Paseando por el FANDEMONIUM

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Si hace algo más de un mes los factótums de la editorial La Felguera nos invitaban a recorrer los bajos fondos madrileños, estos días pasados nos hicieron viajar aún más lejos con FANDEMONIUM el “festival de los fans del misterio y lo salvaje” que toma su nombre de Pandemonium, la gran capital infernal de Satanás y sus pares según podemos leer en El paraíso perdido (1667) de John Milton, que en las formas pandemónium y pandemonio aparecen en el objeto de estos paseos con el significado de lugar en que hay mucho ruido y confusión.

A lo largo de una semana los participantes han podido exorcizar sus propios miedos cabe búnkeres de la Guerra de España; pasear junto a esqueletos y restos momificados; estremecerse con un espectáculo de faquirismo; disfrutar de la sonoridad de música sagrada; sumergirse en los arcanos de una logia masónica; tener noticias de los autores de las muertes de algunos hombres ilustres y rendir homenaje a no menos eximios escritores. En definitiva, una experiencia única, otra más de esta editorial que funciona bajo la apariencia de una sociedad secreta.

Como no podía ser de otra manera, entre unas cosas y otras el paseante iba echándose al coleto un buen número de palabras, cinco de las cuales recorreremos hoy en homenaje y como muestra de agradecimiento a Beatriz, Servando y Carlos, anhelando ya que llegue el momento de recibir el aviso para recoger el salvoconducto que nos permitirá asistir a un nuevo secreto revelado.

panteón.- Del latín Panthěon -templo de planta circular y abovedado de la antigua Roma dedicado a todos los dioses. Fue erigido por Agripa y reconstruido por Adriano tras ser destruido por un incendio en el año 80-, y este del griego Pántheion. Se trata de un monumento funerario destinado al enterramiento de varias personas. Por extensión, en Andalucía y en algunos países de América se denomina así también al cementerio. De esta acepción deriva la palabra panteonero, enterrador o guardián del camposanto. Por el lugar donde está emplazada, la ciudad de Punta Arenas, en la Patagonia chilena, es un cruce de vientos, algunos con nombre propio. Uno de ellos, huracanado y que levanta grandes marejadas en primavera, es el panteonero, llamado así porque sopla al norte, zona en la que había un cementerio. Volviendo a panteón, se denomina también de esta manera al conjunto de las divinidades de una religión o de una cultura.

golfería.- Acción propia de un golfo y también el conjunto de estos. Golfo se predica de quien es deshonesto, holgazán, un granuja, un pillo o, con sentido más grave, a un vagabundo, un vicioso o alguien de malvivir. Como ocurre tantas veces en nuestro idioma en femenino tiene una carga mucho más peyorativa, pues golfa es sinónimo de prostituta. Este término es un derivado regresivo de golfín, ladrón que habitualmente actuaba en cuadrilla. Esta voz es aplicación figurada de golfín ‘delfín’, quizá por la aparición brusca del salteador, comparable a la del cetáceo cuando salta fuera del agua. Este otro nombre del mamífero procede del latín delphin ‘delfín’, influido por golfo ‘alta mar’. Relacionada con golfería encontramos golfemia – no recogida en el DLE y hoy en desuso-, mezcla de golfería y bohemia, apelativo que el crítico Guillermo de Torre aplicó a los personajes secundarios Luces de Bohemia (1924) de Valle-Inclán.

tarot.- Procedente del francés tarot, que lo tomó del italiano tarocco, de etimología desconocida. Es un tipo especial de baraja, utilizada en cartomancia -o cartomancía-. Está formada por 78 naipes, de los que 22 son los denominados arcanos mayores y representan diversas figuras -la sacerdotisa; el enamorado; la luna; el loco…-, siendo conocidas como arcanos menores las 56 cartas restantes, similares a las de una baraja española con sus cuatro palos: oros, copas, espadas y bastos. El diseño más clásico es del llamado Tarot de Marsella (finales del siglo XVII), que ha servido de guía para la elaboración de las figuras y su simbología. También se denomina tarot al juego que se practica con esta baraja. Precisamente en italiano existe la locución essere il mato nei tarocchi ‘ser el loco en los tarots’ con el sentido de ser alguien bienvenido en cualquier momento, pues la figura del loco cumple las funciones de comodín.

francmasonería.- O también masonería. Institución filosófica y filantrópica cuyo objetivo último es estimular el perfeccionamiento moral e intelectual de las personas y las sociedades. Sus miembros -los francmasones o masones– celebran una serie de rituales con alto contenido simbólico y forman una hermandad iniciática y jerarquizada organizada en grupos denominados logias. Este vocablo llega a nuestra lengua desde el francés franc-maçonerie, derivado de franc-maçon, adaptación del inglés freemason, compuesto por free ‘libre’ y mason’, albañil’, pues el origen de la francmasonería se encuentra en las asociaciones de obreros de la construcción itinerante y de alta cualificación que utilizaban entre ellos signos convencionales de reconocimiento desconocidos para los profanos. Hasta 1925 DLE la adjetivaba como clandestina y como secreta desde entonces hasta la última edición, en la que desaparece ya cualquier calificación.

valleinclanesco.- Lo perteneciente o relativo al antes citado Ramón M.ª del Valle-Inclán o a su obra, o a aquello que posee rasgos característicos de ella. Si bien este adjetivo no llega al DLE hasta su edición de 2001, el escritor gallego -al que los fandemoniados dedicaron un paseo nocturno- ya se había incorporado a él en 1970, cuando se añade a la voz esperpento la acepción de género literario por él creado, en el que se deforma grotescamente la realidad utilizando expresiones jergales y cínicas. No obstante, no es esta inclusión en el Diccionario académico el único triunfo póstumo de la escritura de quien fuera devoto de lo oculto y lo misterioso: en 1981 el rey Juan Carlos I creó el Marquesado de Bradomín -protagonista de las Sonatas valleinclanescas-, otorgado al hijo de nuestro autor queriendo señalar su “Real aprecio a la memoria del gran escritor y para dar realidad a la creación literaria de un personaje de ficción”.

 

La cita de hoy

“No hay nada que no sea literario. Todo depende de cómo lo mirás”.

Pedro Mairal

 

El reto de la semana

¿Por qué no habría resultado extraño encontrarnos helechos durante el paseo de hoy?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

Paseando sobre el escenario

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Ha tenido el paseante la suerte de iniciar este mes de noviembre como mandan los cánones y la tradición -en su rousseauniano sentido de opiniones, usos y costumbres-: asistiendo el Día de Todos los Santos a una representación del Tenorio de José Zorrilla, puesto en escena en la madrileña Santorcaz por el grupo Tithya Teatro.

Aseguraba Lope de Vega, que de esto sabía algo, que al teatro le basta con dos actores, una manta y una pasión, y así se verificó ese día: un montaje minimalista de los que se logran haciendo de la necesidad virtud; unos intérpretes que en algún caso era la primera ocasión en la que se subían a un escenario y una pasión, la historia religiosa-fantástica de amor y redención escrita por el que fuera coronado en 1889 como poeta nacional laureado. Y pasión también la comunicada por esos mismos actores, cada uno a su manera y en la medida de su personaje, que viviendo sus papeles más que recitarlos consiguieron transmitirla a un público -entre el que había a su vez quienes ni siquiera conocían previamente la obra- cuyo silencio y conexión con lo que estaba sucediendo sobre el escenario ya desearía encontrar en muchas ocasiones más de un elenco profesional.

Como es de bien nacidos el ser agradecidos, saborearemos de nuevo el buen rato que pudimos disfrutar paseando hoy por cinco palabras no del texto de este drama, algo que ya hicimos en su momento, sino espigadas entre los apellidos de un reparto que con su ejemplo contradice una de las sentencias que el paseante lleva oyendo desde que tiene uso de razón: “el teatro está en crisis”, pudiendo bien aplicarse a quienes tantas veces lo han dado por acabado esa otra frase -“los muertos que vos matáis gozan de buena salud”- que con tanta frecuencia como erróneamente se atribuye al libreto del Don Juan de Zorrilla.

donoso.- Se predica de algo o alguien que tiene gracia, donaire. El Diccionario de autoridades (1732) lo definía muy gráficamente como “agraciado, pulido, aseado, chistoso, y que atrahe (sic) la vista y la voluntad, por lo gustosa que es su conversación”. Procede del latín *donōsus, que lo hace de donum ‘don’ -en su significado de regalo, merced- y este de dare ‘dar’. Puede emplearse también en sentido irónico, antepuesto al sustantivo. Es voz literaria, poco usada en nuestros días, que podemos no obstante encontrar en las páginas de autores tan diversos y de épocas tan distantes como Gonzalo de Berceo -que lo empleaba con el sentido de generoso-, Juan Ruiz, Alonso de Ercilla, Lope de Vega, Quevedo, Teresa de Jesús, Cervantes, Pardo Bazán, Unamuno, los hermanos Machado, y, entre otros cuantos, por supuesto también Zorrilla.

corredor.- Una de esas palabras que constan de múltiples significados. Si el primero que nos viene a la mente es el de alguien que corre mucho o deportivamente -no en vano deriva de correr, del latín currěre-, es término que también se emplea, entre otros, en ámbitos como el zoológico, aplicado a aves, como el casuario, con alas cortas que no les sirven para volar; el arquitectónico, dando nombre al pasillo en un edificio o a un tipo de galerías cubiertas; el aeronáutico, donde un corredor aéreo es la ruta obligada en un trayecto de vuelo determinado; el militar, donde designa a soldados que salían para reconocer el terreno o para realizar correrías en terrenos enemigos como a un terraplén que defendía el foso en las antiguas fortificaciones; o el jurídico, en el que da nombre a un profesional que se compromete a mediar para promover la conclusión de un negocio entre quien le paga y una tercera parte.

castro.- En este caso nos encontramos con dos entradas homógrafas recogidas en el DLE. La primera, del latín castrum ‘fortaleza’, nos habla de un poblado iberorromano fortificado. Corominas señala que se refiere por lo general a Galicia -donde encontramos que se denomina también así a una altura en la que hay vestigios de alguna antigua fortificación, significado también empleado en Asturias, así como a una peña que avanza de la costa al mar o que sobresale aislada en esta separada de aquella-, quedando reducido en el territorio de lengua castellana principalmente a nombre de lugar, frecuente por otra parte. Asimismo, antiguamente daba nombre al real o lugar en que estaba acampado un ejército. La segunda entrada de castro hace referencia a la acción y el efecto de castrar, sacar de las colmenas panales con miel, dejando los suficientes para que las abejas puedan seguir produciendo más.

redondo.- Del latín rotundus, que Moliner indica que encuentra su origen en rota ‘rueda’. Término también con múltiples usos, como adjetivo puede referirse a algo de forma esférica o circular; a una dehesa que no es comunal; a la nobleza “por los cuatro costados” del origen de una persona o a algo claro, perfecto, completo. Como sustantivo alude asimismo a un perfil de sección circular; a un corte de carne de res y, coloquialmente, a una moneda corriente. En femenino ofrece a su vez diversas significaciones. Por su parte, el Diccionario de americanismos recoge también diferentes sentidos en diversos países, desde un vehículo con muchas abolladuras -en Puerto Rico- a persona bisexual -en la República Dominicana-, por poner solo dos ejemplos, si bien en ese lado del Atlántico el vocablo redondo utilizado se trata en realidad de un calco del inglés round.

galán.- Hombre airoso en el manejo de su persona, lucido -la locución más galán que Mingo hace referencia a alguien muy arreglado o acicalado-. En el teatro y en el cine es un actor apuesto, de buena presencia, joven habitualmente, que representa un papel por lo general protagónico de galanteador -es decir, el que corteja a una dama- o de enamorado de la misma. En el Siglo de Oro español encontramos algunas obras que llevan esta voz en su título, como El galán fantasma de Calderón de la Barca, La esclava de su galán de Lope de Vega o La mesonera del cielo y el ermitaño galán de Mira de Amescua. Llegó a nuestro idioma desde el francés galant, derivado del participio de presente -forma que puede ser equivalente al gerundio español en muchos contextos- del antiguo verbo galer ‘disipar (en placeres)’, tomado del antiguo franco bajo *walla ‘bien’, de donde derivó el galorromano *walare ‘tomarlo con calma’.

 

La cita de hoy

“El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana”.

Federico García Lorca

 

El reto de la semana

¿Con qué juego de tablero podíamos habernos entretenido durante el entreacto de la función?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

Paseando por los bajos fondos

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LEANDRO.- Gran ciudad ha de ser esta, Crispín; en todo se advierte su señorío y riqueza.

CRISPÍN.- Dos ciudades hay. ¡Quisiera el Cielo que en la mejor hayamos dado!

LEANDRO.- ¿Dos ciudades dices, Crispín? Ya entiendo, antigua y nueva, una de cada parte del río.

CRISPÍN.- ¿Qué importa el río ni la vejez ni la novedad? Digo dos ciudades como en toda ciudad del mundo: una para el que llega con dinero, y otra para el que llega como nosotros.

Los intereses creados

Jacinto Benavente

Recordaba el paseante esta primera escena de la obra cuando se iniciaba hace algunos días, apenas a quinientos metros de la plaza que lleva el nombre de su autor, el paseo nocturno por los antiguos bajos fondos de Madrid organizado por los responsables de La Felguera Editores con motivo de la publicación del segundo volumen de Fuera de la ley, en el que se hace un recorrido por ese submundo del hampa y la golfería entre 1924 y 1936. Y mientras callejeaba por la zona de Lavapiés y sus alrededores, fueron apareciéndose, como una fantasmagoría, mecheras y manolos; flamenco y cuplés; chicas-taxi y ‘automóviles fantasmas’; gomosos y randas; la bofia y los dinamiteros… Hasta Pío Baroja o Arturo Barea se dejaron caer por allí. Todo un desfile de viejas historias y personajes de otras épocas que lograron que quienes allí se habían concentrado pudieran asomarse, siquiera por unos instantes, al balcón de un abismo que no deja de ser también parte misma de nuestra Historia con mayúscula.

Encaminemos nuestros pasos hoy no hacia el Distrito quinto barcelonés, el madrileño barrio de las Injurias  o la calle de Gracia valenciana de principios del siglo XX, sino a las páginas de este libro singular con el fin de encontrar cinco palabras para nuestro paseo que se unirán a otras que aparecen también en sus páginas y que ya visitamos aquí en su momento, como suripanta, apache o sicalipsis.

vespasiana.- Comenzamos con una palabra que no está recogida en el DLE, aunque sí en el Diccionario de americanismos, que la considera un chilenismo en desuso. Se denominaba así a una pequeña construcción que albergaba un urinario público para hombres. Recibió este nombre por el emperador romano Vespasiano, quien creó un impuesto sobre la orina que recogían los artesanos para curtir pieles y blanquear telas. Se dice que cuando su hijo Tito le recriminó la idea el emperador le puso delante una de las monedas recaudadas por ese concepto y le preguntó si le olía mal. Al responder aquel que no, Vespasiano habría acuñado la frase pecunia non olet ‘el dinero no huele’ que se emplea aun en nuestros días. Cuando el conde de Rambuteau, prefecto del Departamento del Sena (1833-1848) comenzó a instalar este tipo de urinarios en París lanzó el nombre de ‘columnas vespasianas’ para evitar que se propagara el de ‘columnas Rambuteau’ con el que ya empezaban a ser conocidas.

petimetre.- Persona, generalmente joven, elegante en su apariencia y de maneras afectadas y pretenciosas. Se preocupa mucho de su adorno y de seguir las modas. Se utilizaba mayormente en masculino, aunque también existe la petimetra. Procede del francés petit-maître ‘señorito, pequeño señor’. El origen de esta palabra en el idioma del país vecino tal vez pueda encontrarse en la expresión apelativa mon petit maître, variante irónica, afectuosa o festiva de mon maître. El Diccionario de autoridades (1737) consideraba que era un vocablo introducido en nuestra lengua sin necesidad, mientras que Julián Marías, en su discurso de recepción en la RAE (1965) -al que ya hicimos mención al hablar del estraperlo, otro término también vinculado a los bajos fondos- consideraba ya en ese momento que esta era una de esas palabras que forman parte del idioma porque “están ahí”, porque han sido escritas por autores diversos, pero que “no se dicen, y por tanto no son uso”.

charlestón.- De Charleston, en Carolina del Sur, que recibió al ser fundada en 1670 el nombre de Charles Town, en honor del rey Carlos II de Inglaterra. En español ha prevalecido la acentuación aguda francesa. Considerado en ocasiones el más impetuoso de los bailes de inspiración jazzística -el periodista y letrista de cuplés, entre otros oficios, Álvaro Retana escribió que “rebasa todo límite de la prudencia coreográfica”-, se trata de una variante del foxtrot, más rápido y muy sincopado, que llegó a convertirse en símbolo de los llamados ‘felices años 20’ del siglo pasado, periodo en que alcanzó sus mayores cotas de popularidad. Con un compás de cuatro tiempos, alterna los movimientos enérgicos de brazos y piernas. Podía bailarse solo, en pareja o en grupo y permitía a quienes lo practicaban altas dosis de improvisación. Tiene su origen en la comunidad de origen africano de esa ciudad estadounidense y derivaría de otra danza, llamada juba, originaria de África y llevada allí por esclavos procedentes del Congo.

charranada.- Mala jugada, acción con la que una persona, en ocasiones faltando al compromiso adquirido, causa un perjuicio a otra por lo común para beneficiarse a sí misma o a un tercero. Tiene la misma significación que las más coloquiales guarrada o marranada. El DLE se limita a describirla como ‘acción típica de un charrán’ -un pícaro, un tunante, alguien que actúa sin honradez-, apuntando que el origen de este vocablo quizá se encuentre en el árabe andalusí *šarrál ‘vendedor de jureles’. En un principio se aplicó este apelativo inicialmente a los esportilleros que vendían pescado en Málaga. Sin embargo, en un artículo titulado precisamente El charrán y publicado en Los españoles pintados por sí mismos (1851), Ramón de Castañeyra asegura que su función consistía únicamente en labores de acarreo desde la zona del puerto y que “si es que llega a vender pescado, pierde su nombre y se confunde con las clases vulgares, sin que ningún signo característico le distinga de sus compañeros”.

concurdáneo.- Cerramos este paseo por los bajos fondos con otro término que no aparece en el Diccionario académico, aunque sí existen numerosas muestras de su empleo escrito, además de ser voz que encontramos en el lunfardo, la jerga originaria de la ciudad de Buenos Aires. Neologismo compuesto por el prefijo -con, que expresa ‘reunión’; el sustantivo curda ‘borrachera’ y el sufijo -áneo con el sentido de ‘relación’. Puede definirse entonces como aquella persona que bebe o se emborracha con otra u otras. Derivado, como vemos, de curda, que hace referencia coloquialmente tanto a la embriaguez -según acabamos de ver- como a la persona que se encuentra ebria. El DLE, que la incorporó en 1914, asegura que tiene su origen en el francés dialectal curda ‘calabaza’. Moliner, por su parte, la considera una alteración jocosa de turca, otra forma familiar de denominar a la ‘borrachera’. Otros derivados bendecidos por la Academia son curdela -con los dos mismos significados-, encurdarse y encurdelarse.

 

La cita de hoy

“El recuerdo poetiza personas y cosas, aun las de por sí nada poéticas”.

Roberto Castrovido

 

El reto de la semana

¿Con qué tipo de delincuente, cuyo nombre parece remitirnos a modernos ingenios voladores, podríamos habernos topado si hubiéramos prolongado nuestro paseo más allá de los límites de la ciudad?

 

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

Paseando con más seres imaginarios

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Ha repetido el paseante por activa y por pasiva no creer en las casualidades, sí, pero no por ello dejó de llamarle la atención que el mismo día de la semana pasada en que prestábamos nuestra atención a seres imaginarios Naciones Unidas retiraba su personal de dos distritos de Malaui debido a una ‘caza de vampiros’ que había provocado ya cinco muertos. En una ola de violencia similar producida en 2002 en la misma zona mujeres y niños declaraban a medios de comunicación que les habían robado la sangre. Es decir, estaban plenamente convencidos de la existencia de estos seres.

Esta noticia nos conduce directamente a reflexionar una vez más, sin necesidad de remontarnos al mismo Platón, sobre la distinción entre lo real y lo aparente. O lo imaginado. O lo inventado. Porque si convenimos en que lo que percibimos no deja de ser inexacto, pues es una representación, una creación de nuestro cerebro, ¿cómo diferenciar lo que tiene una existencia objetiva de lo que no? ¿Cómo convencer -o demostrarle- a alguien que sufra algún tipo de trastorno delirante, por ejemplo, de que determinados “hechos” solo ocurren en su mente?

Mas como son estos paseos léxicos y no filosóficos, abandonemos estos andurriales en los que corremos el riesgo de volver una y otra vez sobre nuestros propios pasos y retornemos a la senda del diccionario en busca de nuevos seres imaginarios, fantásticos, fabulosos o inventados, en esta ocasión y en justa correspondencia con nuestro anterior entrega, los cinco del género masculino, al menos en la forma en que los recoge la Academia.

arimaspo.- Miembro de un pueblo legendario cuya característica más destacada es que tenían un solo ojo. Buenos jinetes, estaban en guerra constante con los grifos -animales también fabulosos, cuadrúpedos con la parte superior de águila y la inferior de león- para robarles el oro que estos custodiaban. Habitaban, entre otros dos pueblos mitológicos, los isedones y los hiperbóreos, al norte de Escitia, en una zona comprendida hoy entre China, Mongolia, Siberia y Kazajistán que, efectivamente, fue una importante productora del dorado metal. Arimaspo era también el nombre que autores del Siglo de Oro daban a un río de arenas auríferas. Fueron descritos por Aristeas de Proconeso (que vivió en torno al siglo VII a. C.) en su obra Arimaspeas o Epopeya de los Arimaspos, hoy prácticamente desaparecida. Este vocablo procede según el DLE del latín Arimaspus, que el diccionario Merriam-Webster asegura que lo hace a su vez del griego Arimaspos. Otra teoría asegura que deriva del escita arima ‘un’ y spou ‘ojo’. El Diccionario académico recoge también la forma arimaspe.

hipogrifo.- Ya que hemos hablado de los grifos, parece pertinente traer aquí a este otro ser mitológico -que aparecía tildado: hipógrifo al incorporarse al DLE en 1803- que era mitad caballo y mitad grifo. El nombre encuentra su origen en el griego híppos ‘caballo’ y el latín tardío gryphus ‘grifo’, del latín gryps y este del griego grypós. Este ser no aparece vinculado a ningún mito o leyenda de la antigüedad, por lo que hay quienes, atribuyen su invención a Ariosto, pues es en su poema Orlando furioso (1532) donde aparece por vez primera nítidamente descrito. El escritor italiano habría dado así la vuelta al dicho latino que para resaltar la imposibilidad de algo afirmaba que era ‘cruzar grifos con caballos’. Otros autores, como Pascual de Gayangos en su obra Libros de caballerías (1857), consideran que se trata en realidad de un trasunto del simurg, el caballo alado de la mitología persa. El hipogrifo ha sido ‘recuperado’ en los últimos tiempos merced a los libros y películas de Harry Potter, hasta el punto de que hay quienes creen que fue su autora, J. K. Rowling la creadora de este animal fantástico.

sátiro.- Del latín satỹrus ‘sátiro, ser mitológico’, y este del griego sátyros. Criatura de la mitología grecorromana. De cintura para abajo es una cabra, mientras que el torso y el feo rostro son humanos, si bien luce pequeños cuernos en la frente. Sus orejas son puntiagudas y largas y tiene cola de caballo o chivo. Su imagen inspiró la iconografía cristiana del diablo. Amantes de la música -tocaban diestramente la flauta- y el vino, los sátiros, relacionados con Dioniso, dios de la viña, y con Pan, dios de los pastores de Arcadia y símbolo de la fecundidad de la naturaleza, mostraban una desenfrenada apetencia sexual que procuraban satisfacer con ninfas o con jóvenes mortales. De vientre prominente, solían desplazarse sobre asnos. Al envejecer recibían el nombre de silenos en honor de Sileno, dios de los manantiales y las fuentes, hijo de Pan y preceptor de Dioniso.  Esta palabra tiene como derivados  en nuestro idioma sátiro, con el sentido de hombre lascivo o mordaz, satiriasis, término médico para referirse a la apetencia sexual insaciable en un varón y satirio, nombre de un roedor.

fénix.- Documentado en español desde 1570 –aparece por vez primera en el Vocabulario de las dos lenguas toscana y castellana de Cristóbal de las Casas-, este vocablo proviene del latín phoenix, que lo hace del griego phoînix ‘rojo, el color de la púrpura descubierto por los fenicios’. Ave mítica que habitaba en los desiertos de Etiopía y Libia. Del tamaño del águila, con algunos rasgos de faisán, vivía varios siglos. Única en su especie, cuando presentía su final construía una pira con madera y resinas aromáticas en la que se inmolaba cuando los rayos del sol la hacían arder, renaciendo después de sus propias cenizas. Por este motivo en el occidente cristiano simboliza la resurrección, el triunfo de la vida eterna sobre la muerte. En El libro de los seres imaginarios (1967) Jorge Luis Borges nos habla del fénix chino, Feng, un pájaro de colores esplendentes. El macho, que tenía tres patas y moraba en el sol, se aparecía a los emperadores justos como símbolo del favor celestial. En castellano fénix designa algo o alguien exquisito, único también en su especie: el escritor Lope de Vega fue conocido en su tiempo como el Fénix de los ingenios.

imbunche.- En la mitología chilena, un ser maligno y contrahecho: tiene la cara vuelta hacia la espalda y camina con una sola pierna por tener la otra pegada a la nuca. Tal vez se trate de una de las más dignas de lástima de entre las criaturas fantásticas maléficas, pues se trata en realidad de un recién nacido secuestrado por los brujos -o regalado, o vendido, según las versiones- para convertirlo en guardián de su cueva y a quien estos descoyuntan, provocando su deformidad, para evitar que pueda huir. Le cierran también todos los orificios de su cuerpo, por lo que no puede hablar, expresándose a través de un grito horrísono denominado balido o chivateo. La primera referencia de que se tiene noticia se encuentra en Arauco Domado (1596), de Pedro de Oña, considerado el primer poeta nacido en suelo chileno. Se emplean también las formas invunche, ivunche e ivumche. Si bien tanto el DLE como el Diccionario de americanismos aseguran que es una voz mapuche, otra teoría sostiene que deriva del veliche, lengua del archipiélago de Chiloé, y  que está formada por ivùm ‘animal pequeño, monstruo’ y che ‘hombre’.

 

 La cita de hoy

“El sueño de la razón produce monstruos”.

Francisco de Goya

 

El reto de la semana

¿Con qué otro ser imaginario, híbrido al igual que los hipogrifos y con reminiscencias ‘johnfordianas’, podíamos haber hecho más descansados nuestro paseo de hoy?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

Paseando con seres imaginarios

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En La cabina mágica (1961) el escritor estadounidense Norton Juster asegura que “si algo está ahí, solo puedes verlo con los ojos abiertos; pero si no está, también puedes verlo con los ojos cerrados. Ese es el motivo por el que las cosas imaginarias son a menudo más fáciles de ver que las reales”. Y de creer, podríamos añadir.

Porque si bien es cierto que desde la más remota antigüedad todo tipo de culturas han creado/creído sus propios seres imaginarios y mitos, lo que podría achacarse a las dificultades de desplazamiento y comunicación propias de aquellas épocas, que llevaban a prestar oídos a relatos en absoluto contrastados, no lo es menos que en nuestra actual civilización hiperconectada el fenómeno no ha desaparecido en absoluto y mucha gente sigue convencida de la existencia real de seres como ángeles y demonios o, más terrenalmente, el galaico lobisón -hombre lobo- o el americano chupacabras, estos dos últimos, por cierto, recogidos por el DLE.

Hoy pasearemos, en clave femenina esta vez, por cinco de estas entidades imaginarias que han encontrado también un hueco en nuestro diccionario y que se suman a algunas con las que ya nos encontramos por estos lares, como el rocho, el monoceronte, la quimera, el basilisco, la gomia, el ahuizote, el centimano, el cancerbero o el ciensayos.

sirena.- Del latín tardío Sirēna, del latín Siren y este del griego Seirḗn. Uno de los mitos más persistentes a lo largo de la historia, estas ninfas aparecieron en la mitología griega como mujer-pájaro, motivo por el que a veces han sido solapadas con las arpías. Vivían en lugares escarpados y con su melodioso canto atraían a los viajeros para devorarlos. Posteriormente aparece su otro aspecto, las sirenas con cola de pez, moradoras de arrecifes e islas rocosas, con un comportamiento similar al de sus hermanas aéreas. En la Odisea se relata cómo Ulises, para oír su canto y no perecer, tapó con cera los oídos de sus hombres y ordenó que le ataran al mástil y no le soltaran bajo ningún pretexto. Asegura la leyenda que Orfeo, desde el barco de Jasón y los argonautas, cantó con más dulzura que ellas, lo que hizo que murieran, quedando convertidas en rocas, pues su destino era desaparecer cuando alguien no sucumbiera a su encanto.

arpía o harpía.- Tomado del latín Harpȳia y este del griego Hárpuia ‘las que arrebatan’. Seres alados con rostro de doncella y cuerpo de ave de rapiña –con garras encorvadas y vientre inmundo, podemos leer en la Eneida-, han sido generalmente consideradas como personificación o alegoría de los vicios, así como de la fuerza destructiva de los vientos. Invulnerables y pestilentes, bajaban de las montañas de las islas Estrófades, donde vivían, con horribles chillidos y devorando cuanto alimento encontraran o contaminándolo con excrementos. Violentas y despiadadas, impartían también castigos de los dioses, raptando a la gente -de ahí su nombre griego-. La leyenda asegura que Jasón, en su viaje en busca del vellocino de oro, consiguió ahuyentarlas y que dejaran de atormentar a Fineo, quien había sido castigado por Zeus por revelar secretos del Olimpo. Agradecido, aquel le habría dado claves para poder proseguir su periplo.

hidra.- Procedente del latín hydra, que lo hace a su vez del griego hýdra ‘serpiente acuática’. Monstruo que tenía su guarida en el lago de Lerna, bajo el que se encontraba una de las entradas al inframundo. Tenía forma de serpiente y varias cabezas -cuyo número  varía según la fuente consultada, siendo nueve la cifra más compartida- con la propiedad de regenerar dos por cada una que le cortaran. Su aliento envenenaba las aguas y los campos. Acabar con ella fue el segundo de los doce trabajos de Hércules, quien se valió de una antorcha con la que su sobrino Yolao cauterizaba la herida cada vez que el héroe amputaba una de las cabezas, impidiendo así su reproducción. Esta voz, que encontramos ya en 1413 documentada en nuestro idioma,entra en la composición, probablemente por cruce con drago ‘dragón’, de endriago, nombre de otro ser imaginario: un monstruo con rostro humano y miembros de diversos animales salvajes.

hada.- Del latín fata, femenino vulgar de fatum ‘hado’. Probablemente las más numerosas de las divinidades menores, podemos encontrarlas en diversas mitologías y distintas épocas. Aunque existen muchas y diversas clases de ellas, suelen ser representadas como mujeres sutiles, muy hermosas y generalmente aladas. Protectoras de la naturaleza, al ejercicio de menesteres humildes -son lavanderas, hilanderas…- unen una serie de facultades extraordinarias como hacer rergalos a los recién nacidos o repartir riquezas. Una de ellas se ha incorporado con nombre propio al diccionario: Morgana. Así, fata morgana -o fatamorgana, pues ambas formas recoge el DLE– es el nombre que se aplica a un fenómeno atmosférico que se produce en el mar debido a una inversión de temperatura, teniendo como efecto la creación de espejismos que se creían urdidos para confundir y perder a los navegantes por esta hermanastra del rey Arturo.

paparrasolla.- Personaje fantástico con cuya venida se amenaza a los niños para que dejen de llorar. En algunos pueblos castellanos, donde este ser solitario con garras de rapaz moraría en la torre de la iglesia o en los desvanes, tal y como cuenta la doctora Maria-Àngels Roque Alonso, cuando una vecina oía el jaleo provocado por los niños en alguna casa cercana, lanzaba una serie de gritos horribles para amedrentarles. Abonaría esto lo que afirmaba Covarrubias -que recogía la forma paparesolla, diciendo que era voz creada por las amas, las que criaban a los niños- en el sentido de que “alguna persona empiece a resollar de papo, en parte donde el niño no la vea”. Así pues, su origen estaría en el nombre papo, la parte de la cara que está debajo de la boca, y el verbo resollar. Corominas, por su parte, aventura una relación con papar ‘comer’, por la amenaza de devorar a los niños, y ese mismo resollar, entendido como ‘roncar, rugir’.

 

La cita de hoy

“Algunas cosas necesitan ser creídas para poder ser vistas”.

Ralph Hodgson

 

El reto de la semana

¿Qué deidad armada y de reminiscencias musicales -que ya nos visitó por aquí hace tiempo- podría servirnos hoy nuestro tradicional refrigerio tras el paseo?

 (La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

Paseando en busca de superpoderes

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Recordaba estos días el paseante que un antiguo amigo suyo gustaba de decir que en realidad todos los libros son de autoayuda, pues todos aportan o hacen sentir algo a quien los lee. El motivo de esta remembranza no era otro que el de estar leyendo uno que se proclama abiertamente como tal: Superpoderes del éxito para gente normal, escrito por Mago More.

No fue, sin embargo, el título lo que le llevó a interesarse por él. Lo que realmente llamó poderosamente su atención fue lo que aparecía escrito inmediatamente debajo: Consigue todo lo que quieras… trabajando como un cabrón. Así de contundente. Y una vez en sus páginas pudo comprobar que, efectivamente, lejos de intentar vender motos o de incurrir en la trampa del pensamiento mágico del buenrollismo como única fórmula para mejorar la vida, el autor hace hincapié en dos ideas: que el libro funciona SOLO si se pone en práctica y que lo que recomienda es lo que le ha funcionado a él, pero que somos cada uno los que debemos probar y encontrar nuestro propio camino.

Un libro, pues, honesto y útil, que nos da pie para pasearnos hoy por cinco palabras que incluyen en su interior bien mago, bien more, como pequeño homenaje a quien compartiendo su experiencia nos da pistas para intentar alcanzar nuestras metas.

salmorejo.- Derivado de salmuera, ‘líquido que se prepara con sal y otros ingredientes’, que a su vez procede del latín sal mŭria. Su acepción más conocida actualmente es la de una crema o puré a base de tomate, pan, aceite, ajo y sal majados o batidos. Se consume frío. Si bien el DLE asegura que es propio de algunas zonas de Andalucía -es plato emblemático de Córdoba-, un congreso celebrado en junio de 2017 en esa ciudad reunió platos diferentes con el mismo nombre, así como otros de similares características con distinta denominación repartidos por toda España. Su otro significado, anterior en el tiempo, es el de una salsa compuesta de aceite, vinagre, agua, sal y pimienta, de donde deriva el sentido de salmorejo también como reprimenda o escarmiento, en alusión al escozor que causa si entra en contacto con alguna parte del cuerpo escoriada o herida.

magosto.- Comida campestre, típica de provincias del noroeste español, a base de castañas. También reciben este nombre la hoguera en que se preparan y el propio conjunto de las castañas asadas. Se celebra en otoño y antiguamente había quienes consideraban que la fecha más señalada para hacerlo era el Día de Todos los Santos (1 de noviembre). Es un vocablo de origen incierto y de él derivan magosta, que es como se denomina en Cantabria y el verbo magostar, que hace referencia tanto a asar las castañas en la hoguera como reunirse para hacerlo. Fiesta de raíces célticas y relacionada con el culto a los muertos, el origen del nombre es incierto, si bien Corominas encuentra una notable similitud con agostar -que en germanía tenía el sentido de consumir, gastar– que podría haberse cruzado con algún verbo comenzado por m- de sentido análogo, como macerāre ‘consumir’.

esmorecer.- Procedente del latín *emorescěre ‘morir, desfallecer’. Aunque el DLE circunscribe su uso a Andalucía, Canarias y Venezuela, es voz también empleada en Asturias y en zonas de León. En una carta de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos, fechada el 7 de julio de 1503, encontramos: “Otras tormentas se han visto mas no duran tanto ni con tanto espanto… Muchos esmorecieron, harto y hartas veces que teníamos por esforzados”. Por otra parte, en Costa Rica y en la misma Venezuela se emplea popularmente con el sentido de quedarse momentáneamente sin aliento o sin respiración, generalmente a causa de la risa o el llanto, significado este que el Diccionario académico atribuye también, sin marca geográfica alguna, al verbo desmorecerse. A su vez, esmorecido, del participio de esmorecer, tiene en Extremadura el significado de ‘aterido de frío’.

ámago o hámago.- Sustancia correosa y amarilla, de sabor amargo, que labran las abejas y se encuentra en algunas celdillas de los panales. Debido a su gusto, se emplea también con el significado de fastidio o náusea, como podemos encontrar en la dedicatoria al conde de Lemos escrita por Cervantes en la segunda parte del Quijote, haciendo referencia a la sensación causada por la aparición del conocido como Quijote de Avellaneda. Otra palabra de origen incierto en nuestro paseo de hoy, Corominas aventura en esta ocasión que probablemente derive del latín vulgar *amĭdum, del latín amȳlum ‘almidón’ por la consistencia lechosa común a ambas sustancias. Aparece documentado por vez primera en español en A Dictionary in Spanish and English (1591), obra del lexicógrafo e hispanista británico Richard Percivale, donde traduce hamago como ‘alimento de abejas’.

marimorena.- Se emplea coloquialmente para referirse a una riña, una pendencia, una pelea. Como podemos leer en El porqué de los dichos de José Mª Iribarren, el origen de este término, presente ya en el Diccionario de autoridades (1734), se encontraría en María Morena, quien a finales del siglo XVI regentaba en Madrid una taberna con su esposo Alonso de Zayas y que juntos fueron encausados en 1579 por tener en su negocio unos cueros de vino y no haberlos querido vender. Al parecer, un grupo de soldados pidió beber de aquel vino, mejor que el que estaban siendo servidos, y ante la negativa de los dueños se organizó una trifulca en la que habría destacado el “carácter” de la mujer. Otra versión asegura que María era nombre muy común entre mujeres que trabajaban en ventas y tabernas entonces  y morena un apelativo típico para referirse a la mujer española, por lo que podría referirse en realidad a una cualquiera de ellas.

La cita de hoy

“En la vida hay que buscar la excelencia, pero no la perfección”.

Mago More

 

El reto de la semana

¿Qué planta que nos recuerda a un gran escritor portugués -y que, por supuesto, cumple nuestra premisa de hoy para viajar por el diccionario- podríamos habernos encontrado en este paseo?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

De paseo con los marqueses de Comillas

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En su reciente estancia por tierras cántabras tuvo el paseante ocasión no de confraternizar con la nobleza, como parece desprenderse del título de este paseo, pero sí de sumergirse, siquiera fuera por un rato, en la vida de los dos primeros marqueses de Comillas: Antonio López, a quien Alfonso XII concedió el título en 1878 y la dignidad de Grande de España en 1881, y su hijo Claudio, hombre sumamente religioso que incluso cuenta con expediente de beatificación abierto en el Vaticano.

Y lo hizo de una manera especialmente grata para él: paseando por las páginas de un libro, Tabaco. El imperio de los marqueses de Comillas, obra del periodista catalán Ramón Vilaró, que ofrece un fresco que permite comprender parte del trasfondo de la historia de España en el periodo que desembocaría en la pérdida de las colonias ultramarinas y conocer un poco mejor a quien, tras conocer su fallecimiento, el mismo monarca -que pasaría dos veranos en la villa cántabra invitado por el magnate- calificó como uno de los hombres que más grandes servicios había prestado a España.

Encenderemos hoy un buen puro filipino, seguramente alguno de los herederos de la Flor de la Isabela, para pasear entre las volutas de su humo por cinco palabras recolectadas en  una novela que ha sido un auténtico lujo poder leer en el lugar donde todo empezó y donde la impronta dejada por el primer marqués permanece tan viva.

paraninfo.- Salón de actos en una universidad, en el que se celebran los actos más solemnes. También se llamaba así a quien proclamaba el inicio del curso universitario, alentando al estudio con alguna oración retórica. En un principio esta palabra designaba al padrino de una boda y, por extensión, a quien anuncia una felicidad. Estos dos significados continúan apareciendo en el DLE, si bien con la marca ‘poco usado’. El Diccionario Enciclopédico Gaspar y Roig (1855) aseguraba que en la antigüedad, en las bodas de los antiguos griegos era una especie de ministro que presidía la ceremonia y organizaba el festín; en Roma se daba este nombre a cada uno de los tres mancebos que conducían a la novia a casa de su esposo  y entre los hebreos era el amigo íntimo del esposo que hacía los honores y acompañaba a la desposada a casa de aquel. Del latín tardío paranimphus ‘padrino de bodas’, procedente del griego paránymphos, compuesto por para- ‘junto a’ y nýmphē ‘novia’, ‘mujer joven’, ‘divinidad de las fuentes’.

esmoquin.- Prenda masculina de etiqueta, a modo de chaqueta sin faldones. Asociado más a celebraciones que a actos formales, es traje de noche que se lleva tanto en lugares cerrados como en espacios abiertos. El más usual es de color negro, aunque puede asimismo encontrarse en azul oscuro, granate o blanco. Fue vestido por vez primera por el príncipe de Gales, posteriormente rey Eduardo VII, en la localidad inglesa de Cowes. En España no admite condecoraciones, aunque sí en otros países. Se incorporó al DLE en su edición de 1970, y según el Diccionario panhispánico de dudas es adaptación a nuestro idioma de la voz inglesa smoking, adoptada por los franceses para nombrar este tipo de traje, cuya chaqueta se parece a la smoking jacket ‘chaqueta de fumar’ que se ponían los ingleses para no impregnar su ropa con el olor del humo. Curiosamente en los países anglosajones no recibe este nombre y es conocido como dinner jacket ‘chaqueta para cenar’, black tie ‘corbata negra’ o tuxedo -en los Estados Unidos-.

draconiana.- Una ley, una medida, una condición para acceder a algo que resulta excesivamente severa. Su epónimo es Dracón, responsable del primer código legal escrito de Atenas (621 a. C.), en el que prácticamente todos los delitos, desde la vagancia hasta el asesinato, eran castigados con la pena capital. Preguntado por el motivo de esa extrema dureza, habría respondido que las infracciones más leves eran merecedoras de ello y que no se le ocurría un castigo mayor para las más graves. Sus leyes fueron reformadas años más tarde por Solón, quien a su vez dio lugar también a otra palabra, en este caso en inglés: solon, que el diccionario Merriam-Webster define como ‘legislador sabio y hábil’ o ‘miembro de un cuerpo legislativo’. Volviendo al español, como Draconianos fueron conocidos los miembros de una de las facciones que se enfrentaron en la guerra civil colombiana de 1854. Firmes defensores del proteccionismo, estaban enfrentados a los Gólgotas, valedores del libre comercio.

morriña.- Del gallegoportugués morrinha, su acepción más conocida es la de sentimiento y estado de ánimo melancólico, triste, incluso un poco depresivo, en particular el causado por la nostalgia de la tierra natal o de los seres o lugares queridos. El DLE recoge también que es otro nombre de la comalia, una enfermedad que afecta al ganado, caracterizada por  un derrame o acumulación anormal de líquido seroso. Fuera del diccionario académico encontramos que morriña es además un tipo de llovizna -semejante al orvallo-; una capa de suciedad que se forma sobre algo debido a la falta de higiene; que en la zona del Bierzo se denomina así a la carne salada de cerdo, muerto en malas condiciones o sacrificado en el verano, y que no se puede conservar; que, según el Diccionario Enciclopédico UTEHA (1953) es otra enfermedad, de las plantas en este caso; que en Puerto Rico designa la rabia producto de los celos o la envidia y en Panamá se llama así al cuerpo de un animal muerto y en estado de descomposición.

caliqueño.- Un tipo de cigarro puro de no mucha calidad, tradicionalmente realizado de forma artesanal. De fuerte aroma , su aspecto es irregular y resulta rugoso al tacto. Muy típico del Levante español, su origen se encontraría en los soldados valencianos y catalanes que al regreso de la guerra de Cuba, a finales del siglo XIX, volvieron con el conocimiento para cultivar y hacer labores de tabaco. Durante muchos años se elaboraron de forma clandestina, comercializándose de contrabando como forma de obtener ingresos extra. Existen dos versiones sobre el origen del término: una apunta  a que procede de cala pequeña ‘calada pequeña’ -y de hecho la forma caliquenya fue la original en catalán-, mientras que la otra aventura que podría ser gentilicio de Cali, ciudad tabaquera de Colombia de donde tal vez se importaran. También era conocido como cigarro de calé y en este caso el nombre provendría del caló caló ‘oscuro, negro’, en referencia a la moneda de cobre de un cuarto, que habría sido su precio inicial.

 La cita de hoy

“Cuando murió convinieron todos los elogios en que su instinto de orientación en el complicado panorama de los negocios era el más extraordinario de nuestro siglo XIX”.

Nemesio González Caminero

 

El reto de la semana

¿Con qué juego de cartas, al que el marqués jugaba habitualmente y que nos lleva a pensar también a un conjunto de asientos y a una joya, podríamos entretenernos hoy tras nuestro paseo?

 (La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

Paseando por el Cenador de Amós

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Piano piano, como quien no quiere la cosa, casi sin darnos cuenta y al tran tran, con este que iniciamos ahora alcanzan estos paseos por el tumbaburros -que diría festivamente un mexicano– una cifra redonda: doscientos. Y en verdad pocas formas mejores podríamos haber encontrado de celebrar esta ducentésima entrega que disfrutando de una cena en el cántabro Cenador de Amós.

Ubicado en una casona palacio del siglo XVIII, es el ‘taller artesanal’, en sus propias palabras, en el que Jesús Sánchez desarrolla con su equipo una cocina creativa, sin duda arriesgada, empleando técnicas innovadoras, sí, pero sin olvidar -imbuido sin duda del espíritu de ese abuelo a quien homenajea en el propio nombre del restaurante- la historia, su propio acervo culinario. Tradición y modernidad, pues, como balizas que orientan el desarrollo de una cocina que, hasta el momento, se ha hecho merecedora de lucir dos Estrellas Michelin y tres Soles Repsol.

En esta ocasión ampliaremos el caladero en el que solemos pescar nuestras palabras cuando visitamos un restaurante, el menú degustado, para buscarlas también entre aquellas con algún significado próximo para este cocinero navarro que gusta de acercarse al producto con optimismo y una sonrisa, consiguiendo un exquisito resultado capaz de evocar y provocar a la vez; de conmover al comensal, en una palabra. ¿Se puede pedir más?

canela.- Especia muy aromática y de sabor muy agradable, empleada en repostería y como condimento. Es la segunda corteza de las ramas y rebrotes de la raíz del canelo, árbol originario del antiguo Ceilán que tomó su nombre a partir de la especia. Llegó a nuestro idioma a través del francés antiguo canele, procedente del italiano cannella, diminutivo de canna ‘caña’ -que a su vez viene el latín canna, del griego kánna, de origen asirio-babilónico-, por la forma de canutillo que adopta al secarse esta corteza. Presente en nuestra literatura desde El libro de Buen Amor (s. XIV) de Juan Ruiz, decir de algo o de alguien que es la flor de la canela, canela en rama o canela fina es una manera de encarecer su excelente calidad. No hay que olvidar que en la antigüedad la canela alcanzaba un altísimo valor -llegando a equipararse como medio de pago al oro o la plata-, hasta el punto de que en los siglos XVI y XVII había barcos, sobre todo portugueses, que se dedicaban en exclusiva a su comercio.

filipina.- Viene este término a nuestro paseo en su acepción americana -está documentado su uso en México, República Dominicana, Guatemala o Cuba- de prenda de vestir, una camisa o chaqueta de dril, con botones o cierre al frente, generalmente de manga corta, sin solapas -con cuello del denominado mao, chino o mandarín-, vestida por los hombres y que se emplea en diversas profesiones y oficios: médicos, cocineros… Con este significado aparece recogido en el DLE desde 1936. Su origen etimológico nos remonta hasta el rey Felipe II, epónimo de las Islas Filipinas. Originariamente llamadas Islas de Poniente por el navegante Magallanes, quien las reclamó para la Corona española, será Ruy López de Villalobos quien durante la expedición por él capitaneada entre 1542 y 1544 bautizará el archipiélago -en un principio, en la forma Felipinas, a las islas de Leyte y Samar- en honor de quien entonces era entonces Príncipe de Asturias.

magano.- Nombre que recibe en Cantabria el calamar. Según Adriano García Lomas –El lenguaje popular de las Montañas de Santander (1949)- deriva del castellano magaña ‘astucia, ardid’, tal vez con origen en el griego magganon ¿’engaño’? -probablemente en referencia a la tinta que dispara este molusco para poder huir cuando es atacado-. Este término no aparece en el DLE, aunque sí se hallaba en las cuatro ediciones que entre 1927 y 1989  publicó la RAE del Diccionario manual e ilustrado de la lengua española, una versión resumida y complementaria de aquel. Podemos rastrearlo en distintas obras de escritores nacidos a las orillas del mar Cantábrico como José María de Pereda –Sotileza, Escenas montañesas-, Ignacio Aldecoa –Gran Sol– o Álvaro Pombo –El héroe de las mansardas de Mansard-. Los ejemplares más apreciados son los denominados de guadañeta, pescados en sus costas en la época estival empleando este antiguo sistema a base de anzuelos.

petricor.- Una de las palabras favoritas del paseante por la sensación que le evoca. Es el nombre que recibe el olor que se desprende al llover en suelos secos: lo que comúnmente conocemos como ‘olor a tierra mojada’. Algunos científicos creen que la capacidad humana para apreciarlo proviene de cuando nuestros ancestros dependían de la época de lluvias para su supervivencia. Ausente todavía de los diccionarios de nuestro idioma, se trata de un calco del inglés petrichor, que el Oxford English Dictionary define como ‘aroma que frecuentemente acompaña a la primera lluvia caída tras un periodo de tiempo seco en algunas regiones’. Esta voz apareció por vez primera en un artículo de la revista Nature en 1964, acuñada por dos científicos, la australiana Isabel Joy Bear y el británico Richard Thomas, a partir de los componentes griegos petra ‘piedra, roca’ e ichṓr ‘icor’ -parte serosa de la sangre y, en la mitología griega, el propio fluido que circulaba por las venas de los dioses-.

espárrago.- Del latín asparăgus, propiamente ‘tallo pequeño, brote’, y este del griego aspáragos, con el mismo significado. En tiempos antiguos, como podemos leer en el propio Diccionario de autoridades (1732), designaba el tallo tierno de cualquier hierba o árbol agradables al gusto. Posteriormente se circunscribe a lo que hoy conocemos como tal: la yema de tallo recto y comestible producto de la esparraguera -conocida igualmente por el propio nombre de espárrago-, planta de la misma familia a la que pertenecen el puerro o la cebolla. Si encontramos este vegetal en nuestras mesas ya desde la época de los romanos, lo hacemos con su nombre en locuciones como mandar a alguien a freír espárragos -para despedir a alguien sin miramientos, incluso con enojo, en muchas ocasiones para poner fin a una discusión-, estar solo como espárrago o como espárrago en el yermo -que refleja la soledad de aquel de quien se predica- o la argentina machucar los espárragos -estrechar fuertemente la mano de otra persona-.

La cita de hoy

“La cocina es un ejercicio de seducción”.

Jesús Sánchez

 

El reto de la semana

¿Con qué habremos brindado hoy al término de nuestro paseo para celebrar por todo lo alto este aniversario?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

De paseo con Víctor Gutiérrez

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La vida nos ofrece en ocasiones -será para compensar- momentos como el que tuvo el paseante ocasión de vivir hace algunos días, cuando el deleite de poder disfrutar de Salamanca en compañía de Carmen, admirando la exposición de Miquel Barceló, se vio coronado de la mejor manera posible con la posibilidad de comer en el restaurante Víctor Gutiérrez.

Una ocasión largamente acariciada y que tuvo como resultado final algo realmente difícil de conseguir: que la realidad estuviera incluso por encima de las expectativas. Porque la experiencia en el local de este chef peruano-salmantino, merecedor desde 2004 de una ininterrumpida Estrella Michelin, va más allá del “plato fuerte” -un exquisito menú que conjuga corazón peruano, alma española y matices del mundo, como él mismo gusta de decir-, consiguiendo que todos los elementos que lo acompañan: vajillas; cuberterías; la propia disposición del local; su decoración…, todo ello rematado por una excelente dirección de sala, converjan para convertir la visita en un gozoso acontecimiento para el comensal.

Hoy volvemos nuestra mirada, como es habitual en estos paseos cuando es la restauración su motivo, hacia ese menú para encontrar en él cinco palabras que nos permiten extraer los jugos de sus significados reales o figurados, sus diferentes grafías, sus orígenes, sus usos… mientras cumplimos con el consejo para la vida que da el propio Víctor: “Comer y disfrutar”.

curri.- Mezcla de especias en polvo originaria de la India, empleada en la cocina como condimento y sazonador. También da nombre a diferentes preparaciones en las que resulta ingrediente fundamental. Si bien no se encuentran en el país asiático referencias a una mezcla concreta que reciba ese nombre, generalmente suele incluir cilantro, jengibre, cayena, clavo, nuez moscada, canela o cúrcuma. Existen curris que llegan a mezclar hasta setenta ingredientes. Esta palabra fue incluida en la última edición del DLE, como adaptación de la voz inglesa curry, que fue incorporada en 2001 y que se mantiene en el Diccionario académico. A esta lengua habría llegado desde el tamil kaṟi ‘salsa’, aunque es posible que lo hiciera a través del portugués -fueron nuestros vecinos ibéricos los primeros europeos en llegar a la India-, idioma en el que con la forma caril parece ya documentada en 1563 en Colóquio dos simples e drogas e cosas medicinais da Índia, obra del médico judío portugués de origen español Garcia de Orta, quien fuera alumno en las universidades de Salamanca y Alcalá.

lagarto.- Del latín *lacartusCorominas aventura que probablemente sea una forma dialectal arcaica-, procedente de lacertus. Término polisémico que según los países en que se emplee sirve para nombrar a diversos tipos de reptiles; a un músculo del brazo, entre el hombro y el codo; a una mariposa; a alguien que come con exceso;  a un pez marino; a una clase de árbol; a un cable usado para puentear energía; a un pellizco dado en el antebrazo… Además, coloquialmente puede hacer referencia a una persona taimada, pícara o a una avariciosa; a la cerveza; a una prostituta o a la espada roja que constituye la insignia de la orden de caballería de Santiago. Asimismo, en lenguaje de germanía designa a un ladrón del campo o al que muda sus ropas de diferentes colores para no ser reconocido. En este paseo lo recorremos en su sentido más carnívoro, pues es el nombre que reciben sendos tipos de cortes: en España, una parte de la carne del cerdo, situada entre las costillas y el lomo; en Venezuela o Chile, uno de vacuno extraído de la parte inferior de los cuartos posteriores.

alfajor.- Derivado del árabe andalusí fašúr, este del persa afšor ‘jugo’, que a su vez lo hace del también persa afšurdan ‘exprimir’. En España, es otra forma de llamar al alajú -o alejur, o alhajú, formas que también recoge el DLE-, una golosina elaborada con almendras y nueces molidas, a veces también piñones, pan rallado y tostado, miel cocida y especia fina -que constaba, según el modo común de cocinar que observaban las casa jesuíticas, publicado como libro en 1818, de azafrán, clavo, nuez moscada y pimienta-. En América, desde México hasta Chile, encontramos diferentes tipos de dulces llamados así, que según los lugares en que sean elaborados incorporan coco, dulce de leche, chocolate, canela, yuca, harina de maíz tostado, mermelada, papelón -pan de azúcar sin refinar-… El Diccionario de autoridades (1726) incluía también la acepción de bebida compuesta de vino y otros ingredientes, que se correspondería con el hipocrás, líquido asimismo preparado con vino, contando con azúcar y canela entre otros componentes.

cebiche.- También ceviche, sebiche y seviche, formas todas ellas recogidas tanto en el DLE como en el Diccionario de americanismos. Plato generalmente preparado con trozos pequeños de pescado o marisco que se maceran en jugo de limón ácido o naranja agria, con sal, cebolla picada y ají picante. Aunque se encuentra en numerosos países, está considerado como la comida bandera del Perú, donde en 2004 fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación, celebrándose cada 28 de junio su día nacional.  No en vano se emplea la locución ser más peruano que el cebiche. Son numerosas las conjeturas sobre la procedencia etimológica de esta voz. Aunque en el pasado optó por la palabra cebo -como habría propuesto el escritor puneño Federico More-, el Diccionario académico señala ahora que tal vez provenga del árabe andalusí  assukkabáǧ, y este del árabe sikbāǧ, el mismo origen que la voz escabeche. Otras teorías apuntan al quechua siwichi ‘pescado fresco, tierno’, al también árabe sibech y no falta quien habla incluso de un posible origen inglés, derivado de  sea beach.

pichón.- Cría de la paloma casera, de carne muy tierna y muy apreciada en gastronomía. Valga como botón de muestra el Manual del perfecto cocinero. 672 fórmulas para guisar pichones (1930), de A. Soler Monés. Históricamente fue alimento reservado a reyes y nobles -posteriormente también al clero- y es sabido que el emperador Carlos V desayunaba varios de ellos cada día en su retiro en Yuste. En algunos países americanos se llama así al polluelo de cualquier ave, excepto de gallina. Se emplea además coloquialmente como apelativo afectuoso hacia alguien o bien para indicar que es joven y sin experiencia, un aprendiz. También en América hallamos que se utiliza para referirse a realidades tan distintas como una planta -la daguilla-; al pene; a una mancha de excremento en la ropa interior; a un cigarrillo de marihuana; al retoño de la caña de azúcar; a un cohete sin varilla o al descendiente de trabajadores antillanos de la caña de azúcar emigrados a Panamá. Este término, documentado ya en español en 1604 encuentra su origen en el italiano piccione, del latín tardío pipio, derivado de pipiare ‘piar’.

 La cita de hoy

“Para cocinar es fundamental viajar, leer, la cultura y el respeto a los productos”.

 Víctor Gutiérrez

 

El reto de la semana

Teniendo en cuenta los antecedentes biográficos de nuestro chef ¿con qué habremos brindado al finalizar nuestro paseo lingüístico/gastronómico de hoy?

 

 

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)

Un paseo junto a la cursería

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Se cruzaba el paseante hace unos días, leyendo un artículo con motivo del aniversario del fallecimiento de Francisco Umbral, con una palabra que siempre llama su atención: cursi, como calificaba el autor del mismo algunos de los momentos escritos por el conmemorado. Y tratando de recordar dónde la había leído hace ya algún tiempo, recordó una entrevista con Félix de Azúa quien, en vísperas de su recepción en la RAE, denominaba así a un joven político acostumbrado, sin duda a recibir -y proferir- denuestos más estrepitosos aunque difícilmente más demoledores.

Porque cursi es uno de esos epítetos que por su grado de inconcreción pueden alcanzar un gran rango de matices, ninguno de ellos ciertamente favorable, y que no pareciendo especialmente ofensivo en comparación de otros insultos de más grueso calibre guarda en su interior una profunda carga de desprecio.

Ese reencuentro con la palabra, y el hecho de que su desconocido origen la conecte directamente con nuestro último paseo, animaron al paseante a releer La filocalia o arte de distinguir a los cursis de los que no lo son, seguido de un proyecto de bases para la formación de una hermandad o club con que se remedie dicha plaga (1868), un divertido opúsculo escrito, con Santiago de Liniers, por el político y miembro también de la RAE Francisco Silvela, obra de la que extraemos las cinco palabras, seis en realidad si incluimos la cursería -sinónimo de cursilería- del título, por las que pasearemos hoy.

cursi.- Comenzamos, no podía ser hoy de otra manera, con este vocablo que se predica de la persona que, pretendiendo resultar fina y distinguida, ofrece en realidad una imagen afectada y ridícula. Referido a alguna cosa, señala aquello que, bajo una apariencia de riqueza o elegancia, resulta pretencioso, relamido, de mal gusto. Los límites de su alcance resultan difusos, dependiendo en gran medida de la intención que guía a quien lo emplea. Documentado por vez primera en 1865, la Academia califica con acierto su origen como ‘discutido’, al ser numerosas las teorías referidas al mismo, que abarcan desde procedencias del gitano, el árabe marroquíkúrsi ‘silla’, de donde pasaría a ‘cátedra’; de ahí a ‘sabio’ y de este a ‘personaje principal, figurón’- o el inglés –coarse ‘ordinario, tosco’- hasta la introducción en nuestro país de la letra cursiva, pasando por la isla de Córcega; una familia gaditana de apellido Sicur – por metátesis-; en el mismo Cádiz, unas damiselas huérfanas y adineradas llamadas Tessi y Curt; don Reticursio, personaje teatral que vestía de forma harto extravagante y pretenciosa…

charol.- Del portugués charão ‘laca’, que lo tomó del chino chat liao, compuesto del chino dialectal chat ‘barniz’ y liao ‘tinta’, ‘óleo’. Barniz celulósico muy flexible y lustroso que se adhiere perfectamente al material sobre el que se aplica. Muy empleado en calzado, se denomina también así al cuero cubierto con este material. De esta voz derivan charolar y acharolar ‘barnizar algo con charol u otro líquido equivalente’, cuyos participios han generado los adjetivos charolado ‘que tiene lustre’ y acharolado ‘semejante al charol’ respectivamente. A su vez, charolista es la persona cuyo oficio consiste en charolar. En algunos países americanos se denomina charol -o charola– a la bandeja; en Cuba se llama también  así popularmente a una persona de piel muy negra y en México es un deslumbramiento en una videograbación. Si atendemos a su empleo en locuciones, en España darse charol significa darse importancia, alabarse, mientras que en México, se dice dar el charolazo a presentar una credencial oficial para lograr un beneficio ilícito o eludir la responsabilidad por alguna infracción cometida.

felpa.- Tejido semejante al terciopelo, que puede ser de seda, lana, algodón o cualquier otra fibra, pero de pelo más largo -el DLE recoge la felpa larga, que tiene el pelo largo como de medio dedo-. Coloquialmente sirve también para referirse a una reprensión áspera, un rapapolvo, o bien a una tunda de golpes -en este caso el Diccionario de autoridades (1732) hablaba de felpa rabona-. En distintas partes de América adquiere también significados tan variados como una derrota amplia infligida en una competición deportiva o una disputa; un útil para escribir o dibujar provisto de una carga de tinta y punta de fibra; un cojín de tela muy fina o la marihuana. Palabra también de origen incierto, Covarrubias conjeturaba que se llamó así, casi filelpa, por estar tejida de cabos de hilos. Corominas señala que es común con el catalán, el portugués y el italiano y la relaciona con el occitano feupo ‘hilachas’ y el francés antiguo y dialectal feupe ‘harapo’. Indica asimismo que este vocablo aparece por vez primera en Inglaterra ya en el siglo XII en sus dos variantes, pelf (pilfer) y felpe y que quizá sea una antigua voz germánica.

cascabel.- Bola de metal hueca, normalmente de pequeño tamaño, con una ranura o unos orificios y una asita para colgarla, que lleva en su interior una pieza metálica que produce un tintineo al chocar con las paredes de la bola. También se llama así al remate  posterior de algunos cañones antiguos de artillería. Documentada desde el siglo XII, procede del occitano cascavel -en esta forma la podemos encontrar en el Cantar de Mio Cid-, diminutivo del latín vulgar cascabus, variante del latín caccăbus ‘olla’, que ya se utilizó en la Antigüedad para designar de forma figurada un cencerro. Entre las varias locuciones en las que encontramos esta palabra tal vez la más conocida sea la de poner el cascabel al gato, que tiene el sentido de atreverse, entre varios interesados, a realizar la parte más embarazosa o difícil de una acción. Proviene de una antigua fábula escrita en el siglo XIII por el monje inglés Odo de Cheriton -aunque el origen podría ser anterior, pues se inspiraba en escritores clásicos como Esopo-, popularizada en nuestro idioma por Félix María de Samaniego bajo el título de El congreso de los ratones.

culotar.- Ennegrecer una pipa o boquilla -sobre todo las de espuma de mar- con el humo al usarlas. Préstamo léxico del francés culotter, que en un principio hacía referencia a recubrir el interior de la cazoleta de la pipa, a fuerza de uso, de una capa producida por el propio residuo del tabaco, que permite posteriormente a este liberar todo su aroma durante la combustión y pasó a emplearse por analogía -documentado ya con este sentido en 1823- como ese ennegrecer, dar una pátina oscura. Este galicismo no aparece recogido en el DLE, aunque sí en diccionarios de uso como el Moliner o en compilaciones de léxico extremeño o andaluz, pudiendo espigarse -también con el significado, como lo emplea Arniches, de ahogar con el humo del tabaco- además en obras de Pérez Galdós, Tomás Luceño, José María de Pereda, su íntimo amigo Eduardo Bustillo, Alejandro Pérez Lugín, o Zunzunegui, tanto en esta forma como en la de aculotar. En su satírico Libro de los elogios (1911), el periodista y dramaturgo Antonio Palomero bautiza como boquillicultura al arte o ciencia de culotar una boquilla.

 

La cita de hoy

“La palabra cursi constituye una gloria exclusiva de nuestro léxico”.

Julio Camba

 

El reto de la semana

¿Con qué “pariente” suramericano de nuestro cursi de hoy, y sobre cuya condición ya paseamos en su momento, nos resultaría lógico habernos encontrado en nuestro paseo?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)