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arca palabras

Recuerda el paseante, no sabe muy bien a cuenta de qué, haber leído hace ya casi un par de años a Andrés Trapiello -con uno de cuyos hermanos, como conexión con estos paseos, tuvo ocasión de compartir conversación y entrecuesto en León– una sincera apología del placer de leer el periódico en papel. Apreciación con la que quien esto escribe no puede estar más de acuerdo, siendo además que parte del deleite que esto le produce deriva, precisamente, por la lectura de la columna semanal del escritor leonés en un suplemento dominical, día que, como el mismo mes de agosto a su vez, parece especialmente propicio para este esparcimiento.

Y gusta especialmente de leerle no solo por la mayor o menor belleza formal de sus escritos o por reconocerle como otro asiduo -mucho más avezado, por supuesto- a pasear por el diccionario -en su caso uno editado en 1919 por Saturnino Calleja-, sino por encontrar en numerosas ocasiones motivos de coincidencia con lo que comparte con los lectores, como el amor a Portugal; la sencilla, que no fácil, aspiración de que cada uno cumplamos con nuestro deber; la firme apuesta por huir de la estridencia o la convicción de que “el único país en el que merece la pena vivir es la decencia”.

Nos embarcaremos hoy en el arca de las palabras que él mismo fue construyendo día a día durante un año -recogida posteriormente en un libro pero, por supuesto, botada inicialmente en un periódico-, para navegar en ella al timón de cinco términos de esos que justifican por sí solos la afición a pasear por el jardín de esas delicias que son las palabras.

crotalogía.- O arte de tocar las castañuelas. Deriva de crótalo, forma poética de denominar a una de ellas, voz tomada del latín crotălum, y este a su vez del griego krótalon ‘especie de castañuela’. El primer tratado sobre la misma que se conoce -como recuerda el propio Trapiello- es un escrito satírico fechado en 1792 por fray Juan Fernández de Rojas con el pseudónimo de Francisco Agustín Florencio, autor que tuvo la humorada de, bajo el sobrenombre de Juanito López Polinario, publicar a su vez una Impugnación literaria de su propia obra. Palabra recogida en diversos diccionarios, incluso en fecha tan temprana como 1846, en el Nuevo diccionario de la lengua castellana de Vicente Salvá, no ha estado nunca recogida en el DRAE, si bien algunas cédulas del fichero general de la Academia recogen su uso literario.

aljabibe.-. El Diccionario de autoridades -1726-, a la vez que lo califica ya como voz anticuada, lo definía como ‘el que vende ropa de vestir hecha’. En su segunda edición en 1770, reducida a las dos primeras letras del alfabeto, se habla de ‘ropa usada’ y se introduce explícitamente la sinonimia con ropavejero -escrito entonces ropa-vegero-, significación con la que ha llegado hasta nuestros días, pues la 23.ª edición del DRAE, con la marca ‘desusado’, remite directamente a este término para definirlo. Procede del árabe andalusí *alǧabbíb y puede encontrarse ya en las Ordenanzas de Sevilla -1525- y Granada -1552-, si bien Corominas lo hace derivar de ǧabbâb ‘vendedor de aljubas’ –un tipo de vestidura morisca-.  Al parecer se empleó también en algunas ocasiones con la grafía algibebe, que es la forma portuguesa de esta palabra.

cachivache.- Utilizado normalmente más en plural, como nos recuerda el propio DRAE, es un término con matiz despectivo para designar un utensilio un chisme, un trasto o algo roto e inservible. Coloquialmente sirve también para referirse a una persona inútil, embustera, ridícula. Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana o española aseguraba que provenía de ‘cachos’ y ‘vasos’; Corominas y Moliner, por su parte, consideran plausible el origen en ‘cacho’, sin incluir el de ‘vaso’. El Diccionario de americanismos recoge la forma cachibache, utilizada en algunos países centroamericanos y cachivachi, en Bolivia y República Dominicana, con el sentido de objeto de poco valor, así como cachivachero -que podemos encontrar también en el DRAE-, referido, según los países, a un montón de cachivaches; al lugar donde se guardan; a alguien que los vende o a alguien que los guarda.

zaquizamí.- También procedente del árabe andalusí, en este caso de sáqf fassamí ‘techo frágil’, propiamente ‘techo en el cielo’. Es otro nombre para el desván, el último cuarto de la casa, normalmente a teja vana -es decir, con tejado sin otro techo debajo-. Como solía utilizarse para almacenar las cosas que ya no se usaban –cachivaches, podríamos decir-, se llamó también así por alusión a un cuchitril, un cuarto desordenado, pequeño, poco limpio. Estas dos acepciones aparecían ya en el Diccionario de autoridades y no será hasta 1936 cuando el DRAE incorpore una tercera: la de ‘enmaderamiento de un techo’, que según Corominas era la original mostrada ya en el Universal Vocabulario en latín y en romance, de Alonso Fernández de Palencia, publicado en Sevilla en 1490 y primera ocasión en que se encuentra documentado este vocablo.

crinolina.- Tomado del francés crinoline -donde se encuentra ya documentada en 1829-, que a su vez lo hizo del italiano crinolino, compuesto por crino ‘crin’ y lino ‘lino’, idioma al que retornó a su vez en la forma crinolina. Se trataba de un tejido terso, utilizado para fabricar corbatas, sombreros, forros… y que se empezó a utilizar para confeccionar enaguas, las faldas que se colocaban debajo de la del vestido para mantenerla ahuecada. Más tarde pasó a ser sinónimo de miriñaque, zagalejo –refajo-  de tela rígida o muy almidonada que cumplía ese mismo cometido, una auténtica estructura en realidad, con aros de ballena, mimbre o metal, que vino a su vez a sustituir al antiguo tontillo. Palabra que encontramos ya en obras de Pérez Galdós o Baroja, el DRAE no la incluyó, en ninguna de sus dos acepciones, hasta la edición de 2001.

La cita de hoy

“Las palabras, según en boca de quién, tienen ese poder, el de darnos a conocer el mundo, desde luego, pero también el de prolongar y guardar memoria del encantamiento y el misterio con el que viene a nosotros”.

 Andrés Trapiello

 

El reto de la semana

¿De qué fragmento concreto de Don Quijote de la Mancha habría resultado lógico acordarnos en nuestro paseo de hoy?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)