)- señalaba ya que esos barcos ‘se usaban en la costa desde Alicante a Colibre’ -el machadiano Colliure-. Corominas sostiene que también al castellano llegó desde el catalán escorxapí, compuesto del catalán vulgar escorxa, de escorça ‘corteza’ y pi ‘pino’. El Diccionario académico incluye asimismo desde 1925 la forma corchapín.

 La cita de hoy

“…y temo mucho le suceda lo que á mí, que por irme en pos de las etimologías despreciaba las palabras de orígen incierto, sin reflexionar que el número de aumentar el número de aquellas, es empezar por estas; y que siendo imposible averiguar las raíces de todas las palabras de una lengua, el mejor etomologicon debe admitir las de orígen congetural, y aun las de orígen incierto, dejando á la posteridad su determinacion ó averiguacion.”

 Gaspar Melchor de Jovellanos

 

El reto de la semana

¿Con qué nos podemos regalar al finalizar nuestro paseo de hoy, acompañando a un buen trago de vino bebido en cachu, teniendo en cuenta que su origen es también incierto?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

Paseando por la Descarga de Cangas del Narcea

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Se desplazó en esta ocasión el paseante hasta tierras astures para celebrar el natalicio de Carmen entra las detonaciones y estruendos con que los habitantes de Cangas del Narcea obsequian a la Virgen del Carmen en una de las celebraciones más peculiares que pueden encontrarse en un país lleno de ellas, declarada además Fiesta de Interés Turístico Regional por el Gobierno del Principado de Asturias en 1992.

A lo largo de los días se suceden las tiradas pirotécnicas -con efectos de sonido, bombas, fuegos artificiales…- a cargo de las 39 peñas de la localidad, alcanzando una auténtica apoteosis en la Descarga, realizada cada 16 de julio pasadas las ocho de la tarde, cuando la imagen de la Virgen del Carmen regresa a su capilla desde la basílica de Santa María Magdalena y hace un alto en medio del puente romano, bajo la farola llamada girolina, para recibir su homenaje: una oración popular de estallidos, relámpagos y humo que no deja indiferente a ninguno de los presentes -creedme si os digo que es imposible aproximarse siquiera a describirla con fidelidad-, en la que los voladores son protagonistas indiscutibles. Este año se lanzaron al aire más de 80.000, con una carga total de más de 2.640 kilos de pólvora, en poco más de seis minutos y medio, haciendo temblar suelos y espíritus.

Recorreremos hoy cinco palabras que Carmen y el paseante se fueron encontrando por los rincones de la capital administrativa del suroccidente asturiano, de la mano de Mercedes y José Ramón, de Raquel y Jose, quienes ejercieron de perfectos anfitriones, multiplicando exponencialmente el disfrute de la fiesta. Gracias mil a los cuatro y ¡Feliz cumpleaños, Carmen!

volador.- Empleado aquí en su acepción de cohete -si bien esta palabra, al igual que petardo, es evitada por los cangueses-, el artificio pirotécnico que consta de un cartucho relleno de pólvora u otros explosivos adherido a una varilla ligera. Vara, mecha, carretilla y bomba se denominan sus partes. En la parte inferior del canuto hay una mecha que una vez prendida expulsa  gases cuya reacción impulsa al artefacto hacia lo alto, donde explota produciendo un estampido. Procede del latín volātor, -ōris. Para lanzarlo, el tirador lo sujeta utilizando los dedos como si fueran pinzas, manteniéndolo en posición vertical, algo inclinado hacia delante, con el brazo por encima de la oreja y alejado de la cara, a medio metro del cuerpo. La mecha, siempre hacia fuera, se prende de lado. Por motivos de seguridad resulta importante revisar el entorno -asegurarse de que no hay cables o ramas en la trayectoria, por ejemplo-, comprobar la dirección del viento y mantener una distancia de unos dos metros y medio entre tiradores.

caipiriña.- La bebida por antonomasia de estas fiestas -escoltada, eso sí, por la compuesta, en cuya elaboración convergen sidra y vermú-, en las que se encuentra incluso una versión sin alcohol para los menores de edad. Este cóctel, que comenzó a preparase ya en el siglo XIX, en el estado brasileño de São Paulo, está compuesto originariamente de cachaza -aguardiente de melaza de caña-, azúcar, hielo picado y lima. Esta voz, incorporada al DLE en su última edición, publicada en 2014, llegó al castellano desde el portugués brasileño caipirinha, palabra cuyo origen resulta incierto. Caipira era un término paulista para referirse a los campesinos, y podría haberse originado a partir de uno de dos vocablos tupíes: ya caipora, traducido literalmente como ‘habitante del bosque, de la selva’,  ya curupira, nombre de un ser fantástico, una especie de demonio que vaga por el bosque, representado como un enano con cabellera y los pies al revés, con los talones hacia delante.

apurridor.- Es la persona que sostiene los voladores y se los va entregando al tirador para que los lance. Suele ser alguien de la máxima confianza de este. Su papel resulta fundamental, hasta el punto de que está prohibido tirar sin contar con uno. Ha de situarse a una distancia de metro y medio del tirador y cuenta la tradición local que el último volador de la serie debe tirarlo él. En el mundo rural asturiano se denomina también así a quien alcanza las mazorcas de maíz al que hace la ristra, el heno al que está sobre el carro colocándolo, etc. Proviene de la palabra apurrir, que significa alcanzar algo y dárselo a alguien que está apartado. El DLE, que no registra apurridor y circunscribe su uso a Asturias y Cantabria, aunque está también documentado su empleo en áreas de León, Palencia o Burgos, adjudica la ascendencia etimológica de este verbo al latín porrigěre, de igual significado. Corominas aventura que asimismo podría derivar de apporrĭgěre, tal y como lo empleaba Ovidio.

artesano.-. La persona que se dedica a un oficio o ejercita un arte manual. En la actualidad se usa para referirse a quien realiza objetos imprimiéndoles un sello personal, a diferencia de los producidos en serie. El Diccionario de Autoridades (1726) atribuía al dialecto toscano el origen de esta palabra; sin embargo, a partir de 1884 la Academia optará por una fuente distinta: el bajo latín artesānus, del latín ars, artis ‘arte’. No será hasta un siglo más tarde cuando, en 1984, aparezca en el DLE la adscripción que permanece hasta nuestros días: el italiano artigiano. En Cangas del Narcea, la Sociedad de Artesanos Nuestra Señora del Carmen es la encargada de financiar y llevar a buen fin la Descarga, siendo su presidente quien tradicionalmente enciende el primer volador. Fundada el 17 de julio 1902, durante años tiraron la Descarga conjuntamente con la Comisión de Festejos, haciéndolo de manera exclusiva a partir 1965, si bien desde hace ya algunas ediciones cuenta con el apoyo de las peñas l’Andolina y El Refuerzo.

cachu.- También llamado cacho. Este vocablo asturiano da nombre en la zona de Cangas del Narcea a una especie de escudilla, un cuenco de madera de una sola pieza y de diversos tamaños -frecuentemente de litro- para beber vino. Xosé Lluis García Arias, expresidente de la Academia de la Lengua Asturiana, apunta en su libro Propuestes etimolóxiques (1975-2000) a dos posibles orígenes de la palabra, ambos latinos: bien capulam ‘vaso con asas’, bien catillum ‘plato pequeño, escudilla’. El cachu lleva ínsito el concepto de convivencia, pues tradicionalmente ha sido compartido por familiares, vecinos o amigos para degustar los caldos de la zona -pertenecientes a la categoría de vinos heroicos-. Se asegura que al ser servidos en este tipo de recipiente, además de oxigenarse, producen un ‘chisporroteo’ característico que libera los aromas y el sabor. También se afirma que el ‘dulzor’ de la madera ayuda a contrarrestar el exceso de acidez que pueda tener la bebida.

 

La frase de hoy

“Que nun se manque naide”

 

El reto de la semana

¿Con qué alimento recién salido del horno -ahora también con la posibilidad de hacerlo sin gluten- acompañaremos un buen vino de Cangas servido en el cachu al brindar por la Virgen del Carmen al término de nuestro paseo de hoy?

 

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

Un paseo muy verbal

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Hay ocasiones en que los sentidos literal y figurado de algo se enredan como cables de auriculares, impidiéndose mutuamente su normal desarrollo. Es lo que le ha ocurrido al paseante en los últimos meses, pues una intervención quirúrgica le impidió pasear tanto física como metafóricamente. Se podrán comprender, pues, las ganas de reanudar estas excursiones por el jardín del diccionario.

Un regreso que probablemente no encuentre mejor manera de comenzar que visitando al verbo, esa categoría de palabras cuyo nombre latino, verbum, significa precisamente eso: palabra. Y es que los verbos son realmente especiales, pues describen la acción. En realidad, nada podría hacerse si no fuera por ellos. Con razón se ha dicho que dan vida a las frases y no pocas veces constituyen la parte más fuerte de las mismas. Al fin y al cabo, como asegura Humpty Dumpty en Alicia a través del espejo, “Algunas palabras tienen su genio… Particularmente los verbos, son los más orgullosos; con los adjetivos puedes hacer lo que quieras, pero no con los verbos…”.

Pasearemos hoy por cinco de ellos más o menos usuales; más o menos recientes en nuestra lengua y alguno incluso no ‘bendecido’ por la Real Academia Española aunque sí claramente por el uso de los hablantes, que, no lo olvidemos, son/somos los verdaderos propietarios del idioma.

grujir.- Alisar, quitar las desigualdades que quedan en los bordes de los vidrios después de haber sido cortados con el diamante. Procede del francés gruger ‘desmenuzar, reducir a polvo’, empleado por analogía, idioma al que llegó desde el neerlandés gruizen ‘triturar, aplastar’, derivado de gruis ‘grano’. El instrumento que se utiliza se denomina grujidor  -del francés grugeoir– y consiste en una pequeña barra cuadrada de hierro, con sendas muescas en sus extremos. Aunque el DLE no indica actualmente nada sobre su tamaño, desde 1832 hasta 1869 se especificaba que tenía el largo de un jeme, la distancia que hay desde la extremidad del dedo índice a la del pulgar estando separados el uno del otro todo lo que es posible. Curiosamente esta palabra no entraría en el diccionario académico hasta 1837. Asimismo, el Diccionario académico recoge las formas brujir y brujidor, que remiten a las anteriores y a las que en su momento adjudicó como origen el alemán brechen ‘romper’.

zancajear.- Andar mucho, ir de un lado para otro, generalmente de forma acelerada, como especifica el propio DLE. Deriva de zancajo, que hace referencia tanto al talón del pie como a la parte del calzado que lo cubre y que coloquialmente designa también a un hueso grande de la pierna. Esta voz viene a su vez del despectivo de zanca, la parte más larga de la pata de un ave y, de manera informal, la de cualquier animal -incluida la pierna humana- cuando es delgada y larga. De latín tardío zanca o tzanga, un tipo de calzado utilizado por los partos, pueblo del Asia antigua, y este tal vez del persa antiguo zanga- ‘pierna’. El Diccionario de autoridades (1739) explicitaba que ese ‘andar mucho’ se realizaba por las calles, ‘llenándose de lodo los zancajos, de cuya voz se forma’. La actual alusión a la rapidez no aparecerá en el DLE hasta la edición de 1899, cuando es de suponer que el estado de las vías públicas habría mejorado ya notablemente respecto a la primera mitad del siglo XVIII.

embaír.- Hacer creer a alguien lo que no es, embaucar, ofuscar. Corominas nos señala que en la Edad Media se utilizó también con el sentido de ‘avergonzar’ y más antiguamente con los de ‘atacar, maltratar, atropellar’. En forma pronominal es un salmantinismo con el significado de ‘divertirse, distraerse’. Si bien hoy día se atribuye su origen etimológico al latín invaděre ‘invadir’, derivado de vaděre ‘ir, en un principio la Academia, siguiendo a Covarrubias (1611), lo hacía proceder del también latino imbuo, literalmente llenar un vaso y figuradamente dando a entender que el que engaña con falsas apariencias ‘llena el entendimiento vacío’. Hasta la edición de 1970 el DLE lo recogía sin tilde. Es un verbo de los llamados defectivos -aquellos que no se usan en todos los modos, tiempos o personas. Por ello son llamados también incompletos-. Este en concreto solo se conjuga en las formas cuya desinencia comienza por –i. Moliner señala que en la práctica no se encuentra más que en el infinitivo y en el participio.

molliznar.-. Otro verbo defectivo. El Diccionario de autoridades (1834) lo definía ya como ‘llover blanda y suavemente, tanto que apenas se percibe’. Deriva de mollizna ‘llovizna’, tras cruzarse con esta, que procede de mollina, con el mismo significado. Esta última voz encuentra su origen en muelle, en su acepción de ‘delicado, cómodo, suave’, que llegó al castellano desde el latín mollis ‘blando’. El DLE alberga también las formas molliznear y mollinear, palabra esta última característica del habla salmantina. Sin el refrendo académico, encontramos mollizniar en el castellano churro -variedad dialectal de la comarca levantina de La Serranía, que fuera mayoritariamente repoblada por hablantes aragoneses tras la conquista de Valencia por Jaime I-, mulliznear, recogido en el Atlas lingüístico y etnográfico de Aragón, Navarra y Rioja (1979-1980) y moyiznar y moyiznear, documentados a su vez en el Atlas lingüístico y etnográfico de las Islas Canarias (1975-1978), obras ambas del dialectólogo y académico Manuel Alvar.

trolear.- Comenzó a utilizarse en el ámbito de internet para referirse a la emisión de mensajes deliberadamente provocativos, injuriosos o humillantes con el objetivo de ofender o conseguir una respuesta airada, expandiéndose posteriormente a contextos no informáticos con los sentidos de intentar boicotear o de gastar bromas, con frecuencia pesadas. Aunque suele ser considerado un derivado de trol, un ser maligno de la mitología noruega, otras opiniones atribuyen su origen al verbo inglés to troll en su sentido de pescar arrastrando un aparejo con cebos atractivos: así, se buscaría que la persona atacada ‘muerda el anzuelo’. Si bien no está -todavía, nos atrevemos a decir- recogido en el DLE, su uso se encuentra plenamente aceptado, como muestra el que fuera una de las doce candidatas a palabra del año 2015 de la Fundéu BBVA. Por otra parte, en el Diccionario de americanismos encontramos que en Honduras tiene los significados de derrotar contundentemente a un rival deportivo o castigar, en el ejército, a alguien con ejercicios físicos extenuantes, mientras que en Costa Rica es pasear a pie.

La cita de hoy

“Si sabes manejar los verbos, sabes manejar el lenguaje; todo lo demás es simplemente vocabulario”

 Michel Thomas

 

El reto de la semana

¿Por qué no sería extraño volver a realizar/leer este paseo latinamente al pie de la letra?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

De paseo por Güeyu Mar

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Recordaba hace unos días el paseante lo que le respondió en una ocasión la cocinera de un pequeño restaurante rural cercano a Oviedo cuando se acercó a felicitarla por una comida exquisita: “Hijo, es que en Asturias, con el producto que tenemos, ¡si lo hacemos mal es para matarnos!”. Producto, pues, y ‘mano’. Combinación ganadora que en estos tiempos de hiperexposición mediática de la gastronomía y de búsqueda del más difícil todavía en nuevas técnicas y fusiones resulta por desgracia preterida en numerosos locales.

Puede entonces comprenderse fácilmente la emoción al descubrir hace unos días Güeyu Mar, un, aparentemente, chiringuito situado cabe la playa de Vega (Ribadesella), uno de esos entornos naturales con los que Asturias consigue enamorarnos una y otra vez, que cuyo interior alberga un magnífico restaurante donde la pericia con la que Abel Álvarez maneja las parrillas sobre las brasas de maderas de roble y cerezo consigue convertir los más delicados productos del mar Cantábrico -con ese pez majestuoso que no en vano responde al nombre de rey como emblema de la casa- en gustosos placeres cuya degustación constituye toda una experiencia. Excelente materia prima y buen saber hacer -producto y mano, como antes decíamos- para conseguir un resultado que a nadie puede dejar indiferente.

Rindamos hoy nuestro particular homenaje a este Ojo de margüeyu es el nombre asturiano del órgano de la vista- paseando por cinco términos que encontramos en el menú que pudimos saborear en este lugar, enclavado en pleno Camino de Santiago y sin duda acreedor de tantas peregrinaciones como pueda uno permitirse.

caviar.- Manjar consistente en huevas de esturión frescas y salpresadas, es decir, aderezadas con sal y prensadas para su conservación. Procede del italiano antiguo caviaro, y este del turco havyar. Aparece documentada por vez primera en el libro Andanzas y viajes de Pedro Tafur, caballero veinticuatro -regidor de ayuntamiento, según el antiguo régimen municipal- de Sevilla, quien entre los años 1439 y 1445 recorrió los tres continentes conocidos en su momento. En el DLE lo encontramos desde 1869 -sin que fura denominado manjar todavía-, mientras que en la edición de 1884 se incorpora la forma cavial, hoy considerada desusada y proveniente del italiano caviale. Tomada de esta probablemente, Cervantes escribía la forma cabial. Ya en nuestros días, el periodista Luis Carandell recoge en Vivir en Madrid (1967) la expresión “vacilar con cinco de caviar”, en el sentido de reírse o burlarse de alguien.

sardina.- Pez marino comestible, parecido al arenque, siendo su carne más delicada. Vive en bancos muy numerosos y se alimenta de plancton. Del latín sardīna. Según señala Corominas, los etimologistas latinos suelen creer que deriva de sardus ‘perteneciente a Cerdeña’, mientras que san Isidoro lo emparentaba con Sarra, antiguo nombre de la ciudad libanesa de Tiro, si bien considera dudosas ambas teorías  Protagonista de numerosos dichos y refranes, tanto en español como en otros idiomas, tal vez la locución más conocida sea “como sardinas en lata -o en banasta-”, referida a las estrecheces padecidas por la confluencia de gran número de personas en algún lugar. En tauromaquia se emplea este término en forma despectiva para referirse a un toro muy pequeño. A su vez, el entierro de la sardina es una ceremonia de carácter festivo que se celebra el Miércoles de Ceniza y con la que se da por finalizado el carnaval.

soja.- Planta leguminosa procedente de Asia, cuyo grano -semejante a una judía pequeña- y subproductos derivados de ella se emplean en la alimentación humana y ganadera. Algunos de sus derivados se emplean en la fabricación de combustibles, pinturas y barnices, plásticos o derivados del caucho. Su origen etimológico se encuentra en el japonés shoyu, si bien el ya citado Corominas apunta a un posible paso a través del neerlandés soja. El Diccionario académico incluye también la forma soya, utilizada en diversos lugares de América, con clara influencia del inglés soy. Su alto valor proteínico ha permitido un auge en su consumo bajo diversas formas, especialmente entre quienes quieren prescindir de la proteína de origen animal. Uno de esos compuestos es el tofu, una cuajada elaborada a partir de leche de soja. Incorporada al DLE en su última edición, ha llegado hasta nuestro idioma desde el inglés tofu, que la tomó del japonés tōfu.

salpicón.- Comenzaremos -pues aún saboreamos mentalmente el exquisito disfrutado en Güeyu Mar- por su acepción de plato que se consume frío de mariscos o pescados cortados en trozos que se sazonan con una vinagreta y otros ingredientes. Se llama también así a un guiso de esos mismos alimentos o de carne, desmenuzado el ingrediente principal, que incorpora aceite, cebolla, vinagre, pimienta y sal. En algunos países americanos estos mismos componentes sazonan carne y papa en un plato que igualmente se toma frío. Finalmente, en Colombia se denomina así a una mezcla de diferentes frutas en trozos que, en su propio jugo o en otro, se usa como bebida o refresco. La palabra es un derivado de salpicar, compuesto de sal, la sustancia empleada para sazonar y conservar alimentos, y picar, cortar en trozos muy pequeños. De hecho, salpicón se emplea coloquial y metafóricamente para referirse a cualquier cosa hecha pedazos menudos.

turrón.- Dulce fabricado con almendras -enteras o molidas-, avellanas, nueces o piñones, que tras tostarse se amalgaman con miel o azúcar. El origen del término es incierto. Corominas aventura que tal vez provenga de tierra, con el significado primitivo de ‘terrón’, por comparación con un conglomerado de tierra y, al igual que Moliner, considera posible que se tomara del catalán torró. El Diccionario de autoridades (1739) incluía ya también la acepción, que se mantendrá hasta 1984, de piedra en el habla germanesca. Justo un siglo antes, la edición de 1884 incorporaba el significado -que se mantiene hasta la fecha, si bien ahora calificado como desusado- de, dicho familiar y figuradamente, beneficio o destino público que se obtiene del Estado. Dado que esta golosina se consume prioritariamente en Navidad, en el ámbito futbolístico, cuya temporada ha comenzado tradicionalmente en España a primeros de septiembre, se dice que un entrenador ‘no se comerá el turrón’ si un mal comienzo de la misma permite aventurar que será cesado antes de llegar esas fechas.

 

La cita de hoy

“Cuando las grasas empiezan a oler, el espíritu de los pescados se está yendo.”

 Abel Álvarez

 

El reto de la semana

¿Con qué falso aumentativo de una parte de la cara habremos iniciado el menú de este paseo?

 

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

Paseando por sabores recuperados a flor de piel

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En el mes de las águedas y  las machadianas cigüeñas tornando a los campanarios -aunque por mor del cambio climático y del abundante alimento que pueden encontrar en los vertederos cada vez hibernen más por estos lares-, gusta el paseante de cumplir con lo que ya se va convirtiendo en rito y volver a León para disfrutar de las Jornadas gastro-culturales del entrecuesto de La Somoza, que este año llegan a su decimotercera edición.

Mariajo y Fito, los organizadores y anfitriones, esperemos que por muchos años más, han elegido este año como motivo de las mismas la piel, la piel de los animales en sus diversas formas de ser trabajada. Y a partir de ahí, divagando un poco, como no resulta extraño en él, llegó el paseante hasta el punto de reconocer que su asistencia anual a una de estas cenas no es tan solo producto de un mero interés gastronómico –lo que justificaría sobradamente su presencia, por otra parte-, sino que se debe más bien a una cuestión ‘de piel’, de querer participar y compartir con esos amigos a los que ya ha hecho referencia aquí en otras ocasiones todo lo que gira alrededor del ‘pretexto’ que constituye ese sabroso espinazo.

Y entre esas actividades que conforman el entramado de las jornadas -pregón; vídeos; actuaciones en diversas manifestaciones artísticas; degustación de vino…- nos encontramos este año con una nueva “narración de algunos hechos, todos reales aunque ciertamente adobados, a cargo de Gari, uno de los protagonistas indubitados de estas jornadas, de cuya intervención cuántica, por la que iban desfilando gochines reencarnados en perros -o puede que viceversa-, carabinas de Ambrosio o el mismísimo gato de Schrödinger, tomaremos hoy las cinco palabras que conformarán nuestro pequeño homenaje anual a esta iniciativa gastro-cultural.

benjamín.- El DLE incorporó esta voz en 1884 con el significado de ‘hijo menor y más querido de sus padres’; en 1925 introdujo el matiz ‘por lo común’ para referirse a esa preferencia; en la edición de 2001 -a la vez que se añade una segunda acepción: ‘miembro más joven de un grupo’- se le califica de ‘predilecto’, mientras que en la última desaparece ya la referencia a ese cariño especial. En diccionarios de uso del español encontramos que también designa a un deportista de la categoría inmediatamente inferior a la de alevín; a la cosa más pequeña de un conjunto o, en España, a una botella de champán o cava, equivalente a un cuarto de botella -18,75 o 20 cl-. A su vez, en Colombia y en Ecuador es un dispositivo eléctrico con dos o más tomas para enchufes y que se inserta al que está fijo en la pared, y en Bolivia un equipo deportivo recién ascendido a una categoría determinada. Este término hace alusión a Benjamín, el menor y favorito de los hijos del patriarca bíblico Jacob.

mastuerzo.- Originariamente el nombre de una planta de las crucíferas, comestible y con aplicaciones medicinales, lo traemos a este paseo en su acepción -que se utiliza también como adjetivo- de hombre torpe, necio, porfiado, grosero por naturaleza o falto de discreción, sentido que incluyó el DLE a partir de la edición de 1852 y que se emplea como insulto. El término procede de nastuerzo -otra forma de nombrar la planta-, del latín nasturtium, que, como recuerda Corominas, suele interpretarse como compuesto de nasus ‘nariz’ y tortus, ‘torcido’. Covarrubias, en Tesoro de la lengua castellana o española (1611), cita a Plinio, quien aseguraba que el olor insoportable de la planta hacía torcer la nariz y provocaba estornudos. Entre 1925 y 1992 el Diccionario académico mostraba también la forma anticuada mestuerzo, tal y como aparece ya en el libro del Canciller López de Ayala Caza de las aves (segunda mitad del siglo XIV).

alipende.- Una de esas palabras que no encontramos en los diccionarios pero que no por ello dejan de ser reales y tan legítimas como las recogidas por los lexicógrafos. Se predica de alguien pícaro, astuto, interesado, que quiere sacar provecho de lo ajeno. Lo que vendría a ser un auténtico punto filipino, un vivales. “Vaya alipende está hecho; ese no da puntada sin hilo”. Nieto Ballester, citando a J. Le Men y su obra Léxico del leonés actual (2002-2005), señala que es un vocablo cuyo uso está extendido en León, citando expresamente La Somoza entre los lugares donde se emplea. Como toda palabra ‘no regulada’ y además usada en un una amplia zona que abarca hasta el mismo Cádiz, admite diversos matices en su significados según el lugar  -como en Guadalajara, donde se aplica a un niño inquieto y travieso-, aunque lo más curioso es que una de sus variantes, lipendi -otras son lipende y alipendi -, fue incluida en 1970 en el DLE con el significado de ‘tonto, bobo’, tal y como encontramos en algunas obras de Galdós.

ungüento.- Del latín unguentum, hasta la edición de 1803 el DLE incluía también la forma ungüente, que calificaba como vulgar. Cualquier sustancia que sirve para untar o ungir y más concretamente de un medicamento de uso tópico compuesto de diversas sustancias entre las que se incluye alguna crasa, como el aceite de oliva, el sebo de carnero o la cera amarilla, de entre los cuales el DLE cita expresamente el ungüento amaracino, el amarillo, el basilicón y el de soldado. Era también el nombre de un compuesto de elementos olorosos muy utilizado en la antigüedad para embalsamar cadáveres. Asimismo, y en sentido metafórico, hace referencia a cualquier cosa con la que se pretende suavizar o arreglar una situación o ablandar una voluntad, trayéndola a lo que se desea conseguir. En este sentido se hablaba en tiempos del ungüento de México –dinero, especialmente el que se emplea para sobornar-, del amarillo -el oro- o del blanco -la plata-. A su vez, además del significado antes referido, se denomina coloquialmente ungüento amarillo a un supuesto remedio para todos los males.

brebaje.- Una bebida, en especial la que resulta desagradable al gusto o inspira poca confianza. También, en náutica, el vino, cerveza o sidra que bebían los marineros en los barcos. Es voz tomada del francés beuvrage, procedente del latín biběre ‘beber’, con metátesis de r. El Diccionario de autoridades (1726) recogía un uso metafórico para referirse a algo ingrato, que ocasiona sinsabores en el ánimo. También se ha empleado, aunque sin refrendo académico con el sentido de bebida somnífera o venenosa y, en farmacia, para dar nombre a ciertos compuestos –brebaje analéptico, vermífugo…-. El DLE muestra también la forma brebajo como sinónimo. Asimismo, históricamente pueden encontrarse las formas brevaie Crónica General, siglo XIII, primera vez en que aparece documentado el término-, brevage Covarrubias y diccionarios de los siglos XVII y XVIII- o brevaje -escritores tan separados en el tiempo como don Álvaro de Luna, Inca Garcilaso, Becquer, Valera…-. En lugares de América se utiliza beberaje para referirse a una bebida alcohólica.

 

La cita de hoy

“La novela lo admite todo”

 Gari

 

El reto de la semana

¿Qué podríamos alcanzar, coloquialmente hablando y con un término relacionado también con una entonación rítmica, si celebráramos nuestro paseo de hoy con una extensa ingesta de algún americano beberaje?

 

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

Paseo monovocálico en torno al budismo

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dharmachakra

Anda estos días el paseante enfrascado en el Cha no yu o chado, el ceremonial ritual japonés para preparar esta bebida y uno de los ‘caminos’ o ‘vías’ -como el shodo ‘camino de la caligrafía’; el kado ‘camino del arreglo floral’ o el kho-do ‘camino del incienso’- que permiten a los seguidores del zen acercarse aproximarse al sentido de la vida a través de cada acción, por pequeña que esta sea.

El zen es una forma japonesa del budismo, lo que llevó al paseante a rememorar la experiencia vivida en el monasterio de Dag Shang Kagyu, perteneciente a la rama del budismo tibetano, y a recordar algunos de los conceptos apre(he)ndidos de esta doctrina -¿filosofía?; ¿religión?; ¿filosofía y religión?- cuyo objetivo consiste en alcanzar la serenidad, ese estado del que se ausentan el temor y la ansiedad.

Y como una cosa lleva a otra y en estos paseos nos dedicamos a darle vueltas al diccionario, pasearemos hoy por cinco palabras que aparecen en él relacionadas de un modo u otro con el budismo y que además, en una de esas vueltas de tuerca a las que tan aficionados somos desde aquí, son todas monovocálicas en a, característica que, por cierto, comparten numerosos términos empleados en esta doctrina, como kadampa, nombre de una de las primeras escuelas budistas tibetanas-; prajñā o conocimiento superior; kāya o manifestación de un ser despierto, un buda; samaya o promesa solemne, o el propio dharma, la enseñanza del Buda y la vía para alcanzar el Despertar, por citar tan solo otras cinco.

lama.- Una de las tres palabras homógrafas que encontramos en nuestro idioma, que hasta la edición de 1884 compartían entrada en el DLE, como si se trataran de una sola. El Diccionario académico lo define como un maestro de la doctrina budista tibetana, aunque no siempre ha sido así: entre 1817 y 1837 se refería a él como ‘el sacerdote de los tártaros’; a partir de la edición de este año especifica que son los ‘tártaros occidentales, cercanos a la China’; en 1992 ambas acepciones coexisten, mientras que desde 2001 aparece ya la actual definición en solitario. Etimológicamente procede del tibetano blama, compuesto de bla ‘el superior’ y ma ‘hombre’. Representante vivo de la enseñanza del Buda, es el que guía al discípulo y le transmite las enseñanzas del linaje espiritual del que es heredero. El DLE recoge también dalái lama -del mongol dalai ‘océano’ y el tibetano blama-, con el significado de supremo dirigente político y espiritual del Tíbet.

tantra.- Del sánscrito tantra ‘telar’, ‘urdimbre’, según lo define el DLE es un conjunto de textos sagrados que recogen doctrinas, prácticas y ritos esotéricos, tanto en el hinduismo como en el budismo. En la práctica, en este último el término designa dos cosas: por una parte, un tipo particular de textos de enseñanza de vocación práctica, revelados directamente por el Buda; por otra, el contenido mismo de estos textos, las diferentes clases de enseñanza, denominadas tantra. Los textos calificados de tantra deben exponer los ‘diez principios’ -según la tradición de los tantra antiguos-: la visión; la meditación o samādhi; la acción o la conducta; el mandala, aquí con el significado de centro, quintaesencia; la transmisión de poder o iniciación; el lazo sagrado o samaya; el sādhana o ‘medio de consumación’; las ofrendas; las actividades despiertas; los mantra y las mudrā -gestos simbólicos-.

karma.- Voz que encuentra su origen en el sánscrito karma ‘hecho, acción’, en última instancia de la raíz indoeuropea kʷer- ‘obrar, hacer’, que se encuentra también en el origen de palabras como el latino creare, el español crear o el francés créer. Puede definirse como una energía, una fuerza espiritual derivada de cada acto cuya función consiste  en permitir al espíritu dirigirse hacia su objeto. Este movimiento intencional de la conciencia afecta, tanto a otros seres dotados de espíritu, creando interacciones en virtud de la interdependencia, como al propio autor, pues por el remanente que deja en su conciencia, más pronto o más tarde producirá un fruto de naturaleza similar. A pesar de su tardía incorporación al acervo “oficial” de nuestra lengua, pues aparece por vez primera en la edición del DLE de 2001, podemos rastrear ya esta palabra en obras de Rubén Darío, Valle-Inclán o Juan Antonio de Zunzunegui.

mantra.- Del sánscrito mantra ‘pensamiento’, compuesto, según la etimología tradicional, de man ‘espíritu’ y tra derivado de la raíz indoeuropea men- ‘pensar’. En el budismo -pero también en el hinduismo- hace referencia a sonidos, frases, palabras o sílabas, generalmente en sánscrito, lengua que los textos califican de perfecta, aunque existen otros muchos en lenguas desconocidas, que se recitan una y otra vez para invocar a una deidad o como apoyo de la meditación. Según los antiguos tantra en origen consisten en el sonido puro de la dharmatā ‘la realidad absoluta’, vibración primordial que da nacimiento a la luz. Ese carácter reiterativo hace que, aunque no aparezca recogido en el DLE, también se denomine así coloquialmente a una idea, palabra o frase repetida frecuentemente y que expresa una creencia profunda referida a algo o alguien, como pueden ser lo eslóganes o las consignas.

mandala o mándala.- Deriva del sánscrito máṇḍala ‘círculo’, ‘disco’. En el sentido que recoge el DLE es un dibujo de cierta complejidad, generalmente en forma circular, que es una representación del universo externo tal y como es percibido por el individuo y que sirve como apoyo de la meditación. Las primeras representaciones pictóricas conocidas de un mandala se remontan al siglo VIII y están en la ciudad china de Dunhuang, donde se encuentran las cuevas de Mogao o de los mil Budas, conjunto de más de cuatrocientos templos decorados con pinturas murales. Representado originalmente como un cuadrado inscrito en un círculo, el mandala debe ser comprendido y vivido por dentro, interiorizado por el meditador, que se visualiza bajo la forma de la deidad, con el objeto de purificar sus percepciones del mundo. Es, pues, un soporte simbólico que permite al practicante acceder a la quintaesencia de las percepciones fenoménicas.

 La cita de hoy

“El dolor es inevitable; el sufrimiento, opcional”

Sakiamuni

 

El reto de la semana

Para no abandonar nuestro monovocalismo y sin salirnos del DLE, ¿qué sería de lo más lógico que nos dispusiéramos a pintar tras nuestro paseo de hoy?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)