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Una palabra del muy viajero paseo anterior, dum-dum, trajo a la memoria del paseante su “primer contacto” con la India y la fascinación que le produjo la lectura de El libro de las tierras vírgenes, que así se titulaba la edición que cayó en sus manos de la obra de Kipling más conocida como Libro de la Selva.

Muchos años después tendría ocasión de visitar el país con ocasión de uno de los regalos más hermosos que jamás podrá recibir: acompañar a unos amigos a culminar una adopción, viajando con ellos a recoger a su nueva hija y hermana. Mumbai; Pune; Ahmenabad; Nadiad -y el inolvidable orfanato de Matruchhaya-; Nueva Delhi; Agra… dejaron en el ánimo del paseante momentos especiales y emociones tan intensas que acrecentaron aún más aquel ya lejano deslumbramiento infantil.

Como una forma de retornar allí, convirtamos el diccionario en nuestra particular alfombra voladora y paseemos, hoy de la mano de Nisha, Dipak, Edurne y Tomás, por cinco palabras que llegaron a nuestra lengua desde el lugar del que ya en el siglo XIII el poeta persa Amir Khusrau afirmaba que si había un paraíso sobre la Tierra, era ese.

mohúr.- Del urdu muhr y de su étimo persa muhr ‘sello’, emparentado morfológicamente con el sánscrito mudra ‘sello’. Se trata de una moneda de oro usada en la India y otros lugares a partir del siglo XVI. La que define el DRAE, con valor equivalente a quince rupias de plata, circuló entre 1835 y 1891, en que fue sustituida por el soberano como moneda de curso legal. No obstante, algunos principados no sometidos a la soberanía directa británica continuaron usándola hasta su adhesión a la India tras 1947. El Diccionario académico incorporó esta voz en 1914 –en traducción directa del diccionario Webster’s- en la forma mohur, sin tilde, no apareciendo la actual hasta 1956.

culi.- Del hindi y el telugu –lengua del grupo dravídico y uno de los seis idiomas designado clásico de la India por el Gobierno- kūlī ‘jornalero’, probablemente relacionado con el urdu ḳulī ‘esclavo, llegó a nuestro idioma a través del inglés coolie. Trabajador o criado indígena en la India, la China y otros países orientales. El Diccionario de americanismos recoge la grafía culí –haciéndola proceder también de la voz inglesa-, indicando que es utilizada en diversos países para referirse, en ocasiones con un matiz despectivo, a trabajadores o personas  inmigrantes o procedentes de la China o la India, así como a quienes presentan un aspecto similar a los nativos de la India.

madapolán.- Tejido de algodón de buena calidad con ligamento tafetán y de textura intermedia entre el calicó y el percal, más liso y fuerte que este. Se destina a blanco o a la estampación y se utiliza con preferencia para ropa interior. La palabra procede de Madapollam –del telugu Mādhavayya-pāḷemu ‘campamento, villa fortificada de Mādhava’, nombre de un barrio de la ciudad de Narsapur, en el estado indio de Andhra Pradesh, que antiguamente albergaba una de las oficinas comerciales de la East India Company y lugar en el que se empezó a elaborar esta tela. Encontramos  referencias a este tejido en la obras de dos grandes escritores que compartieron una intensa pasión: Pardo Bazán –Cuentos de Marineda– y Pérez Galdós –Fortunata y Jacinta-.

chori.- Una forma vulgar de denominar, tanto en masculino como en femenino, a un ratero, un ladronzuelo. Procede del caló chori y este a su vez del indio medio čora ‘ladrón’. En esta misma ‘familia’ el DRAE recoge también los términos choro, del caló choro, con el mismo origen indio; chorar, robar o hurtar algo, del caló chorar y este del indio medio čur; chorear, de choro, coloquialmente robar en Chile, Argentina y Perú; choreo, en Chile y también en sentido coloquial, acción y efecto de chorear; chorizo, derivado de chori, influido en su forma por chorizo –embutido-, aunque sin ninguna conexión con esta palabra homógrafa de origen incierto y sus derivadas chorizar y choricear, vulgarmente, robar; choriceo, en forma vulgar también, la acción y efecto de choricear; choricero, sinónimo de chorizo y chorizada, dicho o hecho propios de un chorizo.

catamarán.- Aunque el DRAE lleva como primera acepción la de embarcación de dos cascos unidos, generalmente de vela, el origen de esta palabra se encuentra en un tipo de balsa de troncos utilizada por los indígenas de la costa de Coromandel, en el sudeste de la India. Su uso estaba ya extendido entre los tamiles, habitantes de la zona, en el siglo V. El aventurero y corsario inglés William Dampier –la primera persona en circunnavegar el mundo tres veces- fue el primero en dar noticia en occidente de esta embarcación, en su obra Un nuevo viaje alrededor del mundo -1697-. Es vocablo que encuentra su origen precisamente en el inglés catamarán, del tamil kaṭṭa-maram, literalmente ‘madera atada’. Durante las Guerras Napoleónicas, los ingleses dieron el nombre de torpedo-catamarán a un ingenio explosivo en forma de cofre en equilibrio sobre dos flotadores de madera.

 La cita de hoy

“No quedó nada sin hacer, ni por parte del hombre ni por la de la naturaleza, para hacer de la India el país  más extraordinario que el sol ilumina cada día”

 Mark Twain

El reto de la semana

¿Con qué podríamos haber iluminado el último tramo de nuestro paseo de hoy si hubiera anochecido durante el mismo?

(La respuesta, como siempre, en la página de ‘Los retos’)