Etiquetas

, , , , , , , , , ,

En La cabina mágica (1961) el escritor estadounidense Norton Juster asegura que “si algo está ahí, solo puedes verlo con los ojos abiertos; pero si no está, también puedes verlo con los ojos cerrados. Ese es el motivo por el que las cosas imaginarias son a menudo más fáciles de ver que las reales”. Y de creer, podríamos añadir.

Porque si bien es cierto que desde la más remota antigüedad todo tipo de culturas han creado/creído sus propios seres imaginarios y mitos, lo que podría achacarse a las dificultades de desplazamiento y comunicación propias de aquellas épocas, que llevaban a prestar oídos a relatos en absoluto contrastados, no lo es menos que en nuestra actual civilización hiperconectada el fenómeno no ha desaparecido en absoluto y mucha gente sigue convencida de la existencia real de seres como ángeles y demonios o, más terrenalmente, el galaico lobisón -hombre lobo- o el americano chupacabras, estos dos últimos, por cierto, recogidos por el DLE.

Hoy pasearemos, en clave femenina esta vez, por cinco de estas entidades imaginarias que han encontrado también un hueco en nuestro diccionario y que se suman a algunas con las que ya nos encontramos por estos lares, como el rocho, el monoceronte, la quimera, el basilisco, la gomia, el ahuizote, el centimano, el cancerbero o el ciensayos.

sirena.- Del latín tardío Sirēna, del latín Siren y este del griego Seirḗn. Uno de los mitos más persistentes a lo largo de la historia, estas ninfas aparecieron en la mitología griega como mujer-pájaro, motivo por el que a veces han sido solapadas con las arpías. Vivían en lugares escarpados y con su melodioso canto atraían a los viajeros para devorarlos. Posteriormente aparece su otro aspecto, las sirenas con cola de pez, moradoras de arrecifes e islas rocosas, con un comportamiento similar al de sus hermanas aéreas. En la Odisea se relata cómo Ulises, para oír su canto y no perecer, tapó con cera los oídos de sus hombres y ordenó que le ataran al mástil y no le soltaran bajo ningún pretexto. Asegura la leyenda que Orfeo, desde el barco de Jasón y los argonautas, cantó con más dulzura que ellas, lo que hizo que murieran, quedando convertidas en rocas, pues su destino era desaparecer cuando alguien no sucumbiera a su encanto.

arpía o harpía.- Tomado del latín Harpȳia y este del griego Hárpuia ‘las que arrebatan’. Seres alados con rostro de doncella y cuerpo de ave de rapiña –con garras encorvadas y vientre inmundo, podemos leer en la Eneida-, han sido generalmente consideradas como personificación o alegoría de los vicios, así como de la fuerza destructiva de los vientos. Invulnerables y pestilentes, bajaban de las montañas de las islas Estrófades, donde vivían, con horribles chillidos y devorando cuanto alimento encontraran o contaminándolo con excrementos. Violentas y despiadadas, impartían también castigos de los dioses, raptando a la gente -de ahí su nombre griego-. La leyenda asegura que Jasón, en su viaje en busca del vellocino de oro, consiguió ahuyentarlas y que dejaran de atormentar a Fineo, quien había sido castigado por Zeus por revelar secretos del Olimpo. Agradecido, aquel le habría dado claves para poder proseguir su periplo.

hidra.- Procedente del latín hydra, que lo hace a su vez del griego hýdra ‘serpiente acuática’. Monstruo que tenía su guarida en el lago de Lerna, bajo el que se encontraba una de las entradas al inframundo. Tenía forma de serpiente y varias cabezas -cuyo número  varía según la fuente consultada, siendo nueve la cifra más compartida- con la propiedad de regenerar dos por cada una que le cortaran. Su aliento envenenaba las aguas y los campos. Acabar con ella fue el segundo de los doce trabajos de Hércules, quien se valió de una antorcha con la que su sobrino Yolao cauterizaba la herida cada vez que el héroe amputaba una de las cabezas, impidiendo así su reproducción. Esta voz, que encontramos ya en 1413 documentada en nuestro idioma,entra en la composición, probablemente por cruce con drago ‘dragón’, de endriago, nombre de otro ser imaginario: un monstruo con rostro humano y miembros de diversos animales salvajes.

hada.- Del latín fata, femenino vulgar de fatum ‘hado’. Probablemente las más numerosas de las divinidades menores, podemos encontrarlas en diversas mitologías y distintas épocas. Aunque existen muchas y diversas clases de ellas, suelen ser representadas como mujeres sutiles, muy hermosas y generalmente aladas. Protectoras de la naturaleza, al ejercicio de menesteres humildes -son lavanderas, hilanderas…- unen una serie de facultades extraordinarias como hacer rergalos a los recién nacidos o repartir riquezas. Una de ellas se ha incorporado con nombre propio al diccionario: Morgana. Así, fata morgana -o fatamorgana, pues ambas formas recoge el DLE– es el nombre que se aplica a un fenómeno atmosférico que se produce en el mar debido a una inversión de temperatura, teniendo como efecto la creación de espejismos que se creían urdidos para confundir y perder a los navegantes por esta hermanastra del rey Arturo.

paparrasolla.- Personaje fantástico con cuya venida se amenaza a los niños para que dejen de llorar. En algunos pueblos castellanos, donde este ser solitario con garras de rapaz moraría en la torre de la iglesia o en los desvanes, tal y como cuenta la doctora Maria-Àngels Roque Alonso, cuando una vecina oía el jaleo provocado por los niños en alguna casa cercana, lanzaba una serie de gritos horribles para amedrentarles. Abonaría esto lo que afirmaba Covarrubias -que recogía la forma paparesolla, diciendo que era voz creada por las amas, las que criaban a los niños- en el sentido de que “alguna persona empiece a resollar de papo, en parte donde el niño no la vea”. Así pues, su origen estaría en el nombre papo, la parte de la cara que está debajo de la boca, y el verbo resollar. Corominas, por su parte, aventura una relación con papar ‘comer’, por la amenaza de devorar a los niños, y ese mismo resollar, entendido como ‘roncar, rugir’.

 

La cita de hoy

“Algunas cosas necesitan ser creídas para poder ser vistas”.

Ralph Hodgson

 

El reto de la semana

¿Qué deidad armada y de reminiscencias musicales -que ya nos visitó por aquí hace tiempo- podría servirnos hoy nuestro tradicional refrigerio tras el paseo?

 (La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)