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Se desplazó en esta ocasión el paseante hasta tierras astures para celebrar el natalicio de Carmen entra las detonaciones y estruendos con que los habitantes de Cangas del Narcea obsequian a la Virgen del Carmen en una de las celebraciones más peculiares que pueden encontrarse en un país lleno de ellas, declarada además Fiesta de Interés Turístico Regional por el Gobierno del Principado de Asturias en 1992.

A lo largo de los días se suceden las tiradas pirotécnicas -con efectos de sonido, bombas, fuegos artificiales…- a cargo de las 39 peñas de la localidad, alcanzando una auténtica apoteosis en la Descarga, realizada cada 16 de julio pasadas las ocho de la tarde, cuando la imagen de la Virgen del Carmen regresa a su capilla desde la basílica de Santa María Magdalena y hace un alto en medio del puente romano, bajo la farola llamada girolina, para recibir su homenaje: una oración popular de estallidos, relámpagos y humo que no deja indiferente a ninguno de los presentes -creedme si os digo que es imposible aproximarse siquiera a describirla con fidelidad-, en la que los voladores son protagonistas indiscutibles. Este año se lanzaron al aire más de 80.000, con una carga total de más de 2.640 kilos de pólvora, en poco más de seis minutos y medio, haciendo temblar suelos y espíritus.

Recorreremos hoy cinco palabras que Carmen y el paseante se fueron encontrando por los rincones de la capital administrativa del suroccidente asturiano, de la mano de Mercedes y José Ramón, de Raquel y Jose, quienes ejercieron de perfectos anfitriones, multiplicando exponencialmente el disfrute de la fiesta. Gracias mil a los cuatro y ¡Feliz cumpleaños, Carmen!

volador.- Empleado aquí en su acepción de cohete -si bien esta palabra, al igual que petardo, es evitada por los cangueses-, el artificio pirotécnico que consta de un cartucho relleno de pólvora u otros explosivos adherido a una varilla ligera. Vara, mecha, carretilla y bomba se denominan sus partes. En la parte inferior del canuto hay una mecha que una vez prendida expulsa  gases cuya reacción impulsa al artefacto hacia lo alto, donde explota produciendo un estampido. Procede del latín volātor, -ōris. Para lanzarlo, el tirador lo sujeta utilizando los dedos como si fueran pinzas, manteniéndolo en posición vertical, algo inclinado hacia delante, con el brazo por encima de la oreja y alejado de la cara, a medio metro del cuerpo. La mecha, siempre hacia fuera, se prende de lado. Por motivos de seguridad resulta importante revisar el entorno -asegurarse de que no hay cables o ramas en la trayectoria, por ejemplo-, comprobar la dirección del viento y mantener una distancia de unos dos metros y medio entre tiradores.

caipiriña.- La bebida por antonomasia de estas fiestas -escoltada, eso sí, por la compuesta, en cuya elaboración convergen sidra y vermú-, en las que se encuentra incluso una versión sin alcohol para los menores de edad. Este cóctel, que comenzó a preparase ya en el siglo XIX, en el estado brasileño de São Paulo, está compuesto originariamente de cachaza -aguardiente de melaza de caña-, azúcar, hielo picado y lima. Esta voz, incorporada al DLE en su última edición, publicada en 2014, llegó al castellano desde el portugués brasileño caipirinha, palabra cuyo origen resulta incierto. Caipira era un término paulista para referirse a los campesinos, y podría haberse originado a partir de uno de dos vocablos tupíes: ya caipora, traducido literalmente como ‘habitante del bosque, de la selva’,  ya curupira, nombre de un ser fantástico, una especie de demonio que vaga por el bosque, representado como un enano con cabellera y los pies al revés, con los talones hacia delante.

apurridor.- Es la persona que sostiene los voladores y se los va entregando al tirador para que los lance. Suele ser alguien de la máxima confianza de este. Su papel resulta fundamental, hasta el punto de que está prohibido tirar sin contar con uno. Ha de situarse a una distancia de metro y medio del tirador y cuenta la tradición local que el último volador de la serie debe tirarlo él. En el mundo rural asturiano se denomina también así a quien alcanza las mazorcas de maíz al que hace la ristra, el heno al que está sobre el carro colocándolo, etc. Proviene de la palabra apurrir, que significa alcanzar algo y dárselo a alguien que está apartado. El DLE, que no registra apurridor y circunscribe su uso a Asturias y Cantabria, aunque está también documentado su empleo en áreas de León, Palencia o Burgos, adjudica la ascendencia etimológica de este verbo al latín porrigěre, de igual significado. Corominas aventura que asimismo podría derivar de apporrĭgěre, tal y como lo empleaba Ovidio.

artesano.-. La persona que se dedica a un oficio o ejercita un arte manual. En la actualidad se usa para referirse a quien realiza objetos imprimiéndoles un sello personal, a diferencia de los producidos en serie. El Diccionario de Autoridades (1726) atribuía al dialecto toscano el origen de esta palabra; sin embargo, a partir de 1884 la Academia optará por una fuente distinta: el bajo latín artesānus, del latín ars, artis ‘arte’. No será hasta un siglo más tarde cuando, en 1984, aparezca en el DLE la adscripción que permanece hasta nuestros días: el italiano artigiano. En Cangas del Narcea, la Sociedad de Artesanos Nuestra Señora del Carmen es la encargada de financiar y llevar a buen fin la Descarga, siendo su presidente quien tradicionalmente enciende el primer volador. Fundada el 17 de julio 1902, durante años tiraron la Descarga conjuntamente con la Comisión de Festejos, haciéndolo de manera exclusiva a partir 1965, si bien desde hace ya algunas ediciones cuenta con el apoyo de las peñas l’Andolina y El Refuerzo.

cachu.- También llamado cacho. Este vocablo asturiano da nombre en la zona de Cangas del Narcea a una especie de escudilla, un cuenco de madera de una sola pieza y de diversos tamaños -frecuentemente de litro- para beber vino. Xosé Lluis García Arias, expresidente de la Academia de la Lengua Asturiana, apunta en su libro Propuestes etimolóxiques (1975-2000) a dos posibles orígenes de la palabra, ambos latinos: bien capulam ‘vaso con asas’, bien catillum ‘plato pequeño, escudilla’. El cachu lleva ínsito el concepto de convivencia, pues tradicionalmente ha sido compartido por familiares, vecinos o amigos para degustar los caldos de la zona -pertenecientes a la categoría de vinos heroicos-. Se asegura que al ser servidos en este tipo de recipiente, además de oxigenarse, producen un ‘chisporroteo’ característico que libera los aromas y el sabor. También se afirma que el ‘dulzor’ de la madera ayuda a contrarrestar el exceso de acidez que pueda tener la bebida.

 

La frase de hoy

“Que nun se manque naide”

 

El reto de la semana

¿Con qué alimento recién salido del horno -ahora también con la posibilidad de hacerlo sin gluten- acompañaremos un buen vino de Cangas servido en el cachu al brindar por la Virgen del Carmen al término de nuestro paseo de hoy?

 

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)