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Ha repetido el paseante por activa y por pasiva no creer en las casualidades, sí, pero no por ello dejó de llamarle la atención que el mismo día de la semana pasada en que prestábamos nuestra atención a seres imaginarios Naciones Unidas retiraba su personal de dos distritos de Malaui debido a una ‘caza de vampiros’ que había provocado ya cinco muertos. En una ola de violencia similar producida en 2002 en la misma zona mujeres y niños declaraban a medios de comunicación que les habían robado la sangre. Es decir, estaban plenamente convencidos de la existencia de estos seres.

Esta noticia nos conduce directamente a reflexionar una vez más, sin necesidad de remontarnos al mismo Platón, sobre la distinción entre lo real y lo aparente. O lo imaginado. O lo inventado. Porque si convenimos en que lo que percibimos no deja de ser inexacto, pues es una representación, una creación de nuestro cerebro, ¿cómo diferenciar lo que tiene una existencia objetiva de lo que no? ¿Cómo convencer -o demostrarle- a alguien que sufra algún tipo de trastorno delirante, por ejemplo, de que determinados “hechos” solo ocurren en su mente?

Mas como son estos paseos léxicos y no filosóficos, abandonemos estos andurriales en los que corremos el riesgo de volver una y otra vez sobre nuestros propios pasos y retornemos a la senda del diccionario en busca de nuevos seres imaginarios, fantásticos, fabulosos o inventados, en esta ocasión y en justa correspondencia con nuestro anterior entrega, los cinco del género masculino, al menos en la forma en que los recoge la Academia.

arimaspo.- Miembro de un pueblo legendario cuya característica más destacada es que tenían un solo ojo. Buenos jinetes, estaban en guerra constante con los grifos -animales también fabulosos, cuadrúpedos con la parte superior de águila y la inferior de león- para robarles el oro que estos custodiaban. Habitaban, entre otros dos pueblos mitológicos, los isedones y los hiperbóreos, al norte de Escitia, en una zona comprendida hoy entre China, Mongolia, Siberia y Kazajistán que, efectivamente, fue una importante productora del dorado metal. Arimaspo era también el nombre que autores del Siglo de Oro daban a un río de arenas auríferas. Fueron descritos por Aristeas de Proconeso (que vivió en torno al siglo VII a. C.) en su obra Arimaspeas o Epopeya de los Arimaspos, hoy prácticamente desaparecida. Este vocablo procede según el DLE del latín Arimaspus, que el diccionario Merriam-Webster asegura que lo hace a su vez del griego Arimaspos. Otra teoría asegura que deriva del escita arima ‘un’ y spou ‘ojo’. El Diccionario académico recoge también la forma arimaspe.

hipogrifo.- Ya que hemos hablado de los grifos, parece pertinente traer aquí a este otro ser mitológico -que aparecía tildado: hipógrifo al incorporarse al DLE en 1803- que era mitad caballo y mitad grifo. El nombre encuentra su origen en el griego híppos ‘caballo’ y el latín tardío gryphus ‘grifo’, del latín gryps y este del griego grypós. Este ser no aparece vinculado a ningún mito o leyenda de la antigüedad, por lo que hay quienes, atribuyen su invención a Ariosto, pues es en su poema Orlando furioso (1532) donde aparece por vez primera nítidamente descrito. El escritor italiano habría dado así la vuelta al dicho latino que para resaltar la imposibilidad de algo afirmaba que era ‘cruzar grifos con caballos’. Otros autores, como Pascual de Gayangos en su obra Libros de caballerías (1857), consideran que se trata en realidad de un trasunto del simurg, el caballo alado de la mitología persa. El hipogrifo ha sido ‘recuperado’ en los últimos tiempos merced a los libros y películas de Harry Potter, hasta el punto de que hay quienes creen que fue su autora, J. K. Rowling la creadora de este animal fantástico.

sátiro.- Del latín satỹrus ‘sátiro, ser mitológico’, y este del griego sátyros. Criatura de la mitología grecorromana. De cintura para abajo es una cabra, mientras que el torso y el feo rostro son humanos, si bien luce pequeños cuernos en la frente. Sus orejas son puntiagudas y largas y tiene cola de caballo o chivo. Su imagen inspiró la iconografía cristiana del diablo. Amantes de la música -tocaban diestramente la flauta- y el vino, los sátiros, relacionados con Dioniso, dios de la viña, y con Pan, dios de los pastores de Arcadia y símbolo de la fecundidad de la naturaleza, mostraban una desenfrenada apetencia sexual que procuraban satisfacer con ninfas o con jóvenes mortales. De vientre prominente, solían desplazarse sobre asnos. Al envejecer recibían el nombre de silenos en honor de Sileno, dios de los manantiales y las fuentes, hijo de Pan y preceptor de Dioniso.  Esta palabra tiene como derivados  en nuestro idioma sátiro, con el sentido de hombre lascivo o mordaz, satiriasis, término médico para referirse a la apetencia sexual insaciable en un varón y satirio, nombre de un roedor.

fénix.- Documentado en español desde 1570 –aparece por vez primera en el Vocabulario de las dos lenguas toscana y castellana de Cristóbal de las Casas-, este vocablo proviene del latín phoenix, que lo hace del griego phoînix ‘rojo, el color de la púrpura descubierto por los fenicios’. Ave mítica que habitaba en los desiertos de Etiopía y Libia. Del tamaño del águila, con algunos rasgos de faisán, vivía varios siglos. Única en su especie, cuando presentía su final construía una pira con madera y resinas aromáticas en la que se inmolaba cuando los rayos del sol la hacían arder, renaciendo después de sus propias cenizas. Por este motivo en el occidente cristiano simboliza la resurrección, el triunfo de la vida eterna sobre la muerte. En El libro de los seres imaginarios (1967) Jorge Luis Borges nos habla del fénix chino, Feng, un pájaro de colores esplendentes. El macho, que tenía tres patas y moraba en el sol, se aparecía a los emperadores justos como símbolo del favor celestial. En castellano fénix designa algo o alguien exquisito, único también en su especie: el escritor Lope de Vega fue conocido en su tiempo como el Fénix de los ingenios.

imbunche.- En la mitología chilena, un ser maligno y contrahecho: tiene la cara vuelta hacia la espalda y camina con una sola pierna por tener la otra pegada a la nuca. Tal vez se trate de una de las más dignas de lástima de entre las criaturas fantásticas maléficas, pues se trata en realidad de un recién nacido secuestrado por los brujos -o regalado, o vendido, según las versiones- para convertirlo en guardián de su cueva y a quien estos descoyuntan, provocando su deformidad, para evitar que pueda huir. Le cierran también todos los orificios de su cuerpo, por lo que no puede hablar, expresándose a través de un grito horrísono denominado balido o chivateo. La primera referencia de que se tiene noticia se encuentra en Arauco Domado (1596), de Pedro de Oña, considerado el primer poeta nacido en suelo chileno. Se emplean también las formas invunche, ivunche e ivumche. Si bien tanto el DLE como el Diccionario de americanismos aseguran que es una voz mapuche, otra teoría sostiene que deriva del veliche, lengua del archipiélago de Chiloé, y  que está formada por ivùm ‘animal pequeño, monstruo’ y che ‘hombre’.

 

 La cita de hoy

“El sueño de la razón produce monstruos”.

Francisco de Goya

 

El reto de la semana

¿Con qué otro ser imaginario, híbrido al igual que los hipogrifos y con reminiscencias ‘johnfordianas’, podíamos haber hecho más descansados nuestro paseo de hoy?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)